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Norma Lucía Lozano

Norma Lucía Lozano

Hablar de Norma Lucía Lozano realmente es fácil. No porque sus años de vida hayan sido insignificantes o intrascendentes; sino porque su talante decente y prudente la distinguieron haciendo de ella una mujer sencilla y accesible.

Así como en su juventud se destacó como una gran basquetbolista que integró el quinteto de la Selección Colombia de Baloncesto durante varios años, siendo exjugadora acompañó importantes luchas como líder social; alcancé a compartir con ella algunos espacios cuando fue presidenta de la fundación Afrocolombianos de Girardot. Hoy en día varias personas cercanas a ese colectivo coinciden en que fue la primera líder afro que logró impulsar y fortalecer en sus inicios el movimiento de negritudes en el municipio.

Su pasión por el baloncesto se presiente en 1977, cuando a sus trece años de edad se paraba enfrente de la puerta del Coliseo El Centenario para ver a los niños de la infantil entrenar con Ismael Contreras Montes; el que posteriormente sería su entrenador, amigo y cofundador con ella de la escuela de baloncesto girardoteño «Gironcho». Vigente hoy.

Ismael recuerda que en aquella época Girardot no contaba con un equipo de baloncesto integrado por niñas; lo que no fue óbice para que le permitiera, por solicitud de ella, iniciarse junto a los muchachos. Sin imaginarse que esa decisión le abría la puerta a Norma para que solo dos años después (1979), ligas como la de Antioquia, Valle, Bogotá o Meta pujaran para tenerla en sus equipos.

De ahí en adelante ocurrieron todas las glorias, las victorias y los  fracasos naturales en cualquier actividad deportiva, hasta su retiro en 1991.

Finalizada la etapa como deportista de alto rendimiento se hizo visible como un referente en diversos sectores comunales de Girardot, ̶ diferentes al sector de negritudes ̶  en los que entregó importantes aportes. Fue así como silenciosamente, con un trabajo decidido, fue convirtiéndose en una voz reconocida y respetada en aspectos relacionados con comunidades minoritarias y vulnerables de Girardot.

Esa capacidad que exhibió en el baloncesto para resolver situaciones complejas en décimas de segundo, la acompañó en su trabajo con las comunidades en donde su paciencia, mesura y tranquilidad sirvieron para destacar su misión y su entrega incondicional en aquellos lugares en donde aportaba con su experiencia.

No fui el gran amigo de Norma Lucía, debo decirlo. Pero el respeto y la admiración por lo que era le alcanzó al colectivo cultural Senderos, del que fui su fundador, para hacerle una exaltación junto a su mentor, Ismael Contrerar Montes, el 24 de mayo de 2019 en el auditorio de la Biblioteca del Banco de la República de Girardot.

Por lo mismo, lo que pretendo con esta columna no es escribir la reseña histórica o la biografía detallada y cronológica de Norma. La razón de este artículo es hacerle un homenaje sincero a una mujer que, a pesar de su etnia, de su ascendencia no privilegiada económica ni políticamente, alcanzó en vida los más altos honores sin presunción, sin soberbia, sin altivez, ni desprecio por los demás.

En silencio y sin selfis logró andar un camino en el que le entregó amor y calidez a su familia; felicidad a quienes disfrutamos con el baloncesto; a sus compañeros y amigos de negritudes, su esfuerzo por afianzar sus derechos y oportunidades en una sociedad todavía racista; a los niños, niñas y padres de familia de la escuela de baloncesto «Gironcho», junto a Ismael, la propuesta de formar personas y ciudadanos del mundo con la sensibilidad y el carácter necesarios para afrontar los retos modernos que nos presenta la humanidad.

A la memoria de Norma Lucía Lozano, todo mi respeto.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.