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La ética periodística pierde un prócer con la partida de Javier Darío Restrepo

La ética periodística pierde un prócer con la partida de Javier Darío Restrepo

La muerte de Javier Darío Restrepo representa una pérdida invaluable para el periodismo colombiano.  En él se concentraba la dedicación de muchos años por explicar el por qué la importancia de la ética en el periodismo.

Perderlo a él significa sin lugar a dudas, un vacío que se cierne no solamente sobre las nuevas generaciones de periodistas, sino sobre aquellos que, aun ejerciéndolo, ignoran el peligro del país cuando sobreponen sus necesidades, conveniencias e intereses personales al ejercicio decente y digno de la profesión.

Ochenta y siete años, de los cuales dedicó 60 o algo menos a la práctica del periodismo, la creación literaria, la lectura constante, su preocupación por la ética periodística, y cómo no recordarlo, a la práctica de la reportería como la forma más importante y pura del periodismo, para acercar la audiencia a la verdad informativa.

Era la investigación, el rigor, la contextualización, la argumentación, elementos que alimentaban sus días como reportero, muchas veces exponiendo su vida con tal de llegar hasta el punto de la noticia, y colocarla sobre la mesa del comedor de cualquier hogar, sobre los números del más desprevenido ejecutivo, o en la radio del bus que hace mil paradas para llegar al lugar más lejano de la ciudad.

Al morir Javier Darío, siento que hoy más que nunca la ética en el periodismo colombiano va a estar más expuesta a la intrascendencia. Hay olor a complacencia y complicidad; a desgreño, a laxitud; a ceguera voluntaria; a permisividad nociva, a la publicidad por encima de la verdad.  Y esto porque nadie como él, al menos visiblemente, ha dedicado gran parte de su vida a establecer con claridad y persistencia la necesidad de un periodismo serio y transparente, en donde la credibilidad es el bastión, la joya a proteger, la carta de presentación que señala la diferencia y da la tranquilidad de estar bien informado.

Todo lo anterior puede ser apocalíptico e increíble, traído de los cabellos.  Pero no.  Me he encontrado con medios de comunicación «serios» plagiando noticias y fotografías, para ponerlas en circulación bajo su nombre.  También aficionados al periodismo, desde una página de seguidores (fan page), plagian información, investigación, recursos económicos, esfuerzo, explicando luego de ser descubiertos que robar la autoría de una noticia es normal dentro del medio, «porque todos lo hacen».  Hay una pregunta obligada ante esta verdad amañada y corrupta: ¿todos?

En alguna ocasión escuché en una reunión a algunos egresados de periodismo preguntar no por la calidad periodística de sus medios de comunicación, sino por la cantidad de sus seguidores, para escuchar una verdad desalentadora y a la vez aterradora de uno de los participantes; joven y recién salido de las aulas: «¡Nunca imaginé que los muertos trajeran tantos seguidores!».

Ante conceptos como estos hace falta al menos una persona con autoridad, como Javier Darío Restrepo, para que le indique a los recién egresados que no son los muertos en la primera plana la prioridad de la noticia ni el deber ser del periodista.  Que es la calidad de su trabajo, basado en investigación y respeto por la verdad.

Un hombre del talante profesional y literario de Javier Darío Restrepo, que les señale a todos aquellos que intentan hacer periodismo robando las noticias de otros medios, que no es así como se interpreta la ética, ni la honestidad.  Que cuando se recurre a estas conductas delictivas se está expuesto, penal y moralmente, a ocupar espacios al lado de ladronzuelos, estafadores y truhanes; y que no es la muerte como primicia preestablecida, adrede y morbosa la que debe utilizarse para lograr más likes y conseguir más seguidores, sino la pulcritud en la información, entregada con responsabilidad, respeto y sensibilidad.

Un adiós sentido y profundo a la partida de Javier Darío Restrepo; una parte importante de la ética del periodismo en Latinoamérica ha partido.  Dios quiera que su legado perdure y se reproduzca como su bondad, integridad y sapiencia.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.