Columnistas
Los caños sin norte
Se reinician las obras de los Caños del Norte con más incertidumbres que certezas. Después de nueve meses de inactividad el reinicio no es prometedor, y sí en cambio, deja más al destino que a la planeación la posibilidad de su terminación.
Si bien es una de las obras más importantes que se han proyectado en Girardot en las últimas décadas, también lo es la paquidermia con la que se ha venido adelantando; tanto así que completamos cinco años sin que se haya podido llegar a su finalización, y lo que es peor, sin que hoy exista la convicción de que terminará en los cinco meses siguientes para los que se contrató la interventoría.
Durante este quinquenio se han fabricado pretextos y excusas para evadir responsabilidades y justificar hechos inexplicables, o al menos para quienes no gozamos de la sapiencia suficiente, incomprensibles.
Dejemos de lado el tema del invierno como uno de los obstáculos; es una pataleta que ya no convence y es hasta ridícula al entrar a explicar los motivos que han conducido a un atraso que supera cualquier cálculo racional. La fábula empresarial no puede ubicar a Girardot como una población de alta pluviosidad para derivar de este fenómeno consecuencias que son más administrativas que climatológicas. De doce meses, hemos llegado a sesenta meses, y todavía no está despejado el camino.
Por otra parte, el tema de la interventoría es algo que no ha sido posible entender con claridad: ¿era necesario suspender la obra nueve meses para asignar el interventor? Entonces la primera excusa resulta ser el interventor.
Pero después de esto llega un tema primordial, imposible de ignorar: el dinero. ¡Cuántas veces se escuchó que la obra se suspendía por falta de recursos económicos! Pero claro, nadie autorizado salió a los medios a desmentir o aseverar; nadie sale a explicar con plastilina cómo es que una obra calculada en 14 000 millones de pesos se puede quedar sin efectivo en la mitad del camino.
Pero luego, según información de primera mano, en la auditoría del 17 de mayo de 2018, se anunció la adición de recursos por 2800 millones de pesos para su finalización. Dineros que ya el Departamento para la Prosperidad Social (DPS) había aprobado desde el 2016.
Hoy, en el 2019, estamos hablando de una disponibilidad de 1600 millones de pesos, sin que los restantes 1200 millones se encuentren en caja garantizando la continuidad ininterrumpida de la obra.
Puede ser cierto, como lo dijo Mildred Carvajal, la supervisora técnica de EnTerritorio, que el dinero existe porque tienen la apropiación. Pero como esto va más allá de una discusión semántica, es claro que, si hay que esperar la liberación del dinero, como ella mismo lo explicó, subrayando que «es un proceso bastante largo», pues en la práctica no tenemos los fondos disponibles para cuando se requieran. Porque el dinero es útil, como en este caso, cuando se necesita. No después.
Con plastilina: si el dos de diciembre, que se cumplen los cinco meses del contrato, no han liberado el dinero «de otros proyectos y de otras liquidaciones», puede presentarse «una posible suspensión del contrato de obra».
Las excusas de las que hablo al inicio de esta columna no pueden ser entregadas a la ligera, y mucho menos ser aceptadas tan a la ligera. Son temas técnicos, puntuales y demostrables, que no soportan argumentos zigzagueantes ni volátiles.
Es decir, la culminación de la obra no está garantizada en cinco meses. Hoy todavía el canal se encuentra completamente sucio y sin recuperar; dice el ingeniero de Infraestructura que se iniciaron obras el cuatro de junio, con inconvenientes en el funcionamiento de alguna maquinaria. Pregunto: ¿no existía ninguna posibilidad de aprovechar algunos meses de los nueve de suspensión, para que cuando el contratista reiniciara encontrara avanzada la recuperación del caño?
Inconformismos con las actas de vecindad, solicitud de señalización vial, preocupación por el cierre de vías alternas importantes y el tránsito de vehículos pesados por la vía ya construida, son los reclamos y las quejas que la comunidad presentó el 2 de junio en la auditoria visible que se realizó en el salón comunal del barrio Santa Rita.
Hablamos el dos de diciembre.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Por otra parte, el tema de la interventoría es algo que no ha sido posible entender con claridad: ¿era necesario suspender la obra nueve meses para asignar el interventor? Entonces la primera excusa resulta ser el interventor.