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Girardot: baja cobertura en educación y alta mortalidad infantil

Girardot: baja cobertura en educación y alta mortalidad infantil

Se ha hablado con diversas intenciones sobre el empalme del gobierno de Fabián Villalba Acevedo y el alcalde entrante de Girardot, Francisco Lozano Sierra. Ese proceso que debía darse de manera expedita y clara, no terminó siendo porque a la luz de la verdad quedaron dudas sin resolver y asuntos pendientes de tratar a fondo.

Pero escuchando en la tarde de ayer (24.06.2020) en el inicio nuevamente del debate sobre el Plan de Desarrollo del alcalde actual al asesor de Planeación, Rubén Garzón, hay revelaciones que alertan sobre un municipio con altas deficiencias en materia de salud, educación y vivienda.

También se descubre una casi ciudad en donde sus habitantes, al menos quienes asistieron a las mesas para la construcción del Plan de Desarrollo actual, tienen claridad sobre la tragedia que vive en casi todos los temas. Perfecta, ninguna ciudad del país.  Pero cuando la enumeración de problemas con ausencia de lo necesario y abundancia de lo dañino sobrepasa la lógica de lo viable, lo entendible y lo coherente, es inevitable pensar que, si no se emprenden acciones urgentes se acabará en el fondo del fango.

Es interesante poder descubrir cómo los girardoteños perciben y sienten su territorio. Cómo, por ejemplo, en el tema de salud solicitan campañas de promoción y prevención para las mujeres en estado de gestación (adelante entenderemos porqué), o en el tema de educación piden cambio de las unidades sanitarias en las instituciones educativas o la construcción de nuevas bibliotecas.

Como en el tema de turismo, dice el asesor, «hay preocupaciones enormes». La gente se pregunta de qué manera la industria del turismo ha beneficiado a la comunidad. Y entiende que la existencia de una política pública del turismo pétrea, inodora y sin ningún sabor, hace que se perciba una Girardot sin vocación turística.

En cultura sienten que las administraciones municipales no se han acercado a las comunidades con programas, y que de alguna manera se elitizan las actividades y escenarios. Con el agravante de la ausencia de procesos en la construcción de cultura.   

Una población temerosa y asustadiza porque siente que su casi ciudad es insegura hasta más no poder, debido a los hurtos que se presentan prácticamente a diario. Hay un número alarmante que denota un alto índice de violencia intrafamiliar acompañada con el incremento de consumo de sustancias psicoactivas en menores de edad.

Y la lista continúa en temas como Gobierno, Infraestructura, Medio ambiente, Desarrollo social y económico o Vivienda. Pero no quiero detenerme más en esto porque hay un tema que necesita la atención completa del alcalde, su gabinete, el concejo y las fuerzas vivas que en Girardot parecen agonizantes: las brechas.

Este tema más que ser revelador, es preocupante. Cuando se conocen las cifras citadas por el mismo asesor de Planeación, Rubén Garzón, se siente que se vive no en una ciudad clasificada en segunda categoría, sino en un corregimiento a donde se llega a lomo de mula por un camino de herradura.

El cuadro resume la información y habla perfectamente del atraso en el que esta casi ciudad se encuentra, en principio, frente a los números de Cundinamarca. Vaya uno a saber cómo se comporta frente a municipios similares en habitantes y categoría.

No puede ser que Girardot aún presente un 3.56% de analfabetismo, o que la tasa de mortalidad neonatal esté cercana al 10%, o que la cobertura neta en educación solo alcance el 47.93%.  Y todavía se escuchan aspiraciones para que sea la capital del departamento.

Claramente se observa abandono en temas inadmisibles. Porque si bien ningún aspecto en gobernanza es de tercera categoría, puntos como la salud no pueden ser descuidados ni abandonados a su suerte. Es vergonzoso que la tasa de mortalidad infantil en menores de cinco años llegue a la escandalosa cifra del 14.53%.  ¡Algo se está haciendo equivocadamente y hay que corregirlo pronto!

Francisco Lozano decía al  principio de su mandato que comenzaba a gobernar a partir de mitad de año. Pues ya llegó julio y lo que la Oficina de Planeación muestra es un trecho largo para corregir e infinidad de percepciones, certezas y sugerencias para escuchar y adoptar de quienes llegaron a participar en las mesas de trabajo para la construcción de su Plan de Desarrollo.

El alcalde en su última rendición de cuentas, la del 2023, tiene la obligación de mostrar cómo deja las brechas que hoy ubican a Girardot como un municipio por debajo de la media departamental y sabe Dios de cuántas a nivel nacional.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.