Columnistas
Ni los colegios oficiales se salvan de la debacle en Girardot
Lo único que faltaba en esta casi ciudad puesta a merced de la negligencia administrativa oficial, sucedió el día de ayer: que la comunidad educativa de un colegio público (estudiantes, padres y profesores) tenga que plantarse enfrente a la asquerosa fachada de la Alcaldía de Girardot a reclamar seguridad para la integridad física de los que allí interactúan.
Muchas de las Instituciones Educativas de la casi ciudad presentan serias fallas y daños estructurales, que, por no existir un concepto técnico sobre la gravedad de ellas, como en el caso de la Policarpa Salavarrieta en el barrio Kennedy, por una preocupación válida de la comunidad se ven obligados a la evacuación de un número importante de estudiantes, trayendo consigo un cambio inesperado y negativo en la dinámica de sus actividades curriculares.
Claro, podría solazarme denigrando inmisericordemente del grisáceo, y en mala hora alcalde electo de Girardot. Pero eso solamente facilitaría para que, con su astucia reconocida y patentada, saliera a declararse víctima de los «seudoperiodistas», evadiendo sistemáticamente su responsabilidad como primera autoridad de la casi ciudad.
Entonces fui a la raíz de la noticia. Entrevisté al rector encargado de la Institución Educativa Policarpa Salavarrieta. Lo encontré junto a la pálida y huérfana Plaza Banderas de Girardot, con un micrófono en la mano reclamándole a la Administración Municipal atención para el establecimiento en donde es rector encargado.
Por el profesor William Leonel Delgado Moscoso nos enteramos de que, desde el viernes 23 de marzo, un día después de que se descubriera un agrietamiento en la placa del segundo piso del bloque D, se informó y alertó no solamente a la Secretaría de Educación, sino también a Prodesarrollo, Secretaría de Infraestructura, y por supuesto, al despacho del alcalde Lozano sobre la situación.

Con claridad señala el señor rector que el único funcionario que respondió a tiempo, debo entender oportunamente, fue el secretario de Educación. Advirtiendo que «la tarea de él se vio truncada porque cada vez que da una solución, alguien en otro departamento, en otro despacho, en otra instancia dice que no se puede hacer […] que falta la firma de alguien, que falta que otra persona lo acepte, que otra persona lo apruebe, que otra persona lo verifique».
De esa manera han transcurrido 27 días sin solucionar una situación que afecta notablemente el deber académico y complementario de los estudiantes.
Con el fin de «no vulnerar el derecho a la educación», la decisión que se adoptó fue trasladar a los jóvenes de secundaria a los salones de la jornada de la tarde, que corresponden a los niños de transición y primaria, provocando la primera afectación; el uso indebido de un mobiliario diseñado para niños de corta edad, por jóvenes adolescentes con contextura física más robusta, con todo lo que esto implica.
Una segunda afectación, dice, es que los estudiantes de secundaria que han tenido que trasladarse al horario de la tarde, se han visto privados de realizar su deber complementario como lo son las escuelas deportivas o las de artes; para ellos ya no es posible ensayar o entrenar porque esos espacios no existen en el horario de la mañana.
Y lo que le parece más grave aún a Delgado Moscoso, es que «[…] los estudiantes de grado 10° y 11º tienen articulación con el Sena. Es la media técnica que se nos ofrece, se hace por la tarde. Al estar por la tarde, por la mañana automáticamente se complica, ¿por qué? Porque no hay salones donde colocar los estudiantes».
Pero el daño colateral por utilizar prestadas las sedes de primaria no se queda únicamente allí; resulta que afecta la extensión o tiempo de duración de las jornadas, lo que indeseablemente hace que los adolescentes tengan que terminar su día estudiantil cuando ya hay oscuridad. Alerta que, «la oscuridad de manera natural se presta para otras situaciones. Son muchachos entre los 10 y los 18 años, que salen de la sede República de Colombia, sede Kennedy, sede Central, a sus casas. Pero presas de cualquier avivato que quiera envolverlos en sus discursos, en sus narrativas, digamos, no coherentes con lo que queremos hacer con los proyectos de vida de nuestros estudiantes».
Y con lo de más allá y con lo de más acá, se están afectando a 650 estudiantes, que son aquellos que han sido trasladados a la jornada de la tarde. Pero, considera, que indirectamente se ha tocado a 1000 niños de primaria. Porque los elementos, herramientas didácticas, mobiliarios no fueron diseñados para jóvenes con ese tipo de contextura física. Agravando la situación que los salones de primaria tienen capacidad para máximo 30 estudiantes, pero en el caso de secundaria puede hablarse de 43 estudiantes por salón, como en el caso del grado 10°.
¿Imaginen ustedes cómo se acomodan 43 adolescentes en donde solamente caben 30 niños?
Pero lo más irónico de esta situación es que la solución que están esperando hace 27 días no tiene que ver con dinero. «[…] no estamos pidiendo ni un solo peso. Nosotros con el presupuesto escaso del Colegio haríamos la reparación, ya hasta hicimos la cotización. […] Lo que necesitamos es que haya una firma de un experto […] que vincule a la Administración Municipal», con el fin de que entregue un concepto técnico sobre lo que se debe hacer en la estructura fracturada, explica el rector encargado. Con la tranquilidad de saber que todos los arquitectos e ingenieros externos que han ido hasta el lugar a entregar su concepto, no oficial, han afirmado que no es necesaria una «intervención gigante», que la solución es muy sencilla.
¿Será que al alcalde Lozano no le interesa el problema porque el valor de la reparación, aparentemente, es insignificante? O porque contrario a lo que publica su Oficina de Prensa, ¿la educación y el bienestar de los niños de Girardot le importan menos que nada? ¿O será tal vez, que como en muchos otros casos, no tiene ni idea de lo que se está hablando?
De cualquier manera, es una tragedia que, hasta los estudiantes de Instituciones oficiales tengan que verse perjudicados por la insistencia de una negación a gobernar con eficiencia y eficacia, uno de los principios rectores del buen gobierno.
Acierta el rector encargado de la Policarpa Salavarrieta cuando dice que, «La situación es tan simple, tan exageradamente simple, que ya toma visos de absurdo».
Absurdos, parecen ser el común denominador de este gobierno.
Adehala: Hay que recordar que hace pocos días el equipo de Gestión del Riesgo en Girardot clausuró el ingreso a los baños de la Institución Educativa Nuevo Horizonte, también por fallas estructurales.
*Condecoración «Periodismo Vivo Antonio Nariño» 2023, Mejor Columna de Opinión.
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Agravando la situación que los salones de primaria tienen capacidad para máximo 30 estudiantes, pero en el caso de secundaria puede hablarse de 43 estudiantes por salón, como en el caso del grado 10°.