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Por qué practicar los anales

Por qué practicar los anales

Queridos lectores,

Espero no arruinar las expectativas de algunos incautos que con el título se imaginen otro tipo de ejercicio al que propongo en esta columna. Cualquier confusión es intencional, en primer lugar, porque al hablar de anales es inexcusable despejar la divertida e interesante semejanza, de la que ningún lector tiene la culpa, pues las palabras “año” y “ano” guardan un vínculo etimológico y semántico entre sí. O sea, no se parecen por casualidad. “Año” y por lo tanto “anual” vienen del latín annus: “ciclo temporal que se cierra y se repite”, y a su vez “ano” proviene del latín anus, que significa “abertura circular”.

Se trata pues de la misma raíz an, ann con significado de ciclo y circularidad, cuestión que me permite plantear el tema central de esta columna: la repetición, el eterno retorno de lo que sucede en nuestro país por estos días. Un fenómeno que no es nuevo, sino que viene de mucho atrás y del que acaso sólo puede uno darse cuenta si construye en su mente unos anales de Colombia. En otras palabras, si lee el presente, como una película, desenrollándolo desde el pasado —que es de donde viene— y desplegándolo hacia el futuro esperado.

Con esto puedo invitar a los que hoy se entrelazan en serias peleas, autodenominándose petristas o uribistas hasta la muerte, a poner en práctica los anales, a ver si se autorreconocen como protagonistas de la patria boba, la Colombia en la que los colombianos pelean, se ofenden, se desvirtúan, se roban, se engañan y hasta se matan entre sí, mientras que las potencias, los países desarrollados, los desangran desde fuera (y desde dentro). A esto le debemos que uno de nuestros periodos históricos NO se llame El Renacimiento, o la Edad de oro, sino La violencia. ¡Qué maravilla!

El precursor de los Anales, como género literario, podemos decir que fue Tácito, por allá en los siglos I y II d.C.  al titular así su historia del Imperio romano, desde la muerte de Augusto (año 14) hasta la de Nerón (año 68). De esta manera registró cronológicamente y año por año los acontecimientos más destacados de esta antigua superpotencia.  

Luego vinieron los Anales de Ennio, los Anales pontificales romanos, y —saltando en la historia— la Escuela de los Anales, cuando en 1929, Marc Bloch y Lucien Febvre crearon la revista Annales d’histoire économique et sociale, en Estrasburgo (Francia). Estaban rompiendo con la historia política y de acontecimientos y proponiendo en cambio una mirada de larga duración (longue durée), más atenta a los aspectos sociales, económicos, geográficos y culturales.

Anales de este estilo podrían respondernos por qué es que hoy —cual hinchas de dos equipos contrarios de fútbol— los colombianos sacuden sus frustraciones al sentirse parte de un bando y pelear contra el otro, a veces en redes, a veces en la mesa del comedor, en televisión, en el entorno empresarial, en la calle —y lo que es peor— en el Congreso, en el Gobierno y en todo plano del Poder y las decisiones y gestiones que se hacen, supuestamente, en y para el bien del país. No para anotar goles en la cancha de la izquierda o de la derecha.

Hay múltiples sucesos de rencor circular que no caben en una columna. Pero usando de una gráfica y una sencilla tabla, propongo aquí iniciar la práctica de unos anales que saquen a la luz a esta patria que ya no es boba sino borrica (con el debido respeto a los burros). Una patria cretina, insensata, majadera, necia, simple, y a veces, en el mejor de los casos, ingenua. Una patria, en la peor y más desafortunada forma: cruel, agresiva, increíblemente sanguinaria, atropelladamente terca, ciega e irresponsable.

La gráfica, leedla en el sentido de las manecillas del reloj. Es una línea de hitos que muestran lo que ha sucedido y sucede mientras el pueblo colombiano —en todos sus estratos— está distraído peleando en su propia casa: otros países se vuelven superpotencias, se vuelven desarrollados y además denominan —y hacen que se autodenominen— “subdesarrollados” a los países a los que otrora (imaginemos a dos caminantes que iban por su camino) cogieron a patadas, robaron, saquearon y ultrajaron, interrumpiendo su particular Desarrollo.

Sí. Toda la riqueza Europea, todos los logros industriales y tecnológicos de Europa y luego de Estados Unidos (esos caminantes que luego se paran en el podio, tras haber convertido el camino en competencia y establecido la violencia y el saqueo como reglas de competición) se deben a la posición privilegiada que estas potencias alcanzaron gracias a siglos de extracción colonial (también en África) que no se han detenido. Un saqueo que solo ha cambiado de nombre y de mecanismos.

Que otros amantes de la historia añadan nuevos sucesos a estos breves anales. Refiero unos principales en línea de tiempo comparada, en forma de anillo, mostrando cómo los hitos de orgulloso Desarrollo de las potencias industrializadas se deben a los hitos de saqueo y dependencia del territorio latinoamericano, en un aberrante círculo vicioso. Este en donde predominan las superpotencias de la primera fase de colonización.

No es esta una invitación a odiar a Europa o a Estados Unidos. Gracias a la literatura, gracias a la música y la pintura, a la religión, y a todas las formas de cultura, son sobradas las razones para sentirse universal, para sentirse hermano en la humanidad.

Esta es una invitación al autorrespeto. Colombia no entra a estos países a saquear sus recursos naturales. Sus gobernadores y ministerios no ceden sus recursos para engordar sus cuentas particulares. En esos países, además, las compañías nacionales no contaminan impunemente sus propios afluentes ni destruyen humedales y comunidades durante décadas bajo la mirada pazguata de los que reciben un sueldo dizque por proteger a la sociedad o a la naturaleza. Ante la cobardía de quienes tendrían que hacer cumplir la Constitución y las leyes, pero de manera pusilánime, olvidan sus estudios, corrompen sus misiones y no hacen nada.

La tabla está hecha para unos Anales bien dolorosos —y muy recientes— con graves afectaciones y consecuencias sobre Colombia. Podría agregarse, en un árbol mental, a los últimos hitos del círculo vicioso. Refleja un momento posterior, en el que la globalización neoliberal y el mundo multipolar ponen en el tablero a nuevos actores como Canadá, China, Emiratos Árabes Unidos y Sudáfrica (colonizada por el Reino Unido), que no participaron directamente en la conquista de América pero que juegan como saqueadores en la segunda y tercera fases extractivas:

Colombia, sus gobernantes, su población en masa, una y otra vez, son como un padre y una madre que se pelean entre sí mientras sus hijos pierden su casa, para luego no tener dónde vivir. Y tan grande es su afán por los bienes externos (dinero, fama, poder) que pierden su moral e incluso su raciocinio.

Si con el ímpetu y la vehemencia, con la que unos y otros defienden a Petro o a Uribe (como si el meollo del asunto radicara en este Ring imaginario de boxeo), si con la inteligencia y la agudeza que se usa para atacarlos, se atacaran todas las formas de corrupción, destrucción, vicio y violencia de nuestro país, sí que seríamos potencia.

Uno lee post y memes —¡uno ve noticieros nacionales! — que reflejan una gran cantidad de tiempo y de creatividad empleada para defender lo indefendible. ¡Ojalá que así, con esa misma obsesión se defendieran los ríos, las montañas y los árboles! Ojalá que así, con esa intensidad se les hiciera propaganda en Facebook, en twitter, en Instagram, en tik tok, en las cadenas nacionales con capital suficiente para promover la protección de lo que sí vale la pena proteger. ¡Y qué decir del tejido social! ¿Cuánto se emplea y se gasta, no para resguardarlo, sino para corromperlo y contaminarlo a cada hora todos los días?

La historia de un país es como la historia de un niño. No se puede escuchar música barata, ver cine basura, pensar y hablar sin valores y preguntarse después por qué hay crimen: “A mí me apodan el perro. Y mi patrón es Carlos Castaño” … “Mi patrón se llama Tirofijo. Y a mí me apodan el camaleón.” Y no alcanzaría el espacio para citar las letras atroces de reguetón. Todos esos mensajes taladrando la cabeza de los niños y de los jóvenes (de los adultos, que también importan y también son vulnerables). Las peores formas de violencia, vicio, frivolidad y corrupción (La casa de los famosos, El Desafío, Acapulco Shore, El cartel de los sapos, Protagonistas de nuestra tele, etc) promovidas con millones de pesos, con la anuencia de las disqueras, de las emisoras, de los directores y productores más poderosos de ese AIE: ese aparato ideológico del Estado que los medios masivos de comunicación constituyen.

Si realmente el país se concentrara en lo que vale, defendería su gente, sus recursos, su patrimonio.

Defendería su identidad, su pasado, comenzaría a cobrar con legitimidad y derecho internacional la reivindicación de la riqueza que le ha sido y es robada. La devolución de su tesoro.

Si el país se concentrara en lo que vale, dejaría de caer en las redes de esa politiquería y exigiría a los funcionarios, desde el presidente hasta el edil, sin idolatrías y con objetividad, que cumplan con el trabajo para el que se les paga y para el que fueron elegidos. Exigiría que rindan cuentas y reconocería los aciertos, cuando los haya, así no vengan de su líder estrella. Exigiría, como se exige a cualquier empleado, que velen por la riqueza de esta casa, que protejan a la población de esta superpotencia de diversidad ecológica y cultural.

“Pero la región sigue trabajando de sirvienta.”

Es parte de la tesis que defiende Galeano (el Galeano joven, apasionado, valiente) en un libro que todos harían bien en leer: Las venas abiertas de América Latina. Es la teoría de la dependencia, defendida, con matices distintos, también por Raúl Prebisch (1901–1986, Argentina), André Gunder Frank (1929–2005, Alemania), Fernando Henrique Cardoso (1931–2023, Brasil) y Theotonio dos Santos (1936–2018, Brasil).

De allí todos las razones, señores y señoras, de por qué resulta aconsejable practicar los anales. Porque son la opción ideal para variar. Para transformar desde el núcleo tantos viejos paradigmas.

Notas aclaratorias a la gráfica del Círculo vicioso:

1 Cerrejón (La Guajira) y Cesar (carbón) son los dos casos más claros de expolio con cara visible multinacional.

2 Chocó y Nechí son un “hoyo negro” de saqueo histórico: oro y platino desde la Colonia, ahora con minería mecanizada e ilegal que no existiría sin redes transnacionales.

3 La Colosa y Santurbán son ejemplos de resistencia comunitaria: lograron frenar o contener la entrada directa de multinacionales.

4 En Amazonía y Llanos, el petróleo sigue la misma lógica extractivista, aunque mezclado con actores legales e ilegales.

5 AngloGold Ashanti surge en 2004 de la fusión de AngloGold Limited (filial de Anglo American plc, con sede en Londres y raíces británicas) y Ashanti Goldfields Company Limited (de Ghana, excolonia británica). Aunque la sede corporativa está registrada en Johannesburgo (Sudáfrica), su estructura de capital es transnacional: accionistas de Reino Unido, EE. UU., y fondos globales. Por tanto, aunque se etiqueta como “sudafricana”, es en esencia una multinacional de origen colonial británico con operación global.

6 Empresas con capital de Emiratos han invertido en hidrocarburos en los Llanos Orientales, principalmente a través de filiales o fondos soberanos (por ejemplo, el fondo Mubadala). Mubadala posee a través de CEPSA (España, pero controlada por capital emiratí) operaciones de exploración y producción de petróleo en Colombia.

*Docente universitaria. Licenciada en Español e Inglés (UPN) y Magíster en Literatura Hispanoamericana (Caro y Cuervo), con trayectoria en humanidades y cultura, análisis del discurso, calidad educativa e investigación.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.