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Pobreza extrema la del Sisbén en Girardot
Ya hace más de una semana que en el Concejo de Girardot algunos ánimos se caldearon dando paso a un desfile de egos recalcitrantes, voces altisonantes, posiciones radicales, amenazas enardecidas, que al final no terminaron en ningún aporte para el empobrecido y mal vestido Sisbén de la casi ciudad.
Parece ser que no agradó en lo más mínimo que su administrador, el economista Luis Carlos Ángel Gómez respondiera en tono in crescendo algunas preguntas que para él pudieron ser ofensivas y provocadoras, sobre todo cuando se le insinuó que en la oficina que dirige había «un negocio que tienen ahí los vigilantes, los funcionarios […]» con las fichas para ingresar. Fue aquí cuando se formó la de Troya.
Como consecuencia aparecieron por los cuatro flancos ataques directos y sin reparo contra Luis Carlos, endilgándole sobre todo malas relaciones con los usuarios, traducido en pocas palabras en irrespeto a la comunidad y menoscabo a su dignidad, palabras más, palabras menos de dos o tres cabildantes.
Y tengo que traerlo después de ocho días a colación porque es que a la opinión pública se le ha acostumbrado a vivir de escándalos y hechos exuberantes que duran menos de veinticuatro horas, para amanecer al día siguiente con otra historia que atraerá cientos de likes pero sin haberse aclarado ni resuelto la anterior.
Exactamente eso fue lo que sucedió aquel miércoles 21 de abril. Las rabias, los improperios, la danza vulgar de egos, los «igualados y desigualados», disimularon, ¡qué digo disimular¡, desaparecieron situaciones complejas al interior del Sisbén en Girardot, que precisamente era allí, en el sala del Concejo municipal, en donde tenían que surtirse y encontrar conjuntamente alguna solución.
Cómo negar que es importante el buen genio y la actitud de servicio con la que atiende la cabeza principal de la oficina, pero no podía este único tema robarse el espectáculo y el protagonismo disimulando, váyase a saber si adrede o no, una serie de inconsistencias, posibles delitos, necesidades, urgencias, que no podían ni pueden esperar.

Se denunció, por ejemplo, por parte del presidente del Concejo, Juan Carlos Ortiz, que una exfuncionaria de la Alcaldía aparece en Sisbén IV clasificada en B6, desde cuando se realizó la encuesta en el 2019. Después de esto, nadie habló sobre el tema. Nadie mencionó compulsar copias a algún ente de vigilancia para denunciar el hecho. A nadie le pareció grave la denuncia del presidente y entonces, ¡aquí no pasó nada!
De lo más leve que mencionó Ángel Gómez respecto a la operatividad de la oficina, está la carencia de tinta para las impresoras y el daño permanente de estas; que no tiene un software apropiado para administrar toda la información que comparte con el Departamento Nacional de Planeación (DNP), pero eso no importó.
Eso, la carencia de insumos para prestar un buen servicio a las clases menos favorecidas, no le importó a quienes reclamaron el respeto para ellos. Y no es que tuvieran que emprender una campaña de totuma en la sesión para solucionar el problema. Pero si existe la cercanía suficiente con el Alcalde Lozano para solicitarle la renuncia del administrador del Sisbén, ¿porque no aprovecharla para gestionar recursos que cubran las necesidades materiales y logísticas del Sisbén Girardot, que en últimas es para beneficiar a los más «pobres» de la casi ciudad?
Que la oficina no tiene un solo teléfono para que la comunidad se comunique y pueda despejar sus inquietudes pasó inadvertido.
Luis Carlos Ángel Gómez lanzó una alerta que en otros municipios seguramente hubiera hecho reaccionar a la mayoría: un problema social que es muy grande, según sus propias palabras. Asegura que 8000 personas que no pertenecen a Girardot están llegando por desplazamiento o como víctimas del conflicto armado, (aunque en teoría ya no hay conflicto armado en Colombia) ocupando puestos o cupos que podrían ser para girardoteños.
Advirtió que mientras en los últimos dieciocho meses ha atendido de 4000 a 5000 personas que se encuentran en la base de datos de la casi ciudad, ha llegado un promedio de 8000 personas desde otros lugares de Colombia identificadas como población especial. Tampoco aquí, los que reclamaban respeto hacia la comunidad se despelucaron ni plantearon soluciones para encontrar la manera de que esos dineros, demasiado por cierto, no termine en manos de foráneos.
Preocupado y solidarizándome con quienes intervinieron en el Concejo y se mostraron indignados y molestos porque a los usuarios se les trata irrespetuosamente y sin consideración a su pobreza en el Sisbén, me fui para allá. Quería corroborar lo que el discurso de dos o tres concejales me dieron a entender. Es decir, que si no fuera por el mal genio y mal carácter de Ángel, el paraíso sería poca cosa comparada, por ejemplo, con las instalaciones y alrededores en donde se les atiende.

Las fotografías son suficientes. ¿De verdad estamos hablando de respeto cuando en la casi ciudad reciben a los «pobres», vulnerables, necesitados económicamente, en medio del lodazal, la porquería y reservorios proclives a provocar dengue? ¿Es cierto que los concejales que abogaron por el respeto a los sisbenizados creen que recibir la visita de la casa alrededor del charco del patio trasero es lo ideal?

Al concejal Salguero, que habló con tanta solvencia y locuacidad sobre la dignidad y el respeto que merece esta comunidad, ¿le parece que lo que reflejan estas fotografías es lo que merecen estas personas?
La dignidad humana también tiene que ver con los espacios en donde se les atiende. Y la dignidad se reconoce desde la clase de sala de espera que se les dispone, hasta la posibilidad de evaluar la manera como se les atiende en comparación con otras dependencias de la Alcaldía, y el público que a ellas llega.
O si no, ficticiamente, por un instante, imagínese sesionando en un lugar como estos, a ver si la dignidad y el respeto no se le vería ultrajado, concejal.
Es impostergable que el Concejo invite en el próximo periodo nuevamente al administrador del Sisbén en Girardot, no para realizarle un sicoanálisis rígido y profundo, sino para auscultar, diagnosticar y sopesar administrativa y financieramente lo que sucede allí, y de qué manera, quienes exhiben poder e influencias pueden ayudar a recuperar un espacio indispensable para los invisibles, para los eternamente jodidos y utilizados.
Estoy de acuerdo, empecemos una discusión seria sobre la dignidad de los menos favorecidos.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Las fotografías son elocuentes. ¿De verdad estamos hablando de respeto cuando en la casi ciudad reciben a los pobres, vulnerables, necesitados económicamente, en medio del lodazal y la porquería?