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Con desgaste y sin protección se enaltece el Puente Férreo de Girardot
En la segunda mitad del siglo XIX, en los años 1800 a 1899, el país quiso asumir el modelo comercial extranjero para el desarrollo del mismo, dentro de las regiones productoras se tomó la decisión de vincular mercancía para exportar al resto del mundo logrando el trazado de conexiones de transporte dentro del país con los puertos marítimos. Un amplio empalme de articulaciones entre regiones del país y el mundo.
A comienzos del siglo XX ferrocarriles de Bolívar, Antioquia, Cartagena, Santa Marta, Girardot- Bogotá, Honda y la Dorada permitían el tránsito de los productos Nacionales.
La construcción del puente de Girardot sobre el río Magdalena (Puente Férreo), se lleva a cabo durante el gobierno de Miguel Abadía Méndez en 1923. Se realizó el contrato con la casa Sir W. G. Armstrong Whitworth & amp; Company Limited. Fue inaugurado el primero de enero de 1930 y unió el Ferrocarril de Girardot con el del Tolima - Huila. Gracias a esta inauguración se convierte en otra vía de acceso hacia estos los municipios de Flandes y Girardot.
El Puente Férreo se ha convertido más que en una vía de conexión entre los cercanos municipios, en parte fundamental de la historia de los residentes y del país creando, a través de los años, una apropiación y una identidad de aquellos que crecieron, vivieron, visitaron y observaron la gran infraestructura. Y es que pensar hoy en día en que hace muchos años una locomotora pasaba por aquellos polines desgastados destapa la imaginación y el anhelo de replantear un suceso que las personas de esa época aprovecharon.
Pero así mismo como nos llenamos de tanto suceso lindo, cuando Girardot estaba en su máximo esplendor en otra época, con el pasar de los años la admiración por la imponencia comienza a opacarse, las historias y las narrativas pasan a otro planos, ya que detallar el desgaste y las condiciones del Puente Férreo crea dentro del ser un sentimiento ajeno a lo que la historia se empeña en resaltar.

Desde el punto de vista de quien quiere al municipio, de quien creció en otra generación y visitaba con emoción el Puente Férreo en vacaciones, disfrutar cada paso con el sol fuerte era lo de menos, era todo un paseo clásico ir de Girardot a Flandes y viceversa. ¿Qué sucedió? ¿Por qué se dejó opacar todo esto? La inseguridad existe, la placa conmemorativa ya no.
Y más allá de ver huecos en las placas de cemento, de la inseguridad y de los polines en muy mal estado, esta situación ¿realmente le ha preocupado a alguna alcaldía? Es decir, pasan los años y el deterioro sigue; los relatos, el orgullo y la historia enaltecen la infraestructura, pero, ¿cuál es la realidad hoy día? ¿Será que los residentes recuerdan con emoción, o con nostalgia?
Y es que estos recuerdos no son solo individuales, pasan a ser colectivos construyendo cultura y significado, por eso es que existen las conmemoraciones y las reminiscencias, el inconveniente no lo encuentro en los procesos, actividades y charlas que traen al presente el pasado, sino en la poca práctica, en el discurso y no en la acción. Pienso que la memoria debe nutrirse, tanto en aspecto físico como cognitivo, comprender cómo funciona y para qué la queremos.
Mediante los conocimientos de la socióloga Elizabeth Jelin, las temporalidades explican cómo consiste el pasado en el presente. Entendiendo el pasado como la experiencia, lo que sirve para no repetir o transformar las circunstancias en un futuro lleno de expectativas, evidenciando el accionar humano dentro de su cultura para orientar o desorientar los significados que pueden transformarse, es decir que si las nuevas generaciones crecen y se desarrollan con esta realidadl, ¿van a seguir interpretando la historia de la misma manera?
El Puente Férreo trae consigo datos interesantes, vivencias y apegos que pueden lograr impulsar la apropiación de identidad, no hay que quedarse en solo palabras y frases bellas de lo que fue en su momento. Crear identidad, cuidar y sostener es trabajo de todos.
Observemos lo que conforma nuestra cultura, parte de eso nos conforma como actores sociales.
Foto archivo Plus Publicación.
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Y más allá de ver huecos en las placas de cemento, de la inseguridad y de los polines en muy mal estado, esta situación ¿realmente le ha preocupado a alguna alcaldía? Es decir, pasan los años y el deterioro sigue; los relatos, el orgullo y la historia enaltecen la infraestructura, pero, ¿cuál es la realidad hoy día? ¿Será que los residentes recuerdan con emoción, o con nostalgia?