Columnistas
La Reina y las bestias
Con la elección de la nueva Señorita Girardot 2022-2023 puede abrirse nuevamente la discusión de la conveniencia o no de los reinados de belleza. Así muchos, tratando de aparecer espiritualistas defiendan a ultranza que la belleza interior es la importante, aunque el común denominador en los desfiles sean los escotes, las transparencias y los trajes de baño.
Pero como no quiero aburrir a mis lectores con banalidades, evitaré escribir un tratado sobre la historia de los reinados de belleza, que al parecer tienen sus inicios en el libro bíblico de Ester, en el Antiguo Testamento.
Pero sí es oportuno discutir la conveniencia de estos eventos en casos específicos, como la recién elegida soberana de Girardot, dado el caso del lugar que representa: el barrio Portachuelo.
Porque, a decir verdad, lo ideal es que la corona alcanzada por la candidata Tatiana Rivera como Señorita Girardot 2022, traiga como consecuencia inmediata que las autoridades municipales, empezando por el alcalde Francisco Lozano Sierra, recuerden que a escasos kilómetros antes de ingresar al exclusivo sector del condominio El Peñón existe un barrio al que nunca alcalde alguno lo ha tenido en cuenta para invertir en su desarrollo urbano, y mucho menos, para darle bienestar y progreso a su comunidad.
Hay que preguntarlo: ¿de qué le puede servir a esta población arrinconada en uno de los sectores olvidados de Girardot tener una reina de belleza, pasajera, si no se llama la atención del gobierno municipal sobre lo fundamental? ¿Si persisten las deficiencias en sus vías de acceso y malla vial que se encuentran prácticamente destruidas en un ciento por ciento? Es uno de los barrios más deteriorados y atrasados urbanísticamente del pueblo.
No marcó diferencia que por enfrente hubiera pasado el progreso, mirándolos de soslayo, que era lo que significaba en ese entonces la construcción del condominio y el Hotel Lagomar El Peñón. El desarrollo que apuntaba en una curva ascendente hacia este nuevo emporio urbanístico fue contrario, casi ofensivamente, para los pobladores que recién salían de las labores del campo para convertirse en «la mano de obra de los constructores y oficios varios del Hotel Lagomar El Peñón y el Condominio Campestre», como lo escribió en el 2016 la artista Norma Victoria Varón Caicedo en un articulo en Plus Publicación titulado «De lo Rural a lo Urbano: Calle 48 de Portachuelo». De sus habitantes escribió que eran «gente buena, guapa, brava y servicial».
Mientras se trazaban planos y se extendía sobre el terreno una vía asfaltada que iniciaba desde el sector conocido por la mayoría de los taxistas como El Arco, hasta muy adentro, en donde un lago inimaginado en Cundinamarca deslumbraba en artículos de revistas y periódicos prestigiosos de circulación nacional, al costado derecho entrando, hoy en día no se aprecia de ninguna manera cómo ha influido para ellos el crecimiento y desarrollo que se vive a pocos metros de allí. ¿En dónde quedaron las administraciones municipales con la inversión social para esta población, girardoteña también?
No se ha tenido en cuenta mejorar las condiciones de vida de muchas de estas personas ni ayer, y mucho menos hoy. Lo que en otrora época fueran cultivos de algodón y millo, y la cría de ganado vacuno, porcino y chivos, hoy es una fila larga de vías deterioradas, varias de ellas sin pavimentar, y lotes baldíos convertidos en escombreras y basureros públicos contaminantes.
Cómo será de invisible para los gobernantes que ni siquiera tiene cabida en los empréstitos que a menudo adquieren las Administraciones, como si Portachuelo no perteneciera al Municipio, o, por el contrario, contara con todas las ventajas urbanísticas y de seguridad ciudadana que pueda pretender cualquier habitante que pague sus impuestos para verlos revertidos en su comunidad. De eso no hay tal.
¡En buena hora la reina de Girardot es del barrio Portachuelo! Que no sea únicamente una corona y un cetro lo que reciba esta comunidad, sino también la atención de gobierno y autoridades para entregarles lo que durante tantas décadas les ha sido negado.
Porque no es posible que se tenga anfitriona para el Reinado Nacional del Turismo (RNT) desconociendo, adrede o por ignorancia, que el turismo está concebido por la misma Organización Internacional del Turismo (OIT) como una actividad que contribuye al bienestar económico, «depende de la calidad y de las rentas que el turismo ofrezca». Así las cosas, sería vulgarmente ofensivo que mientras se habla de $1500, 2000 o $3000 millones de pesos que pueda costar la realización del reinado local y el RNT, la comunidad no reciba un solo peso para su bienestar.
Porque la pregunta que se realiza cada doce meses es incompleta; es preguntar cuánto vale el evento, pero también de qué manera se refleja en la economía de los comerciantes y del Municipio, ofreciendo mejores condiciones para su calidad de vida.
No puede seguir aceptándose que el turismo en Girardot continúe siendo atendido y representado por personas que no lo conciben como un negocio legal y decentemente rentable, sino como un momento de recreación o distracción que solamente demanda gastos, sin que se tengan cuentas claras de cuánto representa en dólares, o en el peor de los casos en pesos, las ganancias que la casi ciudad y sus habitantes perciben por su explotación.
La reina es Tatiana Rivera…las bestias, que cada quien concluya.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
Así las cosas, sería vulgarmente ofensivo que mientras se habla de $1500, $2000 o $3000 millones de pesos que pueda costar la realización del reinado local y el RNT, la comunidad no reciba un solo peso para su bienestar.