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El Estatuto de Cultura, panacea o espejismo
Ver con malos ojos la creación de un estatuto que, en teoría, debe robustecer y potenciar el sector cultura en Girardot, es equivocado y hasta mezquino si se analiza desde el deber ser. También es ingenuo no reconocer que un compendio de normas y leyes no constituye por sí mismo, una herramienta absoluta que fortalezca el arte y la cultura en ningún municipio, si no existe voluntad, dinero y ejecución.
Lo expreso sin temor, porque desde que se inició el estudio del Proyecto que terminó con la aprobación del Acuerdo 006 el 17 de abril de 2026, se presentó por parte de los representantes del IDECUT y del Instituto Municipal de Turismo, Cultura y Fomento de Girardot (IMTCF), como la panacea, el fin de todos los males aquejados por la maltratada cultura de la casi ciudad. Y reconociendo que sí, es un inicio, también hay que decir que se percibe un escepticismo justificado porque la historia de la casi ciudad está documentada con políticas públicas, cartapacios y mamotretos extraviados quién sabe dónde.
Su aprobación significa el inicio de un proceso, así debe entenderse. Decir que «la cultura en Girardot hace historia», será cierto cuando el resultado de los procesos artísticos y culturales ̶ inexistentes en el municipio ̶ se reflejen en nuestra sociedad, no antes.
Hagamos historia: el proyecto se encontraba celosamente custodiado desde el 2017. El Estatuto hace parte del Modelo de Gestión Pública (MGPCu) diseñado en el primer mandato del gobernador Jorge Rey. En la actual administración municipal se retoma el tema, posiblemente inducido por el Instituto Departamental de Cultura y Turismo de Cundinamarca (IDECUT). Esto hace que la casi ciudad ingrese al grupo de más de setenta municipios que ya lo han adoptado, unificando institucionalmente a nivel departamental conceptos alrededor de la cultura.
¿Por qué el escepticismo? Varias de las leyes mencionadas en el actual Estatuto existen desde años; mencionarlas convertiría esta columna de opinión en un ensayo, y no lo es. Pero intentémoslo.
Desde la experiencia de aquellos que han pertenecido como contratistas al IMTCF y como exconsejeros de cultura, está claro: la ruta de la cultura ha carecido de procesos durante décadas.
Menciono ejemplos: lo único visible regional y nacionalmente es la Banda Musical y Marcha Ciudad de Girardot; lo demás son disparos de perdigones que no le atinan a nada. Las escuelas de formación han terminado siendo un recurso recreativo, pero nunca formativo.
El Consejo Municipal de Cultura, prácticamente desde su nacimiento fue perdiendo credibilidad entre gestores y cercanos a la cultura, precisamente por el ostracismo al que fue sometido por los responsables de convocarlo y mantenerlo. Al ser siempre un cero a la izquierda para los gobiernos municipales terminó siendo un sonámbulo sin la capacidad de cumplir la misión que el mismo Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes le ha señalado: apoyar a la alcaldía en el diseño de políticas culturales, y liderar la creación y seguimiento del Plan Municipal de Cultura garantizando la participación ciudadana y la concertación.
Hoy en la casi ciudad, de mínimo doce consejeros que deberían representar los diferentes sectores culturales y artísticos, el Consejo está integrado por cuatro representantes; dos elegidos por un solo voto: ¡el de ellos!
Haciendo un paneo por Cundinamarca encontramos que un número importante de municipios desde tiempo atrás tienen conformada su banda sinfónica. Girardot, con el presupuesto que maneja el IMTCF para el sector cultura y el dinero que «invierte» en reinados sin cultura, no tiene banda sinfónica. Y no hay manera de decir que es por falta de dinero.
Pero vaya sorpresa: en el 2020, época de la pandemia por la COVID-19, el IMTCF pagó $11.600.000.00 por «apoyo en la gestión en la formación de escuelas […] fortalecimiento de expresiones artísticas y culturales en la disciplina de banda sinfónica». Juzguen ustedes.
Estos dos ejemplos para señalar que en la Ley 397 de 1997 se encuentra mencionados temas como el del Consejo de Cultura (Art.60) y las escuelas de formación artística y cultural (Art. 64), pero en la casi ciudad solo estos dos ejemplos hasta el momento han fracasado rotundamente.
Es así que la discusión de fondo, que disgusta a algunos funcionarios y contratistas, como si con la disertación respetuosa no se construyera ciudad, es que el Estatuto Municipal de Cultura no es ajeno a la exigencia obligatoria de dos elementos: el malgastado término, «voluntad política», y el dinero para afrontar compromisos como el del Programa Municipal de Estímulos Culturales; un excelente portafolio que hay que destacar de esta implementación, no sin advertir que requiere de un recurso económico importante para hacerlo realidad, y de transparencia para que no termine siendo un regalito para los amiguis de quienes convocan.
Le corresponderá a este gobierno, ya en su recta final, reglamentar el Estatuto aprobado, y a los mandatarios venideros de la casi ciudad aprovechar lo mejor de esta idea departamental para limpiar la cara sucia y desaliñada que durante años ha exhibido el sector cultura en Girardot.
Para concluir, el Estatuto en su estructura no es perverso desde su iniciativa; coincido con la arquitecta Carolina Toro en su concepto cuando señala que, «[…] este marco permite una articulación conjunta de políticas e iniciativas que aseguran el aterrizaje de todos los programas integrados en la Ley de Cultura […]».
No obstante, reitero: no puede ser visto como la panacea si depende del talante ejecutivo de todo el gobierno municipal (alcalde, concejales). Ni convertirse en un espejismo que impide ver más allá de la nariz, consciente de que solamente es el inicio, y que su éxito depende de la sensibilidad y gestión de todos los gobiernos.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Su aprobación significa el inicio de un proceso, así debe entenderse. Decir que «la cultura en Girardot hace historia», será cierto cuando el resultado de los procesos artísticos y culturales ̶ inexistentes en el municipio ̶ se reflejen en nuestra sociedad, no antes.