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¡Se quedó sin voz el alcalde Lozano!

¡Se quedó sin voz el alcalde Lozano!

No tengo ningún reparo en reconocer el valor civil y la entereza del exdirector del Instituto Municipal de Turismo, Cultura y Fomento (IMTCF) de Girardot, Víctor Torres, al denunciar públicamente lo que viene ocurriendo en esa entidad. Un acto que, al menos hasta ahora, ningún miembro de gabinete ha tenido la valentía de expresar.

Todas y todos los que han desfilado por los polvorientos pasajes de la Casa de la Cultura y el Coliseo de Ferias, disfrutando de las mieles del poder a medias, en lugar de denunciar las verdaderas razones por las que deciden presentar su carta de renuncia, o las posibles sospechas escondidas en gavetas y carpetas, terminan con un lacónico y sumiso comunicado en donde además de expresar un eterno agradecimiento por quien no merecería llamarse «jefe», guardan silencio, ahondando la crisis moral y administrativa de la casi ciudad, que en este cuatrienio se ha ramificado y recrudecido como una enfermedad terminal.

Han transcurrido más de cuatro meses y medio, desde noviembre del año pasado, durante los cuales el tema central es el Instituto con todas sus marañas, falacias, ambigüedades, artilugios, presunciones y sospechas.

Pero al exdirector del IMTCF, Víctor Torres, le bastaron únicamente 6 minutos y 36 segundos para, luego de auscultado, realizar una disección exacta de la precaria y mendigante situación que vive el Instituto.

Esa valentía de Torres, impensada pero oportuna, deja interrogantes. ¿Por qué todos los anteriores delegados del presidente del Instituto (que es el alcalde), no tuvieron la agudeza visual o la entereza moral para percatarse de lo que estaba sucediendo, actuando con verticalidad y transparencia por Girardot? Si lo vieron, ¿por qué no denunciaron? ¿Por qué las orejas gachas y el rabo entre las piernas? ¿Por qué pasaron por un ladito, olisqueando lo que presuntamente se cocinaba en su interior?

Después del comunicado del exfuncionario lo más importante, desde mi punto de vista, es que deja una alta probabilidad de que el alcalde Francisco Lozano se inmiscuye y toma partido en las decisiones que deberían ser del resorte del director general de la entidad.

Ese fue uno de los argumentos del concejal Jhonatan Gómez Parra para justificar como ponente la creación del cargo de director general, subrayando la importancia de tener una persona capaz de tomar las decisiones en el Instituto.

Entre tanto, le insistí varias veces que la creación del cargo no sería garantía, porque los alcaldes, sobre todo este, estarían entrometiéndose y manipulando al director para su beneficio propio.

Pues tengo que cobrar por ventanilla. El exfuncionario quiere «Dejar claro que mi salida se debe a que no quise acatar una orden directa del señor alcalde […]», como era pagar unos dineros correspondientes a servicios logísticos del Reinado Nacional del Turismo 2022, que, al parecer, tiene varias inconsistencias.

Situación totalmente en contravía con lo que se estableció en el Acuerdo 017 de 2004, con el que la Junta Municipal de Ferias y Exposiciones Agropecuarias de Girardot se transformó en el hoy, maltratado y humillado, IMTCF.

Esa transformación traía consigo un ente descentralizado, con personería jurídica, autonomía administrativa y patrimonio independiente. Lo que a través del tiempo ha degenerado en un sainete maloliente, en el que la pregunta principal es, ¿en dónde está la bolita?, que es  igual a decir, ¿en dónde está la platica?

Y cobrar por ventanilla significa, incluso, decir que en más de siete columnas de opinión que he escrito sobre el Instituto, he denunciado o desnudado debilidades e irregularidades, que, sin ser en principio hechos de corrupción, sí son señales inequívocas de pésima administración y falta de gestión.

En la columna titulada «¿Ha estado bien administrada la cultura y el turismo en Girardot?», hago énfasis en que a 12 de marzo de 2021 el Municipio debe al IMTCF $368 733 926 de Estampilla Procultura. 

Pues las cosas no han mejorado. Tres días atrás (28.03.2023) «la cantidad que adeuda el Municipio al IMTCF por concepto de estampilla pro-cultura es: $435.142.188.40 (sic)». ¡Es decir, $66 408 262.40 más, que hace dos años! Así lo confirmó a Plus Publicación su directora general, Yucely Rodríguez Casas.

Y sobre el impuesto de degüello y pesaje informó que «no se han cancelado las sumas de dinero correspondientes al Acuerdo de pago del 5 de febrero de 2021 suscrito entre el IMTCF y la empresa Ser Regionales». Que, si sumamos las cifras de ese convenio, que contiene otro del 2020, se puede estar hablando de algo así como $185 656 156; que incluye dineros pendientes de 2016 y 2017.

Víctor Torres de alguna manera lo ratifica cuando en su disección implacable dice: «[…] Ser Regionales no le gira, y se gasta de manera ilegal los recursos que recauda por concepto de Impuesto de Degüello, que le corresponden al Instituto, a riesgo de incurrir en una infracción penal» agravando, dice él, su aspecto financiero.

Lo anterior lo confirma la nueva directora al afirmar en su respuesta a un derecho de petición, que «El Instituto no recibe el pago del impuesto de degüello de ganado mayor desde el mes de septiembre de 2022». ¡Háganme el favor! 

Acierta el exfuncionario cuando afirma que esta situación ha contribuido «[…] a su deterioro (el del IMTCF), el cual ha llegado prácticamente a un punto insostenible y de no retorno». Tanto así, que tengo información no oficial de que a la fecha se debe un mes de sueldo.

Es como si premeditadamente, o por coincidencia, cada alcalde en su momento se hubiera propuesto desgastar el IMTCF con el fin de presentarlo como un ente débil e inviable, para terminar con él, arrinconando en la Secretaría de Educación las coordinaciones de Cultura y Turismo, y arrumar Fomento en el Datma. Algo parecido a lo que hicieron con la Secretaría de Tránsito y Transporte, al punto de endosársela a cualquiera.

Sin retractarme de mi columna en la que critico algunas posiciones, a mi parecer, equivocadas de Víctor Torres, aquí tengo que reconocer su valor para no permitir ser el escribano de Lozano, su utensilio, su lacayo, su mensajero con sueldo de ejecutivo; denunciando lo que era su deber hacer. (Independiente a por qué lo haya hecho).

Alguien tenía que poner al alcalde en su lugar, y fue quien menos se esperaba.

Mientras tanto, silencio absoluto en el quinto piso.

*Condecoración «Periodismo Vivo Antonio Nariño» 2023, Mejor Columna de Opinión.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.