Columnistas
Alcalde Lozano, le llegó la hora de la verdad
La confirmación de los dos primeros casos de COVID-19 en Girardot, en menos de veinticuatro horas, desbordó todo tipo de reacciones en las redes sociales. La mayoría, con el ingrediente visceral que destila miedo, temor, odio, animadversión. O simpatía, cercanía, agradecimiento y en demasiados casos genuflexiones como actos reflejos.
Posiciones equivocadas en varios sentidos, como cuando el alcalde de la casi ciudad con una actitud altiva y soberbia en una de sus intervenciones subrayó que el virus no había llegado al municipio por su gestión efectiva. (¿Quiere decir entonces esta apreciación, que al haber dos casos reportados su gestión ha sido desacertada?).
Equivocado también decir que el alcalde es el culpable de la llegada del virus a esta casi ciudad por no haber mantenido el orden interno, calificándolo de «inepto y torpe». ¿Son los cientos de presidentes y alcaldes de todo el mundo a donde ha llegado el virus ineptos y torpes?
El enfoque de ambas posiciones es radical y extremo. No es cierto que la ausencia de reportes positivos de la enfermedad se debiera a la buena gestión de la alcaldía municipal. De manera seria pero desprovista de soberbia, advertí la necesidad de cerrar la ciudad antes del puente festivo del 23 de marzo (Día de San José). Y consecutivamente para la época de Semana Santa, que estaba a quince días. No se atendió.
La llegada de buses de manera indiscriminada, los controles insuficientes en la Terminal de Transporte, la tardanza en adoptar medidas como el Pico y Cédula fueron falencias evidentes y documentadas.
Las leyes de papel y tinta que advertían la severidad para quienes quisieran ingresar a la casi ciudad nunca se cumplieron. Grandes superficies y la carrera décima sirvieron de pasarela a una manada de seres apocalípticos que pisotearon el aislamiento atentando contra la vida de los girardoteños.
La permisividad y pereza de algunos auxiliares y agentes de la Policía Nacional, que como estatuas en bancos y supermercados dejan de verificar y controlar el Pico y Cédula, el distanciamiento en las filas o el comportamiento irresponsable en la atención del público.
Pero nada de lo anterior, manejado con inteligencia y oportunamente, hubiera hecho que el virus no llegara a Girardot. Realizar los controles con rigurosidad sí era una condición inaplazable y no negociable. Pero no de por sí un certificado inquebrantable de inmunidad. Era sencillamente cuestión de tiempo para que llegara; a mayores controles, más dificultad de contagio y propagación.
Lo que sucede es que el ser humano, por alguna razón que no es el momento de tratar, llega a la negación de su realidad aceptando mentiras o verdades a medias.
Cómo creer que se vive en una ciudad con cero casos de COVID, que se traduce de manera coloquial como que «no lo hay», cuando la Secretaría de Salud no ha hecho ni el 1% de las pruebas frente al total de la población del municipio, si han realizado aproximadamente 137. Estamos diciendo que de 92 766 residentes en Girardot no tenemos ni idea cuál es su verdadero estado de salud. ¿Con este antecedente estadístico real, puedo tranquilamente salir a decir, o creer que estoy en una ciudad con cero casos de COVID?
Que es la misma situación del país. Anoche el presidente, en su programa de telerrealidad que anima de lunes a viernes, señaló que a la fecha se han realizado 177 050 pruebas.
Pregunto: si la población de Colombia está estimada en 48.258.494 personas (censo de 2019) y por tanto el porcentaje de muestras es del 0.3668%, ¿debo creer que la curva se está aplanando y que «las felicitaciones internacionales por la manera de manejar la pandemia» tienen algún valor frente a esta realidad de a puño? Bueno, cada uno construye su imaginario y diseña su esquema de negación sobre realidades palpables.
Está escrito en infinidad de artículos científicos que el aislamiento debe estar acompañado, para que sea efectivo, de miles y miles de pruebas o test que determinen la cantidad de infectados. Así lo logró controlar Corea del Sur, y no obstante hace poco han vuelto a hablar de un rebrote. Ourworldindata establece categóricamente: « La prueba es nuestra ventana a la pandemia y cómo se está propagando. Sin datos sobre quién está infectado por el virus, no tenemos forma de entender la pandemia»*.
Pero regresemos al inicio. Como anulamos las dos posiciones, la arrogante y la visceral, y la realidad es una, solamente le queda al alcalde tener los pantalones amarrados exactamente en la cintura para estos tres puentes seguidos que ya llegan. (15, 22 y 29 de junio).
Vamos a conocer el talante exigente y rígido, o la posición blandengue y paternal del alcalde Francisco Lozano. Vamos a saber si realmente es la primera autoridad de la Policía Nacional del municipio, o si por el contrario son ellos, algunos con sobrevalorada autoestima, los que continuarán permitiendo el desorden y el acceso de personas extrañas a la casi ciudad.
Basta con escuchar las palabras del teniente coronel Luis Alfonso Suárez, comandante del Segundo Distrito de Policía de Girardot, para corroborar que en varias situaciones se ha actuado con baja exigencia, permisividad y laxitud: «[…] pues ahora sí en este momento yo creería que ya es algo más serio […] es el momento que podemos aprovechar para extremar más las medidas, […] muy posiblemente controlar más […] ya, digamos que habíamos tenido, digamos, mucha gabela, por decirlo así, y ya es el momento para extremar más las medidas de bioseguridad […]».
Y no me vengan a decir que toda la responsabilidad es del ciudadano, porque entonces, ¿cuál es la función de la policía en el control del orden público?
La suerte está echada, como lo dijo Cayo Julio César. Llegó el momento de comprobar qué nos depara el futuro en el tema de salud. Evitar el contagio no lo puede lograr ningún gobernante, es una responsabilidad individual y personal, pero controlar el ingreso a la casi ciudad de quienes llegan de uno de los sitios más afectadas por COVID-19, ¡sí! Bogotá al cierre del 15 de mayo tiene 5008 casos positivos.
Junio definirá para los girardoteños y su gobernante, realmente, ¡quién es quién!
*Negrillas son del autor.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Vamos a conocer el talante exigente y rígido, o la posición blandengue y paternal del alcalde Francisco Lozano. Vamos a saber si realmente es la primera autoridad de la Policía Nacional del municipio, o si por el contrario son ellos, algunos con sobrevalorada autoestima, los que continuarán permitiendo el desorden y el acceso de personas extrañas a la casi ciudad.