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¡Se hacen los sordos!

¡Se hacen los sordos!

Sordos los que no escuchan, tramposos y bobos los que escuchando se hacen los sordos, hipoacúsicos o sordos los que escuchaban antes del desorden. Sordos por antojo, por pereza, por ignorancia, a la fuerza… ¡sordos todos!

En Girardot no es suficiente la norma que exige la actualización del Mapa de Ruido cada cuatro años. Los diferentes gobiernos han alcahueteado la tardanza haciéndose los sordos.

¿Qué es un mapa de ruido? Es la cartografía que muestra los niveles de contaminación acústica en zonas, periodos y horarios específicos, en esta caso de Girardot.

Los tres recientes corresponden al 2007, 2015 y 2021; que no representan una periodicidad cuatrienal, lo que puede significar la poca rigurosidad e importancia que se le asigna a tan relevante herramienta, que en la casi ciudad es el hazmerreír que hace parte del archivo inútil de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), y de la Administración Municipal.

Entre los tres mapas hay aproximadamente 223 páginas; en varias aparecen decenas de sugerencias y planes de acción ignorados por todas las administraciones, sin excepción. No hay ningún plan de acción implementado para atenuarlo y así minimizar daños físicos y psicológicos en quienes lo soportan.  

La empresa TEKCEN ha sido el contratista que ha asumido esta responsabilidad en las dos últimas oportunidades: 2015 y 2021.

Como consecuencia de la sordera de los gobiernos aumentan los puntos de criticidad. En el 2007 se ubicaron 30 puntos de monitoreo con 900 mediciones, que dejaron como resultado que el sector comprendido entre los barrios Centro, Sucre, La Estación, Granada, San Miguel y San Antonio conformaban la zona de alto impacto diurno, con promedio superior a los 70 decibeles. Se señala que en los sectores mencionados existe «una costumbre fuertemente arraigada en el Municipio, relacionada con la propaganda sonora no autorizada en vía pública, practica inadecuada, que deteriora la calidad de vida de los habitantes del sector».

Posiblemente los gobiernos no conocen el Artículio 50 del Decreto 948 de 1995, que señala: «Promoción de ventas con Altoparlantes o Amplificadores. No se permitirá la promoción de venta de productos o servicios, o la difusión de cualquier mensaje promocional, mediante el anuncio con amplificadores o altoparlantes en zonas o vías públicas, a ninguna hora». Ley que no se cumple es alcahuetería.

Volviendo al 2007, la zona de contaminación critica nocturna se estableció en los barrios San Antonio, Granada, Centro, Sucre, Estación, Santander, Gaitán, Santa Helena, Bárbula y San Miguel. Si se observa, «la zona de contaminación crítica nocturna absorbe la zona crítica diurna», que para la fecha del informe estaba conformada por aproximadamente 7000 personas.

El mapa de 2015 estableció 106 puntos de monitoreo de ruido ambiental. El resultado arrojó que 65 de los puntos monitoreados fueron clasificados como de criticidad alta; 10 con criticidad media y 14 con criticidad baja. Los 17 puntos restantes «no fueron de conflicto por excedencia o recurrencia».

Hablemos del Mapa de Ruido de 2021, el más reciente. Se ubicaron 120 puntos de medición de ruido ambiental. Según el informe el 99 % del total de mediciones «obtuvo una criticidad ALTA»; lo que significa que en 118.8 de los puntos examinados de la casi ciudad existían conflictos por excedencia de los niveles de ruido máximo permitidos en todas las jornadas y horarios, o tres de las cuatro jornadas de medición (ordinario-diurno, ordinario- nocturno, dominical-diurno, dominical-nocturno). Es decir que vivir en Girardot es ensordecedor.   

Se establecieron las zonas con mayor flujo vehicular y, en consecuencia, mayor ruido: Tocaima (se entiende que la vía a Tocaima), Avenida Bavaria, carrera 10, calle 30, calle 10, vía Girardot carrera 24.

Las áreas con mayor incumplimiento de la norma de acuerdo con el uso del suelo fueron: Avenida Bavaria, rotonda con carrera 10, calle 30 y calle 10 (altos niveles de ruido por tráfico vehicular); calle 10 en conexión con la vía Girardot-Tocaima; carrera 24 en conexión con la vía Girardot-Tocaima; Parque Bolívar, barrio Santa Rita, centro de Girardot y Terminal de Transporte.

Desdice de estos gobiernos municipales que, no obstante, el contratista suministró varias recomendaciones, no hayan sido tenidas en cuenta nunca. Es decir, se les ha entregado masticadas las soluciones, pero es que no hay peor sordo que el que no quiere oír; pavimentos reductores de ruido, recuperación de la malla vial (que en la actualidad se realiza lenta y parcialmente), planes de movilidad, optimización de horarios y reparto de mercancías, reducción gradual del tráfico, reducción y control de velocidad en vehículos, horario de circulación de vehículos pesados. Sordera absoluta.

Atendiendo esta sola recomendación cuánto no aportarían los alcaldes: «La gestión de la autoridad ambiental sobre el control y mitigación del ruido ambiental en el municipio de Girardot debe concentrarse en la reducción del uso de bocina en los vehículos, la prohibición del perifoneo, y el desuso de equipos de sonido en los establecimientos comerciales ya sea en zona comercial o residencial».

¿Alguien pone en duda que estas tres tareas no pueden controlarse? O es mejor decir, ¿que los cálculos políticos y el «¡me importa un carajo!» a ayudar a construir una casi ciudad más decente, predominan?

En diálogo con uno de los brillantes exsecretarios de Gobierno de esta Administración, esto dijo al referirse al control del ruido: «[…] no es fácil […]», por falta de cultura ciudadana; ¡cuando por el contrario hacer cumplir esta clase de normas apunta a fomentar y afianzar el concepto de cultura ciudadana!

Cierro con esta frase de Doménico Cleri Estrada, que viene como audifono al sordo: «No es que el necio sea sordo, es que es necio».

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.