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Sexismo y política

Sexismo y política

En plena época en que la inteligencia artificial pasó de ser una ficción a una realidad asombrosa desde sus algoritmos, y lo que puede aportar en muchos campos de la ciencia, es increíble que en el mundo se continúe discutiendo sobre la importancia y el derecho igualitario que merecen naturalmente las mujeres frente al sexo fuerte, entre comillas.

Y cae como anillo al dedo el tema si se tiene en cuenta que Colombia se encuentra a menos de tres meses de elecciones regionales en las que se elegirán gobernadores, diputados, alcaldes, concejales municipales y ediles. Proceso, dicen, democrático, en el que la participación de la mujer, partiendo de las leyes que tratan sobre la equidad de género, invita a una vieja pero necesaria discusión.

Debate que, para este caso, es mejor plantearlo desde lo práctico, sin profundizar en las leyes aprobadas para garantizar la participación de mínimo el 30% de uno de los géneros; aunque es claro que la norma pretende facilitar mayor participación de la mujer en procesos electorales a corporaciones de elección popular.

Seguramente en el pasado más reciente de la historia política de Girardot no se había presentado la oportunidad de que dos mujeres despuntaran entre un amplio abanico de candidatos a la alcaldía, presentándose con importantes opciones para ocupar el cargo más rimbombante, pero también el más complejo del municipio en estos momentos.

Pero también, vaya Dios a saber cuántas, una gran cantidad de mujeres aspirarán a ocupar una de las 15 curules del Concejo Municipal; algunas porque las cautiva el tema político, y otras, como se les escucha decir a algunos lideres politiqueros, «por llenar espacio y cumplir con la norma».  

Aquí me quiero detener. No en lo inconveniente o débil de la ley, que al esforzarse en aumentar la participación de la mujer en política ha permitido que ese machismo secular arraigado, irónicamente muchas veces desde el canto materno, la utilice como un utensilio más para llenar sus listas y alcanzar sus pretensiones personales, que es casi lo mismo que decir sus pretensiones financieras, con infinidad de signos pesos en sus ojos.

El fenómeno que ha originado la anterior situación es que, como en el caso de los concejos municipales alguna, de aquellos «rellenos», se logre colar y entonces, llega la debacle, porque al no estar preparadas intelectual, profesional, ni moralmente se convierten en idiotas útiles de aquellos que con sus votos intentan trepar en la escala social y económica.

En cambio, si realmente aspiran, pero sin preparación, se corre un riesgo más alto, porque además de tener desconocimiento de lo público, seguramente llegan con la voracidad desmedida a tragar todo cuanto se encuentre.

Antes de continuar debo aclarar que esa indeseable condición de no estar preparados ni intelectual, profesional ni moralmente, también recae en el género masculino, en los machos alfa. Con excepciones marcadas, los hemos sufrido y padecido en la casi ciudad, no solamente en Concejos anteriores sino en el que está por terminar en este periodo 2023. Con un agravante, que precisamente por ser ellos la mayoría, tienen la responsabilidad en peso específico de todos los errores y las malas decisiones que se toman en las sesiones en donde contestan a lista, pero no permanecen. Porque al final de cuenta la única representante de la mujer en la Corporación local no ha aportado nada que sea inherente a su función.

Hecha la aclaración dejo sentada mi posición de lo positivo que significa para la democracia y la participación ciudadana la elección de la mayor cantidad de mujeres en el seno del Concejo, u ocupando la silla como alcaldesa, en este caso de la casi ciudad, siempre y cuando tengan las actitudes y aptitudes suficientes para propiciar, por ejemplo, un justo y necesario control político, o en el segundo caso, una excelente administración en donde la frase, «tiene los pantalones bien puestos», a todas luces machista, puede reemplazarse por «tiene el carácter y las capacidades», sonando menos retrogrado y más adecuado.

Por lo mismo me parece un desatino querer enfocar la predilección hacia cualquiera de las dos candidatas, Adriana Serrano o Angélica Araujo Lemus, continúo hablando de la casi ciudad sin las acacias, utilizando el carácter del género como si este fuera suficiente, no lo es. Como tampoco lo es, y se ha demostrado, en la mayoría de los hombres.

Precisamente la emancipación y la carrera tortuosa, pero segura, que las mujeres han librado para alcanzar los escaños y puestos que el machismo les ha arrebatado durante siglos, ha logrado que alcancen sobresalientes condiciones profesionales y humanas para desempeñarse en el cargo que se les antoje. 

Las letanías invitando a votar por equis o ye mujer, para el cargo de elección popular que sea, exhibiendo argumentos tan superficiales como «es el tiempo de la mujer»; «es hora de que una mujer nos gobierne»; «las mujeres estamos de moda», si se leyeran en su adecuada dimensión, en lugar de enaltecer las demerita, porque no puede ser el género o la condición sexual la que determine las cualidades y calidades de la persona para desempeñar cualquier cargo, por sencillo que este sea.

En el caso actual de la casi ciudad, las dos candidatas al cargo más alto de Girardot, por aquello del quinto piso, tienen una hoja de vida que refleja sus logros personales y especializaciones académicas; aspecto relevante que supera su condición misma de mujer.

Continuar eligiendo por simpatías, estereotipos o coincidencias personales, no nos permitirá crecer como territorio en lo fundamental.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.