Columnistas
Salto del Tequendama: ancestralidad, lucha e inspiración
Dentro de nuestros pueblos, regiones, veredas o ciudades, existen variedad de mitos y leyendas que nos adentran a entender un poco más la historia; la tradición oral se ha encargado de no dejar morir tan fabulosos sucesos, cada uno ha de ser parte fundamental del crecimiento y formación de culturas en Colombia.
Y dentro de estos sucesos encontré uno de tantas que embarcan todas estas características, un municipio llamado San Antonio del Tequendama, Cundinamarca, o conocido también como “El salto del Tequendama”, un espacio lleno de naturaleza, riqueza ambiental, misterio e historia ancestral.
Hablar sobre la creación del mundo despliega múltiples creencias, existen infinidad de pensamientos devotos hacia algo o alguien que para bien o mal brinda cierta confianza a las personas en su cotidianidad y en diferentes aspectos de su vida. Es por ello que me remonto a una mítica historia, hablo de Bachué y su pequeño acompañante Qhuzha, quienes como primeros pobladores de la tierra aprendieron diferentes habilidades para vivir de ella.
Habilidades que transmitieron a sus hijos los Muiscas; una vez plantados sus conocimientos, los padres Bachué y su acompañante partieron hacia otro lugar a seguir poblando y educando a sus hijos. Una noche, en las tierras tranquilas y armoniosas de los Muiscas cayó la oscuridad, llegó Chía y sembró el mal, por ende uno de los primeros jefes o ‘saque lideró la tribu Muisca y trajo consigo el mal, implantó la magia negra, la esclavitud y la perversión… Él, al notar que una tormenta se avecinaba abandonó la tribu, dejando a los Muiscas en el caos.
La sabana de Bogotá se inundó por la tormenta, tormenta desatada por el dios de la tierra quien furioso por tanta corrupción los castigó; entre tantos lamentos, los Muiscas pidieron ayuda a Bochica, su dios benefactor, quien se apiadó de ellos y los ayudó, así, creando el Salto del Tequendama para liberarlos del agua. Bochica plantó grandes habilidades en los Muiscas, entre tantas, también regaló la semilla de la nueva era, el maíz... Y a Chía la enfrentó, condenándola a iluminar la noche.

Sin duda, me parece una historia fascinante que indagando un poco más, tiene demasiada sabiduría indígena que en la actualidad nos caería muy bien, más sin embargó el respeto y la admiración por el caudal de 157 metros de altura estaba durante mucho tiempo desprotegido por la Nación. Hoy en día y después de muchos años de lucha, se logró la protección del Salto, el Ministerio de Ambiente lo declaró patrimonio cultural y el Ministerio de Cultura, incluir la casa Museo como bien de interés cultural.
Yo tuve la oportunidad de visitar la casa Museo y la labor que hacen es muy buena. Es ingresar a un recorrido guiado de las especies que habitan allí y del transcurso que lleva hasta el momento la limpieza del río Bogotá, los mapas, las guías, los objetivos, la historia del ferrocarril, nos hacen comprender la riqueza natural y cultural de este sitio; las personas pueden llegar al Salto por altos estigmas como son los sucesos paranormales y “mágicos”, pero aseguro que hay mucho más que eso.
Considerada como la guardiana del Salto del Tequendama, Maria Victoria Blanco, después de 25 años logró la protección de este magnífico sitio, de la mano de expertos y días de lucha. Su amor y entrega nos inspira a interesarnos por nuestro habitat.
Son procesos que tienen agradecimientos sin caducidad. Lo que se percibe en el San Antonio de Tequendama no es más que un reflejo de las acciones de los seres humanos, como lo son los olores fuertes. Siempre ha sido el momento de que se cambien las caras, de que estas percepciones no sean el “¡uy sí, lástima!”, al “somos los responsables”.
¿Qué hacemos? conozca más del Salto, conozca los procesos, qué se está haciendo, cómo hacerlo y para qué sirve.
Foto: Minambiente.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Considerada como la guardiana del Salto de Tequendama, Maria Victoria Blanco, después de 25 años logró la protección de este magnífico sitio, de la mano de expertos y días de lucha. Su amor y entrega nos inspira a interesarnos por nuestra habitat.