Columnistas
Los «honorables» saboteadores
Con lo ocurrido en el Concejo Municipal de Girardot durante la elección de la Mesa Directiva para el 2022, se puede inferir que mínimo cinco de ellos no son tan honorables y prístinos como se lo repiten obsesivamente en cada sesión.
Durante la votación en la que se elegía presidente, primer y segundo vicepresidente y secretario general, se presentó una situación inédita en el «salón de la democracia»: cinco de ellos, en vez de colocar los nombres de los postulados en las papeletas de votación para cada cargo, (Jhonatan Gómez Parra, Iván Salguero, Vladimir Matulevich Ospina y Mario Humberto Yañez Torres), estimaron que escribir el nombre de personas como Fabián Villalba, Salomón Said, o frases fuera de lugar e inadecuadas para el momento como «voto por la mediocridad», era un acto democrático y de honradez.
Pues no, fue un acto de saboteo, impropio, que puso en evidencia lo que se respira en el recinto, en donde las palabras «democracia» y «honorable» flotan en el ambiente permanentemente, como un halo inmaculado y sublime.
Fue un acto de saboteo que deja entrever, tal vez, intereses insatisfechos, voracidad incontrolable, intrigas no resueltas, enemistades vigentes. En una palabra, pestilencia.
Utilizan en sus discursos fútiles y acartonados la palabra democracia por antonomasia. La utilizan como un pervertido comodín, al igual que la palaba «honorable», esforzándose en que el vocablo en sí mismo tenga el poder de convertir la falacia en verdad. Cuando lo que realmente hace es ridiculizar cada una de las posturas postizas de algunos Concejales que se preocupan más por un discurso memorizado y soso –repleto de dequeísmos y errores de concordancia−, y por sus propios intereses personales, que por el bienestar y progreso de la casi ciudad que ellos contribuyen a desmoronar con su improvisación y superficialidad.
¿Qué se cocina en el interior de esta sala, para que hubiera aparecido este precedente de tan mal presagio para el futuro de la Corporación y la casi ciudad? Las diferencias que hoy en día los separan, ¿tienen que ver con proyectos de gran calado, de gran profundidad y dimensiones considerables que buscan el crecimiento económico, cultural y administrativo del municipio? ¿Es la importancia de los proyectos y de las ideas lo que les preocupa, separándolos y dividiéndolos en bancadas diferentes?
O son por el contrario, ¿intereses personales no satisfechos, ambiciones desbordadas no colmadas, beneficios personales no recibidos, o futuros negocios frustrados, lo que los llevó a actuar antidemocráticamente, sin honor ni honestidad?
Precisamente los procesos democráticos en estadios como estos de elección, dan como una opción válida el voto en blanco para ser utilizado con altura, como una alternativa para demostrar oposición o no agrado. De hecho para la elección de la Mesa Directiva de la que se hace alusión se registraron 6,6, 2 y 6 votos en blanco, en el mismo orden.
Lo demás, son jugadas sucias que reivindican el concepto negativo que el pueblo tiene sobre ciertos integrantes de este órgano político.
Ya hablando sobre la votación en concreto, es necesario revisar la manera como la Mesa Directiva actual registró esta clase de votos. Lo hizo como si efectivamente cada uno de los nombres y expresiones utilizadas inadecuadamente en las papeletas estuvieran legalmente registradas, lo cual, por todo lo escrito anteriormente, no es cierto. Sin conocer el reglamento interno de la Corporación pero acudiendo al sentido común, y experiencias anteriores en otros escenarios de elección, lo procedente era contabilizarlos como votos nulos.
También llama la atención la actitud de los miembros de la Mesa Directiva. A excepción de una expresión susurrante por parte de uno de ellos durante la elección de secretario general, ninguno de los tres expresó públicamente (al menos no en la transmisión virtual), el rechazo al subrepticio y malsano comportamiento colectivo, que continúa socavando la credibilidad, y resta trasparencia al actuar de sus protagonistas anónimos. Virtudes, las anteriores, que deben ser bastiones para alcanzar una confianza que cada día, y con entendible razón, se desvanece y se pierde en medio de «representantes del pueblo», que precisamente por comportamientos como estos los deslegitima como verdaderos voceros, convirtiéndolos en simples saboteadores y oportunistas de poca monta.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Fue un acto de saboteo que deja entrever, tal vez, intereses insatisfechos, voracidad incontrolable, intrigas no resueltas, enemistades vigentes. En una palabra, pestilencia.