Columnistas
Girardot violenta
Extrañé que en los últimos días ni el alcalde de Girardot ni el gobernador de Cundinamarca celebraran uno de sus acostumbrados consejos de seguridad por lo acontecido la semana anterior, que no es más que la continuación de delitos de alto impacto que se convirtieron en parte del bosque seco tropical que es esta casi ciudad.
Hablo de los hechos más recientes divulgados por medios de comunicación local y nacional: la presunta desaparición de una mujer cuando llegaba a su lugar de residencia, y un hecho de sicariato en el barrio Las Quintas en Girardot.
Pero debo advertir que no hay ninguna intención amarillista ni sensacionalista en Las próximas líneas. No teñiré con colores llamativos el dolor de las personas ni revictimizaré, especulando o haciendo de una imagen de Pixabay el póster de la semana.
En cuanto al alcalde de la casi ciudad, Francisco Lozano, no pretendo hacer con él leña del árbol caído, (al fin y al cabo creo que ya hay construido un astillero), pero sí es necesario, para descartar los ambages, hacer un análisis serio sobre la inseguridad y sus planteamientos sesudos plasmados en su Plan de Desarrollo Municipal «Girardot es de todos», que con estadísticas reales, no pasan de ser demagogia de baratillo con el que nuevamente el electorado sinvergüenza cayó redondo y complaciente.
Las cámaras de vigilancia han sido un trapo rojo con el que se ha toreado toda clase de bestias. Pues las tiene incrustadas en su Plan de Desarrollo como una «necesidad imperiosa para la policía»; ha sido uno de sus predilectos comodines para hacer creer a un montón de ilusos que efectivamente las pondría a funcionar para protección de la comunidad. Pues hoy todavía no se conocen informes periódicos que señalen cuántas, en dónde y cómo se encuentran funcionando. En las páginas 38 y 190 del Plan de Desarrollo puede conocerse someramente sobre estos especímenes que al parecer son inalcanzables para este municipio.
El incremento del pie de fuerza también ha sido otro de los comodines que cada vez que se presenta una alerta de seguridad salta del sombrero del mago como el conejo blanco que aparece con las orejas largas, igualitas a las del burro. En la página 190 del mismo documento se afirma que, «sigue siendo una necesidad», considerando, según el documento, que la casi ciudad únicamente cuenta «[…] en la actualidad, con 179 policías […] 140 profesionales», y que prestan sus servicios con un personal «dividido en tres turnos». Y aunque el documento considera de alta relevancia el incremento poblacional del municipio para aumentar el «pie de fuerza idóneos» como lo señala en la página 190 del elocuente y fantasioso Plan de Desarrollo 2020-2023 «Girardot es de Todos», nada nuevo ha ocurrido.
Lozano se comprometió en este instrumento de gobierno nada más y nada menos que a «avanzar en la disminución de tasa de inseguridad» de manera precisa con lo que anteriormente mencionaba, incrementando el pie de fuerza y otras estrategias que no vale la pena mencionar en esta ocasión.
Mientras todo esto se encuentra escrito y hace parte de un acerbo infértil, estéril, con palabras muertas, valga la analogía, queda un discurso viejo y obsoleto que lo único que demuestra es el desinterés ayudado con un montón de incapacidad del gobierno local para combatir la delincuencia y los delitos de alto impacto.

¿Qué demuestran las estadísticas frente a la realidad? Una situación antagónica, traída de los cabellos, en las antípodas. Las cifras que publica el Observatorio de Seguridad y Convivencia Ciudadana, de la Secretaría de Gobierno de Cundinamarca, no permiten más eufemismos demagogos, ni evasivas, ni embestidas con los ojos cerrados para ver a qué le acierta, como ha venido este alcalde acostumbrando a la ciudadanía.
Según la gráfica número 11 que aparece en el Plan de Desarrollo y que tiene como fuente a la Policía Nacional (Pág. 191), se entrega una estadística de la ocurrencia en Girardot de 12 delitos de alto impacto social durante el 2019. La cotejamos con la estadística de la clasificación municipal por volumen y tasa, en la que Girardot ocupó entre enero y noviembre de 2022 el segundo puesto en tasa y el sexto lugar en volumen.
Aunque también hay que decir que en el ítem de lesiones en accidente de tránsito dudo mucho que se esté hablando de 11 casos en un año, es una cifra improbable, por no decir que equivocada.
En síntesis, según las fuentes consultadas, tampoco se han hecho avances significativos en seguridad ciudadana.
El 13 de octubre de 2021, en rueda de prensa el secretario de Gobierno de Cundinamarca dijo con acento fuerte: «Van a tener que esconderse, porque los vamos a perseguir sin cuartel». Después de esa advertencia, al parecer ha pasado mucha agua debajo del puente.
El 27 de febrero del 2022 en un juego de palabras ingenioso, el coronel Jorge Wilson Serna López dijo: «[…] a veces no solamente es pie de fuerza, sino fuerza en el pie», ¡será?
El 20 de agosto de 2022, va a hacer un año, el comandante del Distrito 2 de Policía de Girardot confirmó en rueda de prensa el incremento en los casos de homicidio, lesiones personales y hurto a personas, comparado en el mismo periodo del 2021.
Como se puede ver, no es necesario hacer leña del árbol caído, está demostrado que el astillero continúa abierto y recibiendo.
Adehala: ¿No se siente presencia de la Secretaría de Salud de Girardot? ¿También en vacaciones?
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Las cámaras de vigilancia han sido un trapo rojo con el que se ha toreado toda clase de bestias. Pues las tiene incrustadas en su Plan de Desarrollo como una «necesidad imperiosa para la policía»; ha sido uno de sus predilectos comodines para hacer creer a un montón de ilusos que efectivamente las pondría a funcionar para protección de la comunidad.