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La Plaza de Mercado de Girardot, un monumento nacional que se derrumba

La Plaza de Mercado de Girardot, un monumento nacional que se derrumba

Después de diez años y medio que el Tribunal Administrativo de Cundinamarca en respuesta a una acción popular, amparara el derecho colectivo a la defensa del patrimonio cultural de la nación en salvaguarda de la Plaza de Mercado de Girardot, y veintiún meses después de que el Ministerio de Cultura aprobara el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP), continúa cayéndose a pedazos junto con las viviendas y casonas del entorno.

Se está descascarando como un huevo quebradizo en una de las cubiertas que miran desde arriba a las vendedoras de bizcochuelos, arepas y achiras que tradicionalmente se acomodan en el primer piso, muy cerca al comedor en donde comen los chulos.

Solo un ingenuo pudo pensar que con solo la aprobación del PEMP la arquitectura de la Plaza se restauraría de inmediato, y desaparecería mágicamente el desorden, la suciedad y la hediondez que de manera irrefutable retrata la manera como se ha gobernado a la casi ciudad en los últimos años.

Cuando se empezó a hablar de la recuperación de la Plaza de Mercado y su entorno cargado de historia, todos los reflectores alumbraron hacia lo que podría ser el renacimiento de una época que, con torpeza e ineptitud, ha sido maltratada repetidas veces por ene número de alcaldes que no han entendido su responsabilidad, que como primera autoridad de la casi ciudad tienen sobre este Bien de Interés Cultural (BIC), como de ninguno otro. (A excepción del gobierno de César Fabián Villalba que logró sin violencia recuperar su espacio público).

Tanto así, que, con dos años transcurridos del gobierno de Francisco Lozano, la Oficina de Planeación informa a la «Veeduría Ciudadana, ¡Cultura Ya!», que a 3 de junio de 2022 no se ha activado la Junta de Patrimonio de Girardot. Sabrá Dios por qué.

Ante otras preguntas de la Veeduría sobre el cuidado de los BIC de la Ciudad sin las Acacias, el pretexto es que, «[…] si bien actualmente el POT tiene los mecanismos para proteger los BIC se actualizará con el fin de lograr una mayor eficiencia (sic)». Y la pregunta obligada es, ¿cuándo?

Respuesta que permite ver la negligencia de la Administración también en este ámbito. Como si el estado lamentable del 50 o 60 por ciento de los inmuebles catalogados como BIC, diera espera a que el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) se actualice. Así como sucede con la Plaza de Mercado, otras edificaciones amenazan ruina, y la integridad física de los transeúntes que circulan por estas trampas urbanas.

Hay un desarraigo cultural en las esferas responsables del tema. En primer lugar, el alcalde lo ha demostrado incansablemente; como ocurre con el edifico del antiguo Cupocrédito (calle 16 con carrera 10). Se habló de iniciar procesos judiciales para exigir la protección del bien, y hasta la fecha no se conoce oficialmente qué recursos jurídicos se interpusieron, ni sus resultados.

Por otra parte, está el Instituto Municipal de Turismo, Cultura y Fomento (IMTCF). Pareciera que ninguno de los que allí trabaja tiene un ápice de conocimiento sobre estos BIC. Recuerdo que cuando se presentó el caso del Bien mencionado en el párrafo anterior, desconocían cuales son los bienes de interés cultural de la casi ciudad. Tema inherente, si no del director general (cargo estéril para Girardot), sí de a quienes se les paga por cuidar y promover el turismo y la cultura de la casi ciudad.

Así como la Plaza de Mercado empieza a manifestar su intención de arruinarse, por voluntad ajena, muchas construcciones alrededor de ella por efecto del tiempo o del abandono son ruina o muladar.

La Casa Rocha, en la esquina de la carrera 9 con calle 11, está derruida. El rojo intenso que cubre sus puertas y ventanas desvencijadas son símbolo contradictorio de lo que significa la pasión, el poder y la fuerza que no poseen los gobernantes que han pisoteado la historia de Girardot.

Porque hay que dejarle claro a los depredadores nativos, que una cosa son las ruinas, herencia de las guerras como los monumentos sirios destruidos por ISIS, o de catástrofes naturales como las de Pompeya o la ciudad de Armero, en Colombia, y otra muy diferente las que se apilan sobre la ignorancia y el desprecio por la historia que nos identifica.

La Plaza de la Constitución, ubicada históricamente enfrente a la Iglesia San Miguel, se encuentra en la zona de influencia de la Plaza de Mercado. Es tal su importancia que en el tomo dos de la Propuesta Integral Documento Técnico de Soporte del PEMP, de agosto 2019, se dice: «En primer lugar, el proceso de valoración ha hecho gran énfasis en el carácter indisoluble de la relación histórica entre la Plaza de Mercado, la Plaza de la Constitución, el conjunto religioso San Miguel […]».

En honor a esto, tenemos una Plaza de la Constitución que, de parqueadero público como negocio para llenar los bolsillos de amigos de exalcaldes, pasó a ser un baño público asqueroso, compañero vergonzante del monumento nacional (Plaza de Mercado) según Decreto 1932 de 1993. ¿Habrá mayor vulgaridad administrativa? ¿Mayor desidia? ¿Mayor desvergüenza? ¿Mayor afrenta a la comunidad?

Mientras los grandes eruditos del IMTCF organizan fiestecitas caprichosas e insignificantes, el alcalde y algunos concejales consideran que el patrimonio cultural de Girardot es una «cosa» gaseosa e inexistente, la Plaza de Mercado, su entorno, y los Bienes de Interés Cultural de la casi ciudad son mutilados, transformados, eliminados por omisión.

No hay nada más peligroso para la cultura de una sociedad que un gobierno guiado por su ignorancia, su desprecio y el menoscabo de su historia.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.