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Iglesia cristiana, gobierno y participación

Iglesia cristiana, gobierno y participación

El pasado 7 de agosto comenzamos un nuevo mandato presidencial por parte del Centro Democrático; y me refiero a este partido y no a su fundador ni al posesionado Iván Duque.

Porque bien claro lo dejó esa noche la senadora Paloma Valencia al burlarse de Marta Lucía Ramírez cuando dijo en la celebración privada que “…Una cosa es el gobierno y otra cosa es el Centro Democrático”, como se ve en el video de Noticias UNO del mismo día; lo que parece confirmar el discurso del senador Ernesto Macías, censurado por muchos, pero aplaudido por sus correligionarios.

De los vientos de reconciliación que habla Duque, solo nos consta que dentro del partido del que surgió su candidatura no se han desarmado los espíritus; lo oímos en cada intervención pública de sus congresistas.

Por otro lado Alberto Carrasquilla  como ministro de Hacienda muestra un criterio contrario al del presidente respecto a impuestos y canasta familiar, verbigracia el proyecto de Ley de Financiamiento.  Mientras que el ministro de defensa, Guillermo Botero, desaprueba la protesta social de la cual el primer mandatario conceptúa que es inherente a la democracia. Pero de este tema se ocupan todos los días entendidos en la materia, motivo por el cual me centraré en otro que llama mi atención: El papel que juega la Iglesia cristiana dentro de ese caldo de cultivo político.

Porque el reconocimiento de parte del gobierno por los votos que le valieron triunfos, desde el plebiscito, a la derecha, no se ha hecho visible; se habló de instalar a Vivian Morales como embajadora en Francia, y solo hasta el pasado miércoles 31 de octubre fue real su nombramiento.

Esto me hace recordar que Vivian Morales tras renunciar a su candidatura presidencial, al adherir a la de Iván Duque, en una carta invitó a  las distintas congregaciones cristianas a depositar su voto por él; invitación que no fue de buen recibo por todo el mundo cristiano, como lo hizo saber el reverendo MILCIADES PUA G. Pastor presbiteriano, argumentando que “…los políticos no reconocen ni valoran a la Iglesia evangélica ni a sus líderes y feligreses, considerados únicamente como medio para sus fines”.

Tristemente, retomando esta perspectiva, podríamos decir que la Iglesia cristiana evangélica sigue siendo discriminada en el ámbito político y social como líder religiosa o espiritual. Así lo entendí, cuando en el minuto 24 del discurso de posesión dijo Duque que para revisar las conversaciones entre el gobierno anterior y el ELN tras estos 19 o 20 meses, convocaría a las Naciones Unidas y a la Iglesia católica como garantes del proceso. ¿Es que no les reconoce estatura intelectual, política ni espiritual a las cabezas de Colombia Justa y Libre? ¿O a los de Mira o cualquiera de aquellas que hicieron notar su caudal electoral tanto en el plebiscito como en las siguientes rondas electorales?

Independiente de la amistad personal que puedan tener algunos pastores con cabezas visibles de la política, nunca le he visto a la sociedad colombiana ni a los políticos ningún respeto por estas congregaciones. En esa época preelectoral distintas Iglesias que acogieron esa invitación, adujeron designios divinos, o apelaron a identidad doctrinal del candidato con la fe cristiana y hasta fotos de este reunido con pastores en “actitud piadosa” se publicaron con esta finalidad, pero hasta ahí llega la importancia y el papel de los cristianos en el ambiente político del país.

Ningún ascendiente como reserva moral.  ¿Y es que no es suficiente que en Colombia la Constitución Política consagre en el artículo 29 la libertad de culto para que opere también una democracia religiosa donde los líderes de las diferentes vertientes tomen asiento como autoridades espirituales de la nación? ¿O es que debemos entender que el Dios que se invoca en el preámbulo de la Constitución para la protección del pueblo colombiano tiene una denominación específica?

Si hasta pareciera que esta publicidad electorera hubiese sido vergonzante para los políticos de la derecha, porque al día siguiente ratificaban en los medios de comunicación su fe católica, como desmarcándose de cualquier compromiso espiritual frente a la Iglesia cristiana evangélica.  No quiero con esto significar que sea mejor una doctrina que la otra, sino que es censurable la manipulación que unos y otros líderes, no todos los pastores, hacen de las convicciones convirtiendo a los fieles en “población electoralmente cautiva”.

Estimar que la representación espiritual del país radica solo en la Iglesia católica nos hace retroceder hasta épocas ignominiosas de nuestra historia, que encierra capítulos tan oscuros como los de las Cruzadas, la Inquisición o de la colonización de América. Creo que tanta solvencia moral, espiritual, ética e intelectual existe en los ministros de las diferentes congregaciones, como para que se persista en actuar como si nos guiara la Constitución de 1886.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.