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Un ambiente nuevo para el 2019

Un ambiente nuevo para el 2019

¡Se nos pasó volando el año!, venimos exclamando hace ya varios lustros y cada vez parece más rápido el correr de los días. Y henos aquí de nuevo frente a rendiciones de cuentas, balances, festejos, predicciones y propósitos para el nuevo año.

Sea esta entonces la oportunidad para hacernos un plan, a partir de hoy, durante los 365 días, desde nuestro hogar, por un año más: celebrar la vida… proteger el medio ambiente, la fauna, la flora, nuestra biodiversidad.

Enfrentamos otra vez el fenómeno de El Niño, que será así año tras año gracias al cambio climático; esto nos impone el deber de cuidar el medio ambiente del cual hacemos parte junto con los demás seres vivos, sin olvidar que los animales son nuestra responsabilidad. Y debemos cuidarlo además por una razón de peso: de allí provienen nuestros recursos naturales, renovables y no renovables.  Cuando reciclamos, cuidamos el medio ambiente, estamos dándole salud, vitalidad a la naturaleza y a nosotros mismos.

Seguramente habrá muchas formas de cuidar nuestro entorno biológico y serán muchas las cargas que le correspondan a otros…al vecino, al gobierno, a los diferentes estados y por qué no, a la geopolítica internacional.  Pero la invitación es a que cada uno de nosotros, tomando a las hormigas como ejemplo, cumpla su parte, permanentemente, sin cansarse, en la casa, para que  esos  seres “sintientes”, algunos propios de nuestra cadena alimenticia, no sufran el abuso depredador de siglos que inclusive ha extinguido especies, sino disfruten nuestro respeto y cuidado responsable.

Creo que la primera tarea, práctica, asequible y directa es proteger a los animales de los desechos plásticos. El plástico se ha convertido en un enemigo de la fauna terrestre, acuática y aérea; y para ello debemos seguir con empeño reciclando, porque desafortunadamente estos residuos llegan siempre a los ríos y al océano.

Debemos ser menos automáticos a la hora de tirar los desechos en los almacenamientos dispuestos para ellos en los sitios públicos; nunca he entendido por qué se lanza una cáscara de banano entre los plásticos o papeles, ni papel periódico en los orgánicos, ni restos de comida entre el vidrio. Allí no estamos haciendo nada; no estamos reciclando, solo deshaciéndonos de lo que nos estorba.  

Dantescas imágenes en internet nos muestran distintos ejemplos de muerte lenta y tortuosa de los animales, víctimas de desechos plásticos.  Por ejemplo un zorro con su cabeza incrustada en un tarro al buscar alimento, a punto de morir; o la de la tortuga atorada con una bolsa plástica que le impide comer y también respirar, otra que se retuerce del dolor por un pitillo, pajilla o sorbete incrustado en una fosa nasal.   Ellas sufren por causa de cordeles plásticos para amarrar, nylon, redes de pesca, cuerdas de cometas y globos; de hecho el 4 de febrero de 2017 conocimos de una ballena varada en las playas de Noruega a la que debieron sacrificar los científicos porque no encontraban la causa de su enfermedad, hallando posteriormente en su estómago 30 bolsas plásticas que la llevaron a ese desenlace fatal por inanición. Inclusive, el plancton en el fondo del mar está contaminado de micropartículas plásticas que son ingeridas o absorbidas por los llamados animales filtrantes como langostinos, mejillones, ostras, almejas y muchos más. Y esa acumulación de plástico acumula sus toxinas, las que produce el propio mar aumentando el perjuicio al medio ambiente. 

Pero esa catástrofe no es solo en el mar: en la India mueren por causa del plástico las vacas sagradas, en Dubai los dromedarios, en Bostwana los elefantes africanos y en Arizona y montañas de California, el cóndor californiano.

Invitémonos entonces a reciclar y comprometamos a nuestros familiares, amigos y conocidos en la tarea, porque esta debe continuar.

Ya es un logro que empezáramos a prescindir de las bolsas innecesarias en el supermercado y a llevar las reutilizables o las de tela; de ahí nuestra satisfacción de ver como muchas personas responden con un sonoro NO a la pregunta:” ¿Le facturo bolsa?”.

Y podemos avanzar más, evitando los plásticos desechables o los llamados “plásticos de un solo uso”, como vasos, cubiertos, platos, que a veces por una mezquina comodidad se usan para reuniones sociales, domicilios, para no lavar los utensilios de loza, de vidrio o de metal.

El plástico o polímero procede de resinas de origen vegetal como carbón, celulosa o derivados del almidón, mientras otros son derivados del petróleo, los que pueden demorar 1.000 años en degradarse; los derivados del petróleo son más populares y de mayor consumo dado que su producción es más fácil y menos costosa, extendiendo su uso a productos desechables como recipientes para alimentación, bolsas de basura y todo tipo de empaques y envases industriales, los que por nuestra falta de cultura sanitaria van a parar a bosques, ríos y océanos, demorando también 1.000 años en degradarse, por lo que es mejor opción el cartón, no así el icopor que jamás se degrada y tiene alto poder de perjudicar la salud por la cantidad y calidad de químicos que lo componen.

El reciclaje es el primer eslabón de una cadena industrial que permite también reciclar vidrio, aluminio,  acero, baterías de autos, papel, desechos electrónicos, etc. Lo primordial del reciclaje es en primer lugar la virtud de salvar vidas y en segundo lugar, que por sí solo constituye una empresa que puede nutrir a otras con insumos que generan nuevos productos, de ahí la importancia de adoptar este hábito benéfico y saludable.

No agreguemos a las tragedias climáticas nuestra desidia e irresponsabilidad. Millones de animales a lo largo y ancho del planeta son atrapados por desechos plásticos, los ingieren, se intoxican o se asfixian muriendo inexorablemente. Mientras Suiza, Japón y otros países reciclan el 80% de sus desechos, nosotros solo alcanzamos un 17%, de modo que nuestra tarea debe continuar, porque salvamos vidas, protegemos la salud, propendemos por la industria, generamos empleo y libramos la tierra, los ríos y océanos de contaminación.

Según Naciones Unidas, 8 millones de toneladas de desechos plásticos llegan al océano cada año y nosotros podemos evitarlo.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.