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El monumento del IMTCF de Girardot, para la Semana Mayor

El monumento del  IMTCF de Girardot, para la Semana Mayor

Lo correcto es desear que a los funcionarios que responden por el destino de Girardot les vaya muy bien, para que a la casi ciudad le suceda igual.

Asimismo, lo que espera el girardoteño, al igual que cualquier colombiano promedio, es que las personas designadas por la primera autoridad de su localidad posean la experiencia y el bagaje que se necesita en el área en la que se van a desempeñar, para que el esfuerzo y el tiempo invertido en su escogencia, -cuando se hace de manera responsable-, no signifique un costo-beneficio negativo. Además, ni más faltaba, para que se ganen el dinero de sus honorarios o sueldos honestamente.

A qué viene esta simple reflexión. Tiene que ver con el desempeño del director general del Instituto Municipal de Turismo, Cultura y Fomento (IMTCF), y aquellos que supuestamente trabajan por el turismo y la cultura de la casi ciudad como contratistas (con algunas excepciones).

Desde que se planteó en el Concejo Municipal el Proyecto de Acuerdo que abría un poco más el desagüe del IMTCF con la creación del cargo de director general, di a conocer al concejal ponente y a Saida Gálvez Fernández, en una mesa de trabajo que propicié con ellos, la inconveniencia de ese nuevo cargo, ya que es un craso error facilista pretender explicar y solucionar la ineficacia e ineficiencia del Instituto con la creación de un cargo ejecutivo como este, imagino remunerado con un alto monto salarial.

El asunto tiene más de fondo que de forma, como lo demostré de manera sucinta en la columna de opinión titulada, «¿Ha estado bien administrada la cultura y el turismo en Girardot?». Por eso me opuse desde un principio en la aprobación del Proyecto, mucho antes de que se supiera que Alex Castellanos Lugo sería el director general del IMTCF de la casi ciudad.

Pero una vez el ojo afuera, ¿qué más quedaba? Esperar que, al funcionario elegido, el que fuera, le acabara de ir muy bien, por supuesto, poseedor de las capacidades profesionales y morales convenientes para asumir con responsabilidad sus funciones.

En este orden de ideas, y pensando con ecuanimidad, nadie podría esperar que en el término de tres meses y un poco más, los resultados del nuevo director fueran sorprendentes, sobresalientes. Menos cuando, al parecer, los problemas de cartera continúan a la orden del día, como de costumbre en los últimos seis años o más. Extra oficialmente me hablan de una cartera no recuperada cercana a los trescientos millones de pesos.

Precisamente por eso nadie bien intencionado pretendería proyectos macros, súper ambiciosos, exageradamente brillantes. Sería demasiado pedir.

Pero sí pasos elementales, de primerizo, que no demanden análisis ni cálculos exactos; que no exijan una profusa matriz de posibilidades; ni diagramas de flujos, ni conceptuales, ni siquiera sinópticos, ¡nada que exija esfuerzo! No es mucho pedir.

Algo que no demande la qué plata, la qué inversión, la qué licitación.

Y esto lo digo, porque todavía ayer Martes Santo, antes del mediodía, el desvencijado, desteñido, marchito, ofensivo «mapa turístico» ubicado en el parque Bolívar de la casi ciudad, literalmente se caía a pedazos. Es la demostración innegable de la falta de respeto del IMTCF, no solamente hacia una tradición turística, que, aunque mentirosa, se repite a diario, sino hacia los habitantes y comerciantes de esta tierra, que lo mínimo que pueden esperar es que se haga lo necesario por parte del director general y su equipo para que la economía no se debilite porque el destino no es atractivo para el turista, y se corra el riesgo de que en el próximo puente festivo cambie de dirección. ¡Porque destinos turísticos son los que sobran en el país!

Y que no vengan a decir que es un imprevisto. El deterioro del «mapa turístico» era evidente desde meses atrás. La primera fotografía es del 25 de octubre de 2021, cuando ya pedía a gritos un cambio; la segunda que aparece en esta columna corresponde al Martes Santo (12.04.2022) a las 9:30 de la mañana.

Seis meses después, desde la primer toma fotográfica, ni asesores, coordinadores de turismo y cultura, ni al director general (en el corto tiempo que lleva),  se les hizo importante al menos desmontar ese adefesio, que, si se descuidan los girardoteños, mañana será uno de los exóticos y modernos atractivos turísticos de la casi ciudad. ¿O por qué no?, un sagrado monumento para visitar en esta Semana Mayor.

Pretextos como que nos encontramos en pandemia, no hay presupuesto, estamos en el tema contractual, se quedan sin piso. La única explicación que resulta de todo esto es que no les interesa en lo más mínimo la imagen que pueda mostrar Girardot ante los ojos de los visitantes en plena «temporada alta». Así ocurrió con el reloj invisible en la entrada a la ciudad sin las acacias, que permaneció por más de año y medio mostrando pobreza y abandono a la vista del público. Mientras nuestro vecino, Ricaurte, se engalanaba con lujos.

Hay que preguntarle a Luis Jaime Hernández, al parecer el responsable de Turismo en Girardot, qué dificultad ha tenido para retirar del parque Bolívar esta vergüenza pública; preguntarle a Alex Castellanos Lugo, si con las responsabilidades asumidas para su cargo, esto es tan insignificante que no merece su atención. De los demás, ni para qué hablar.

El turismo y la cultura continuarán al garete porque se sigue conduciendo con ideas caducas, obsoletas, reencauchadas, con calzonarias y corbatín. Desoyendo sugerencias, menospreciando el Consejo de Cultura, ignorando la Política Pública de Turismo, desplazándola con desprecio.

Hoy en día hay especializaciones en Gestión del Turismo, en Gerencia Turística, en Mercadeo de Servicios Turísticos, maestrías en Turismo, que obligan a desechar el empirismo y la improvisación. ¡La manera de hacer turismo y cultura como hace cien años ha cambiado!

¿En manos de quiénes está la cultura y el turismo de la casi ciudad?  Es la pregunta de los últimos veinte años.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.