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Girardot, en caída libre hacia la decadencia

Girardot, en caída libre hacia la decadencia

El escándalo político más reciente en Girardot compromete a dos jóvenes «promesas» de la casi ciudad. Nada más y nada menos que al presidente del Concejo Municipal del 2022, Jhonatan Gómez Parra, y al recién posesionado consejero de juventud, Cristian Camilo Gutiérrez Grimaldo, ambos entre los 25 y 35 años de edad.

Un tema como este no puede pasar inadvertido sin ser analizado, sopesado, dimensionado, alertando con un rojo intenso que algo demasiado grave se está cerniendo sobre la ciudad sin las acacias. El mismo día en que se instala el primer Consejo Municipal de Juventud en Girardot en toda la historia política del país, un joven de 25 años de edad pone en entredicho la imagen del presidente del Concejo con una acusación tan grave como la de un secuestro simple. ¡No hay duda de que son palabras mayores!

Ya veía con malos ojos cómo se desenvolvía el caso Escobar ─ Villalba, después de que la Fiscalía General de la Nación con un titular a la usanza de los medios de comunicación amarillista tituló, «Primer gran golpe contra la corrupción: Fiscalía capturó al alcalde y exalcalde de Girardot (Cundinamarca)», anunciando las capturas de Diego Escobar Guinea y César Fabián Villalba Acevedo, presuntamente por los delitos de concierto para delinquir, constreñimiento al sufragante, corrupción de sufragante y peculado por apropiación.

Era de suma importancia para el futuro político y social de Girardot que la Fiscalía, en un proceso expedito y transparente, con sus pesquisas y seguimientos tecnológicos, hubiera determinado claramente la culpabilidad o la inocencia de ambos investigados. Pero haber alcanzado la libertad por vencimiento de términos sin que se conociera, creo que, hasta hoy, la verdad que los sentenciara o absolviera, fue el peor signo que pudo recibir la sociedad de la casi ciudad por parte de un sistema judicial lento y permisivo, que entre líneas y sin intención alguna, alienta a delinquir porque «acá nunca pasa nada».  Por algo en el Índice Global de Impunidad 2020, Colombia ocupó el puesto 49 entre 69 países del mundo.  

Hay una percepción parcializada de que las «ías» no actúan con la celeridad, eficacia y eficiencia que propiciarían denunciar hechos de corrupción. Así opinan varios veedores y ciudadanos del Municipio; hemos escuchado en grandes auditorios de Girardot a representantes de algunos entes de control llegando en sus corceles blancos prometer justicia y severidad sobre temas que después de muchos años no se han aclarado.

Los girardoteños no deberían quedar impávidos ante una situación que advierte un funesto presagio para la casi ciudad, menos cuando sucede en un escenario que supondría renovación, carácter, respeto, ética, moralidad, si hablamos de juventud.

No es un buen antecedente para la política de Girardot, ni para Girardot, que, sin haberse realizado la primera sesión del Consejo de Juventud, se escuchen voces tan altas insinuando delitos de tal alcance.

Igual de grave es la versión de cualquiera de los dos implicados. Porque si las autoridades encuentran que Cristian Camilo dice la verdad, pues sería una mácula inmensa no solamente para a quien acusa, sino también para la Corporación que preside, que por relación directa recibiría de frente tan desafortunado hecho.

Pero si en cambio la Fiscalía determina que la supuesta víctima incurre en un falso testimonio, sin considerar las consecuencias penales, se clavaría una franca y mortal estocada a la credibilidad no solamente del Consejo Municipal de Juventud, sino también a la promesa tácita de que los jóvenes son el presente y futuro, en este caso de Girardot, sin que los hechos ratifiquen más que una hipótesis, un sueño que se resquebraja lentamente. No se puede olvidar que en Colombia solamente el 10% (1 200 000 jóvenes) asistió a las urnas a elegir a los representantes que serían los veedores de sus derechos, mientras que el 90% por alguna razón ignoró la invitación.

Escuchar la versión de algunos consejeros y exfuncionarios de la Alcaldía señalando a viejos politiqueros avezados, o jóvenes descriteriados intentando influir en la elección del representante del Consejo de Juventud a la Asamblea de Cundinamarca el día de su instalación (18.01.22), advierte, que de ser ciertas, de nada sirve que se abran espacios a los muchachos que comienzan a despuntar, si sus mentores son los mismos que una y otra vez aparecen en el panorama político con la carga de la corrupción a cuestas.

La decadencia de los pueblos a través de la historia no se ha dado de un tajo y de manera esporádica, sino que, por el contrario, ha existido un lento y permanente deterioro moral, administrativo, fiscal y político, entre otros, que los ha llevado a la destrucción. Que el pueblo se acostumbre a los vicios y actos corruptos, no significa que estos no estén horadando, erosionando, carcomiendo las entrañas de la gobernanza y la sociedad.

Tal vez no lo vean, pero la casi ciudad de hoy es una Girardot decadente desde hace más de dos lustros, en donde casi todos parecen tener el precio justo para canjear por sus opiniones o posiciones, que al final producen los votos necesarios para seguir acomodando a dos o tres familias que continúan disputándose estas cuatro calles destapadas, voraz y descarnadamente. La pregunta es, ¿cuál es el gran tesoro que esconde Girardot, que, a pesar de tantos piratas y asaltos a plena luz del día, no se agota, y siguen disputándoselo a toda costa, involucrando ahora en sus vulgares ambiciones a los jóvenes?

El precipicio de Girardot es demasiado profundo. Cada día se precipita vertiginosamente sin tocar fondo, con escándalos y situaciones comprometedoras, sin que provoquen una reacción colectiva que intente corregir el curso equivocado que la brújula de los corruptos le señala.

A propósito del tema, se equivocan algunos funcionarios cuando relacionan la palabra corrupción únicamente con el concepto de malos manejos de dinero. Según el Código Penal colombiano hay vigentes siete delitos contra la administración pública: peculado, concusión, cohecho, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, prevaricato, utilización de asunto sometido a secreto o reserva, y utilización indebida de información oficial privilegiada. Pero se asustan cuando alguien menciona la palabra corrupción en alguna de las instituciones en donde trabajan, o en un medio de comunicación, como si todos pudieran responder por todos.

Es inevitable que los pueblos tengan ancianos corruptos, pero la sociedad sí debe encontrar la manera de salvaguardar a sus jóvenes para enderezar el camino. De no ser así, en la casi ciudad la decadencia será dominante, y la reconstrucción lenta, incierta y costosa.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.