Columnistas
Nueva Clínica San Sebastián: mucha tela para cortar.
Las recientes noticias sobre el posible cierre de la Nueva Clínica San Sebastián (NCSS), que por ser recientes no son nuevas, me han llevado al cuento memorable de Gabriel García Márquez, en donde una paranoia colectiva, iniciada por una anciana, que con solo comentar su presentimiento, logró desocupar el pueblo.
El cuento se llama «Algo muy grave va a suceder en este pueblo», y aunque no es un plagio grosero de lo que sucedió en esa historia, si hay algunos matices que acercan a Girardot a ese «pueblo pequeño» del que nos relata el nobel de literatura.
Si bien se ha entregado información, incluso con algunos titulares estrambóticos, sobre el posible cierre de la clínica a través de un comunicado oficial, no se ha dicho con claridad y explicadito, que también existe la seria posibilidad de que suceda un cambio de razón social. Es decir «requetebautizarla».
Porque bien diferente que es un cierre definitivo, sin posibilidades de una nueva empresa, a que exista la probabilidad real de que el cese que se anuncia como catastrófico y definitivo, sea de unos cuántos días o semanas, si acaso.
Existen razones para creer que así tiene que ser. Como primera medida dudo mucho que una inversión multimillonaria reflejada en la infraestructura y equipos de alta tecnología vaya a desecharse agravando más la situación económica que informa el comunicado. Desde la óptica de los negocios, no existe explicación lógica para agrandar el hueco.
Como segunda medida, está confirmada la intención de que una nueva empresa continúe con la operación en las mismas instalaciones en donde funciona la NCSS.
Un tercer punto que asegura de alguna manera la llegada de un nuevo operador, es que la directora administrativa de la NCSS, Magda Valeria Méndez Caicedo, aparece como suplente en la organización administrativa de la nueva firma que insinúa asumir el negocio. Hecho nada insignificante si se tiene en cuenta que se ha venido diciendo, incluso con el acompañamiento de alguno de sus directivos, que cerca de ochocientas familias quedarían sin empleo, y doscientas más que hoy derivan su sustento de empleos indirectos.
La misma funcionaria nos ha manifestado que integrar como suplente la parte administrativa de la nueva firma no debe prestarse para suspicacias, sino que por el contrario es una solicitud del doctor Castillo al nuevo operador: «El doctor Castillo lo que solicita a los nuevos operadores que tomen la clínica es, por favor, contraten a todo el mundo porque él no quiere dejar a nadie, obviamente, sin su sustento».
No quiere decir todo lo anterior, entonces, que aquí no está pasando nada. No es mi intención. Este tema hay que sopesarlo principalmente desde la angustia de las personas que hoy se encuentran en estado delicado de salud y es perentorio contar con los servicios de la NCSS.
Hay que dimensionarlo desde la penosa experiencia del familiar o amigo, que sufre por lo apremiante de la situación, dependiendo si se trata de una hospitalización, o de exámenes pendientes para obtener un diagnóstico oportuno. ¡Ellos viven una experiencia diferente!
Por eso no acompaño la posición equivocada de la secretaria de salud de Cundinamarca en la rueda de prensa del jueves 11 de abril, cuando manifestó, después de hacer un revelador inventario de camas del municipio de Girardot, que «Lo importante en esta rueda de prensa es que quede claro que la comunidad que está afiliada y tiene una prestación de servicios, en Girardot, hay disponibilidad de IPS privadas [...]».
El Registro Especial de Prestadores de Servicios de Salud (REPS), determinó en el 2018 que en las clínicas y hospitales del país existe en promedio 1.7 camas por cada 1000 habitantes. En su lugar, Index Mundi nos ubica con 1.5 camas, codeándonos con Laos, Siria, Yibuti, Méjico o Perú. ¿Así considera la secretaria que a Girardot le sobran las camas de la NCSS?
Pretendió restarle importancia a las que dejarían de funcionar en la NCSS en caso de su cierre definitivo, enumerando las de las otras instituciones de salud; logró todo lo contrario: a través de reglas de tres simples demostrar el altísimo porcentaje de camas que quedan por fuera del sistema.
Según su débil análisis, tomando camas para adultos, cuidado básico neonatal, cuidados intensivos adultos, cuidados intensivos neonatal, cuidados intensivos pediátricos, cuidados intermedios adultos, neonatal y obstetricia, determina que la ausencia de 126 camas en los diferentes órdenes, a excepción de neonatal y cuidados intensivos pediátricos, de los que no hizo mención con respecto a la NCSS, no tiene importancia frente a las que están en funcionamiento.
Pues debo decirle que corresponde a un promedio de 43.4% de camas que no tendrá el sistema en el sector. Traduciendo lo que ella pretendió explicarnos a los provincianos, significa que en un país en donde cada 1000 habitantes tiene en promedio 1.5 camas, que dejen de funcionar 126 en un municipio de 130 000 habitantes aproximadamente, con población flotante por su «vocación turística», y con municipios y veredas vecinas en su área de influencia, no tiene importancia. ¡Falso!
Por su cargo debería saber que una sola cama que haga falta en un sistema de salud tan raquítico como el de Colombia, es dramático.
Ser respetuoso, secretaria, no solamente es hablar bajo y con buenos términos. Ser respetuoso también es no creer que se está frente a un auditorio ignorante que no tiene la capacidad de analizar cinco cifras. ¡Perder el 43.4% de camas en el sector, sí es preocupante!
Y olvidó nombrar los servicios que únicamente los presta la NCSS: hemodinamia, tema de marca pasos, cirugía cardiovascular (atención integral), medicina nuclear y endocrinología. Ni de la posibilidad a futuro de un centro de oncología.
No se trata de que la gente «huya en un tremendo y verdadero pánico», pero tampoco se trata, y es inaceptable, que desde la gobernación se utilicen distractores para ocultar la incidencia del problema.
Todo en su justa medida, sin alarmarnos y tomando cada noticia con equilibrio y responsabilidad; pero exigiéndole a los entes involucrados, respeto por los pacientes, por la ciudadanía y por los medios de comunicación, con la información que suministran.
El pueblo no se va a acabar, pero hay que atender con urgencia, responsabilidad, seriedad y honestidad la situación.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Ser respetuoso, secretaria, no solamente es hablar bajo y con buenos términos. Ser respetuoso también es no creer que se está frente a un auditorio ignorante que no tiene la capacidad de analizar cinco cifras. ¡Perder el 43.4% de camas en el sector, sí es preocupante!