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El pastorcito (II Parte)
Si usted, Sancho, considera que ha cabalgado demasiado por senderos, veredas, montañas y llanuras, soportando inclemencia, vicisitudes, escasez de posadas y alimento, pues llegó la hora de hacer un alto en el camino.
¿Ve usted a la distancia ese ejército de molinos? Unamos de nuevo nuestras fuerzas, preparémonos para la grata batalla contra esos usurpadores del progreso; contra esos parásitos de los buenos vientos que han gobernado en contravía de los peregrinos, que de manera pacífica, inocente, creyeron sus propuestas de mejorar para crecer el pequeño reino del Yuma.
Pero sí Sancho, crecieron. Crecieron sus patrimonios, y pretenden hacer prevalecer sus intereses y apetitos voraces por sobre la comunidad en general.
Debemos liberarnos de la manipulación de unos pocos, de la corrupción, las componendas; las mentiras de aquellos que con «habladito» conciliador, pastoril, de ojos caídos, brazos levantados al firmamento, pretenden no solo mostrarse arrepentidos, sino inocentes. Los mansos corderos.
Tienen dotes histriónicas, lo que les permite adoptar la figura del camaleón y así aparecer disfrazados según la ocasión. No cambian en el fondo, solo en la forma de aparecer y hacer su acto en reuniones de adultos mayores, de discapacitados, víctimas, desplazados, grupos de trabajadores honestos, grupos de oración, de jóvenes, niños…en fin. Hasta en bicicleta montan; es tan estudiada su transfiguración que a veces suenan repetidos, maestro discípulo.
El desespero o la confianza que cree poseer el maestro patrón, le ha llevado infructuosamente a ofrecer su odiado respaldo a más de un aspirante; actuando generoso en reconocerle bondades y argumentos al interlocutor de turno, para que estudie la posibilidad de ser candidato y contar con su «irrestricto» apoyo político pero no económico.
Porque el pobre pastorcito solo tiene ovejas qué cuidar y no plata pa´ gastar en aspirantes; aventura, y sin peso en la cola.
Por más maquiavélico no alcanzará a mantener el poder en cuerpo ajeno. Hace cuentas, saca promedios y considera tener un capital de votos. (Del otro capital, si sabe cuánto aún le queda).
Pero volvamos a los votos, considera él, y trae a su mente, para darse ánimo, auto- estimularse, una frase célebre de García Márquez: «Los colombianos somos un pueblo sin memoria»; y el villorrio del Yuma queda en Colombia, dice él.
Pero Sancho, en el villorrio del Yuma vamos a dar ejemplo de no olvidar. Tendremos presente y estaremos atentos a los llamados desesperados a los ciudadanos de bien por parte del pastorcito mentiroso, para que lo libren de los lobos que solo en su perversa mente existen.
«Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura, ni utopía, sino justicia».
Comencemos por el villorrio del Yuma, «donde hace algún tiempo florecían por montón bellos acacios, en robustos troncos y de flores rojas». Construyamos barreras solidarias para no volver a permitir, jamás, que regrese el pastorcito, por interpuesta persona, a la quinta rama; que nunca, pero nunca, debió acogerlo con su sombra y alto costo que ha pagado el villorrio del Yuma.
No es medible todo lo que ha perdido la provincia por el actuar de personajes siniestros.
- Pancho, no más de lo mismo.
- Así debe ser, ingenioso Hidalgo.
Ciudadanas y ciudadanos, pendientes y actuantes. ¡Hoy no se debe beber el agua que ofrecen falsos samaritanos!
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Debemos liberarnos de la manipulación de unos pocos, de la corrupción, las componendas; las mentiras de aquellos que con «habladito» conciliador, pastoril, de ojos caídos, brazos levantados al firmamento, pretenden no solo mostrarse arrepentidos, sino inocentes. Los mansos corderos.