Columnistas
La decadencia de Girardot (Cuarta parte)
“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad” Bertolt Brecht.
Don Miguel de Cervantes, disculpe usted por atreverme a compartir esta pequeña historia (biografía), que como su poca conocida pero maravillosa obra, «El celoso extremeño», la que narro a continuación tiene como protagonista a un personaje del villorrio, que por sus andanzas y camuflajes, los amables lectores conoceréis.
-Gil-dardo: Voy a contarles la más reciente historia del reino del Mohán.
-Inocencia: Estaremos atentos a su narración.
-Gil-dardo: En los últimos diez años se ha conocido un personaje al que le salió cola de lagarto y lengua de don Juan.
-Inocencio: Rara especie. ¿Y cómo se adaptó al reino del Mohán?
-Gil-dardo: Gracias a su cola de lagarto se arrastraba cerca a personas influyentes social y políticamente.
-Inocencio: ¿Y no los asustaba?
-Gil-dardo: No. Se ganaba su confianza gracias a su condición de reptil, cabeza pequeña y sangre fría.
-Inocencio: ¿Y eso pa´qué le servía?
-Gil-dardo: Pues, para ubicarse bien en alguna rama.
-Inocencio: ¿Ramas? ¿Cómo así?
-Gil-dardo: Se acercaba a las damas, así no fueran de su especie.
-Inocencio: Venga, venga…no entiendo…
-Gil-dardo: Ponga cuidado. El pequeño lagarto sufrió una metamorfosis y se convirtió en camaleón.
-Inocencio: ¿Y?
-Gil-dardo: Seguía siendo un reptil y se acomodaba en la rama que más le convenía.
-Inocencio: ¿Y le convenía pa´qué?
-Gil-dardo: Para conocer damas y acercarse a sus familias, ganándose su confianza.
-Inocencio: ¡No entiendo!
-Gil-dardo: Muy sencillo. Una vez conquistada la dama y ganada la confianza de la familia…
-Inocencio: ¿Qué pasaba?
-Gil-dardo: Pues trepaba por las ramas, en busca de buenas posiciones y buenos frutos.
-Inocencio: ¿Y qué pasaba con las damas?
-Gil-dardo: Sencillo. Cuando lograba su objetivo cambiaba de árbol.
-Inocencio: Por favor, cuenta más rápido.
-Gil-dardo: Listo. Fueron pasando los años, y el reptil se movía por bosques de hospitales, bosques de edificios públicos, y fue aprendiendo a alimentarse de lo público y a asimilar mañas.
Inocencio: ¿Y creció el lagartico?
-Gil-dardo: ¡Claro que sí! Le creció su ego, su malicia, su soberbia, su poder; pero sobre todo su codicia y el círculo de aduladores. Y se convirtió en alumno adelantado de Maquiavelo.
-Inocencio: ¿Y todavía cambia de color el camaleón?
-Gil-dardo: Es un actor, te pone la cara que quieres ver. Te hace la voz que quieres escuchar, te produce la risa que quieres sentir, y las lágrimas le brotan cuando necesita que tu llores con él o por él.
-Inocencio: ¿Camaleón o actor?
-Gil-dardo: Donde y ante quien necesite actuar; simplemente se transforma y asume el papel que más le conviene.
-Inocencio: ¿Transformarse es como disfrazarse?
-Gil-dardo: Qué bien Inocencio. ¡Sí señor! Se disfraza de Pinocho. Hace poco representó en un video a La Pobre Viejecita, sin nadita que comer. Casita de paja, motico pequeñita, y humilde casco pa´poner. La víctimas que todos debemos socorrer. ¡Ja, ja, ja!
Pero el que se pone con mayor frecuencia es el de Pastorcito Mentiroso, que inclusive está adaptando para su nuevo papel cristiano. ¿Comprende hermano?
-Inocencio: ¿Hermano? Estoy tratando de entender y usted vuelve y cambia de árbol.
-Gil-dardo: Yo no, el camaleón. Eso es como si se cambiara de ropa cinco o seis veces al día.
-Inocencio: Ahora es ropa.
-Gil-dardo: El camaleón se viste según la ocasión. Perdón, se disfraza; asume el papel que le conviene representar para sus propósitos lograr.
-Inocencio: Cómo enreda la historia del man, ¿o es Mohán?
-Gil-dardo: El camaleón se disfrazó de Hombre Araña y lleva añitos tejiendo la red, en la cual a futuro no muy lejano, él mismo caerá atrapado.
-Inocencio: ¿Está por acabar la historia?
-Gil-dardo: Será tan irreversible y emocionante que me adelanté. Disculpe usted y sus congéneres.
-Inocencio: ¿Con…...qué?
-Gildardo: Congéneres. Son sectores, grupos o personas “que son influenciables y manipulados” por vendedores de ilusiones o falsos profetas, o dígase politiqueros. Esos congéneres pertenecen al grupo de los pusilánimes.
-Inocencio: Pusi… ¿qué?
-Gil-dardo: Pusilánime, “personas que muestran poco ánimo y valor, para enfrentarse a peligros o dificultades”.
-Inocencio: O sea que debemos reaccionar ante los embaucadores, fariseos, cuyas palabras y disfraces están basados en la mentira, el engaño, el falso abrazo y la hipócrita sonrisa.
-Gil-dardo: ¡Huy, don Inocencio!, me conmueve su análisis. ¡Bravo!
Es la hora de que reaccionemos y actuemos, el villorrio nos lo reclama. ¡Primero Girardot!
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
-Gil-dardo: ¡Claro que sí! Le creció su ego, su malicia, su soberbia, su poder; pero sobre todo su codicia y el círculo de aduladores. Y se convirtió en alumno adelantado de Maquiavelo.