Columnistas
Sancocho y cultura en hervor
Lo que sucedió el pasado 7 de abril en el Parque de la Juventud en Girardot merece ser mencionado con luces de neón, trompetas, vítores y aplausos, miles de aplausos. Porque proyecta ser el inicio de una empresa ambiciosa ocupada en consolidar la cultura de la casi ciudad desde sus diferentes frentes, en todas sus expresiones, con todos sus actores y un solo propósito, la reconstrucción hacia una ciudad decente.
Hablo de la puesta en escena de artesanos, artistas, cuenteros, poetas, escritores, gestores culturales, actores, productores con el noble propósito de darle a la cultura en Girardot el sitial que se merece por la importancia que representa para la sostenibilidad del territorio. Hablo del Sancocho Cultural organizado por el Movimiento Artístico de Girardot (MAG).
Los que conocen algo de organizar eventos culturales con las manos materialmente vacías, repletas solo de pasión y sueños, asidos a las buenas intenciones de los que con lo que tienen contribuyen para que el proyecto avance, saben que exige algo más que compromiso y empeño; hay tenacidad, templanza, planeación, humildad, trabajo, demasiado trabajo.
No voy a detenerme a evaluar la calidad del evento, no es la intención de esta columna. Resalto de esta intención hecha realidad por parte del MAG, la importancia de que los colectivos culturales se estén entrelazando alrededor de un propósito revestido de grandeza, la consolidación de las artes y la cultura de Girardot y sus alrededores, que visto con cabeza fría y cordura no es poca cosa.
A pesar de incansables esfuerzos, aunque muchos más demagógicos que prácticos, durante décadas ha sido imposible consolidar alrededor de la cultura de Girardot conceptos elementales, no menos importantes, que en otras regiones y ciudades del país han resultado relativamente fáciles: identidad, sentido de pertenencia, folklore, autóctono, ancestral, patrimonio, son aspectos que se han dificultado descubrir o construir alrededor de una cultura incierta e híbrida, fusionada casi que a la fuerza, para poderse explicar como un todo con la cultura tolimense
Aunque es cierto que ese cordón umbilical de acero y madera que han sido los puentes Ospina Pérez y el Férreo han facilitado el tránsito y el intercambio de culturas de norte a sur y viceversa, no es menos cierto que los municipios cercanos a este cruce intercultural como Flandes, Coello o El Espinal tienen nada de cundinamarqués y todo del Tolima. Lo que a priori sugiere, entonces, que la cultura tolimense está más arraigada en estos municipios que la de Cundinamarca en Girardot.
La explicación repetida y entregada con ligereza sugiere una y mil veces que por ser Girardot un punto de encuentro de muchas regiones del país se ha visto abocado (el masculino por lo de pueblo), a un intercambio de culturas que ha logrado disolver, disipar, contaminar nuestra propia cultura. Nada más equivocado y traído de los cabellos; de ser así ciudades como Medellín que en el 2022 registró la llegada de 1.386.153 pasajeros, o Bogotá que en el mismo año registró la llegada de 11.217.521 turistas demostrarían comportamientos o tendencias antropofágicas culturalmente hablando. ¡Pues no ha sido así ¡
Por el contrario, en Bogotá los sitios que exponen y confirman su identidad se mantienen vigentes como atractivo turístico para el mundo. Algo reciente: el pasado 6 de abril se convocó a una jornada de embellecimiento y apropiación del centro histórico de Bogotá (El Centro Vive).
La capital aprovecha la riqueza cultural del país y del mundo para construir una juventud pluricultural que, además, se permite reconocer, ponderar y valorar su cultura bogotana, la que se exporta como atractivo y destino turístico a todo el mundo.
En Girardot no se ha querido aceptar que varios de los problemas sociales que se viven en la casi ciudad son el resultado de la ausencia de políticas que promuevan la cultura a lo largo y ancho de la ciudad sin las acacias. Esos comportamientos trogloditas que se han reafirmado últimamente ya hacen parte del ADN cultural llegando hasta los linderos de la delincuencia. La disminución de la criminalidad o el vandalismo no es duradera si la cultura no hace parte principal de la estrategia.
Entonces, ningún gobernante de los que han pasado por la Administración y que han agotado su cuatrienio debería asombrarse ante lo que ocurre con la infancia, la adolescencia y la juventud girardoteña, sin reconocerse responsable por haber mirado de soslayo, por encima del hombro, con desdén a la cultura. La atendieron como un relleno de sus programas de gobierno, y lo que han cosechado para el municipio es una casi ciudad huérfana de sensibilidad, de empatía, de solidaridad, de respeto, porque el arte nunca llegó para la construcción de seres humanos respetuosos de sus derechos, pero sobre todo responsable con sus deberes.
En hora buena el nacimiento del MAG. Le presagio larga vida al colectivo y su influencia positiva para incidir en el fortalecimiento de una cultura que impacte en el territorio y sus pobladores. Girardot debería, desde hace mucho, ser referente cultural no solamente para la región sino, mínimo, para el centro del país. Cuando despuntan grupos como el MAG comienzan a resurgir, a nacer, a asomarse nuevas expresiones e intenciones que robustecerán un espectro reducido prácticamente a nada, entre otras razones por la inanición intelectual de sus fuerzas vivas.
No han entendido lo que decía el novelista francés André Marlaux, «La cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida».
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
En Girardot no se ha querido aceptar que varios de los problemas sociales que se viven en la casi ciudad son el resultado de la ausencia de políticas que promuevan la cultura a lo largo y ancho de la ciudad sin las acacias. Esos comportamientos trogloditas que se han reafirmado últimamente ya hacen parte del ADN cultural llegando hasta los linderos de la delincuencia. La disminución de la criminalidad o el vandalismo no es duradera si la cultura no hace parte principal de la estrategia.