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En memoria de José Nevio López Botero. ¡Un veedor valiente!
La muerte de José Nevio López Botero es una noticia que, aunque no debe sorprender, por ser la única condición del ser humano ineludible, sí causa gran pesar y tristeza. Entre otros motivos, por la connotación que desde su condición de veedor incorruptible y hombre probo representa para la comunidad y el control ciudadano en Girardot.
Ante la escasez de personas que se atreven a hacer juiciosamente control y seguimiento del correcto manejo de los recursos públicos y del cumplimiento estricto de las normas, el fallecimiento de este valiente veedor es un desafortunado suceso de fin de año que alegra únicamente a quienes debajo del escritorio, pero a la luz del día, desfalcan, roban, confabulan, engañan.

Fue funcionario de la Caja Agraria; vicepresidente de la Junta Directiva departamental de Asoagro; estuvo al frente de la veeduría del tanque Charrasquero (uno y dos), de Transparencia Electoral. Uno de sus grandes desempeños como veedor fue ante la Veeduría Ciudadana Saavedra Galindo Quintas Ferroviarias, en Girardot.
Oriundo de Salamina, municipio del departamento de Caldas declarado Monumento Nacional. Y subrayo este aspecto de manera especial, porque en mi humilde apreciación pocos girardoteños de nacimiento han entregado tanto de su tiempo, de su familia, de su integridad física arriesgando incluso su vida, por enfrentarse a los ladrones de cuello blanco que han ido horadando el erario o violando las normas en una ciudad que no lo vio nacer.
Lo recuerdo parado en la esquina del parque Bolívar, o bajando las escaleras del desgastado edificio de la Alcaldía de Girardot, con el humo del cigarrillo quedando atrás de su paso, caminando lento pero atento, con su mirada inquieta, siempre preocupado por los últimos hechos de corrupción que se murmuraban o conocían por medios de comunicación o desde la ligereza del transeúnte desprevenido.
Si algo tomó como causa propia, irrenunciable y permanente, fue la salvaguarda del patrimonio arquitectónico del barrio Saavedra Galindo Quintas Ferroviarias, conocido tradicionalmente como Las Quintas de Girardot. Tanto así que, recordando sus gestas jurídicas frente a este tema el arquitecto girardoteño Orlando Barragán Bergaño, comenta que llegó un momento en el que los residentes del sector decían que había que solicitarle permiso para poder realizar cualquier cambio en las áreas de sus viviendas, no por instrucción de José Nevio sino porque con su compromiso irrestricto así lo entendió la comunidad.
Era fuente de información permanente para periodistas, colegas veedores, abogados, ciudadanos en general que veían en él a una persona en la que podían confiar, y aprovechar, en el mejor sentido de la palabra, para obtener la información que poseía.
La veeduría de Girardot pierde con su partida, porque su integridad y ética es incuestionable. Nunca se le vio hacer guiños a los poderosos en busca de tratos preferenciales y convenientes. Nunca fue objeto de señalamientos que insinuaran, siquiera, artimañas para coaccionar y chantajear a los corruptos a cambio de puestos, dádivas, recomendaciones. Su rectitud moral nunca estuvo en duda, y tal vez no lo estará.
Fue un hombre de ideas claras y propósitos definidos. Siempre dispuesto a acompañar como veedor las causas encaminadas a la lucha contra la corrupción administrativa y los derechos de los ciudadanos. Nunca se negó a respaldar cualquier iniciativa que propugnara por la defensa de la ciudadanía y sus derechos civiles. Como lo dice Barragán Bergaño, «Era un veedor en la justa proporción, en la justa definición de lo que era una veeduría. No estaba que, si a alguien le gustaba o no le gustaba, ¡nada!».
Como algo inherente a su función social dirigió en varias ocasiones escritos a las diferentes entidades de vigilancia y control del país para poner en conocimiento hechos que a su parecer eran actos irregulares o criminales. Lo desesperanzaba y desanimaba en los últimos años, utilizando sus palabras, la inoperancia, el silencio, la lentitud de las «ías» ante varias de sus demandas y denuncias.
Se va un patriarca, un hombre valiente que puso varios granos de arena intentando ayudar a convertir a Girardot en una ciudad decente.
¡Pierde demasiado Girardot con su partida!
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
La veeduría de Girardot pierde con su partida, porque su integridad y ética es incuestionable. Nunca se le vio hacer guiños a los poderosos en busca de tratos preferenciales y convenientes. Nunca fue objeto de señalamientos que insinuaran, siquiera, artimañas para coaccionar y chantajear a los corruptos a cambio de puestos, dádivas, recomendaciones. Su rectitud moral nunca estuvo en duda, y tal vez no lo estará.