Identidades

Una nueva historia tiene para contar la Biblioteca del Banco de la República en Girardot

Vecino ocasional de un sector importante en la historia de Girardot, desde donde la leyenda del Mohán se amalgama caprichosa con el silbido agudo de esa máquina negra gigante fumando, el Banco de la República se reubica, con esta ambiciosa obra de restauración, en un sitio privilegiado de la arquitectura girardoteña.

Una nueva historia tiene para contar la Biblioteca del Banco de la República en Girardot

Para hablar del Banco de la República en Girardot necesariamente hay que viajar hasta la época en que las acacias rojas y amarillas, desde sus pétalos impredecibles cortejaban coquetas a lo ancho y largo de los andenes.

Era la época del Camellón del Comercio y las primeras ferias ganaderas del país realizadas en la ciudad. Una ciudad, que sorprendida por su impulso e influencia comercial sobre un importante sector del país tuvo el privilegio de acoger en pleno centro de su corazón la presencia del banco Emisor.

Deslumbraba la prímula en Girardot, cuando el aroma del café llegaba nadando por el río Magdalena, y los hidroaviones acuatizaban repletos de futuro como señal innegable de su importancia económica y cultural de la nación.

Avanzaba el año de 1928, cuando el primero de noviembre se daba apertura a la Agencia del Banco de la República, gerenciada entonces por Rafael Franco, con Julio Caro como gerente general.

Transcurridos 34 años después, con un crecimiento económico y social sostenido y promisorio de la ciudad, la Agencia había madurado y estaba lista para convertirse en la Sucursal del Banco de la República; era el 24 de noviembre de 1962 cuando el comité ejecutivo junto al gerente general, Eduardo Arias Robledo tomaron la decisión. Se nombraba entonces la primera junta directiva de la Sucursal Girardot.

Hoy perduran erguidas las columnas que respaldan imponentes una construcción neoclásica, en donde el Emisor tuvo su primera sede, antes de ser trasladada a una edificación moderna el 21 de noviembre de 1981.

¿Quién diría que esa inédita e incipiente oficina que inició con un gerente, una aseadora, un cajero contador y una cuenta bancaria con $86.56, sería 92 años después el epicentro y reserva de la cultura, no solamente de Girardot sino de toda la región cercana en sus cuatro puntos cardinales?

RESTAURADO A LOS 38 AÑOS DE EXISTENCIA

Pero los avatares, que han golpeado persistentemente cada centímetro de las paredes grisáceas, hoy blanquecinas, que resguardan detrás de ellas arte y cultura, han maltratado el edificio obligando a una restauración más allá de su apariencia primera.

Previendo un desgaste general el departamento de Infraestructura del Banco de la República, con Alexio José Osorio Villegas como gerente de la Agencia Cultural Girardot, convocó a una licitación abierta para la recuperación de la fachada del edificio.

La arquitecta barranquillera Yamile Maida Luquetta recuerda que desde el 2017 este proyecto comenzó a rodar. Se contrató una firma de consultoría para que evaluara la condición del edificio, su estructura, sus cubiertas y otras situaciones que revelaron mucho más de lo que se percibía a primera vista.

No se trataba simplemente de rehabilitar y pintar el grano de la fachada para que conservara su tipología inicial, señala Yamile Maida, también era necesario recuperar las cubiertas que se encontraban en un estado de deterioro marcado reflejándose en las filtraciones que aparecían después de cada aguacero.

Se encontraron materiales obsoletos como el manto asfáltico impermeabilizando la cubierta del edificio; no existía un mecanismo que facilitara, por ejemplo, la limpieza externa de los ventanales, y por supuesto no había en ese momento un mecanismo seguro para el trabajo en alturas.

SE COMIENZA DESDE ARRIBA

Evidenciados todos los puntos para fortalecer o implementar, se realizó un diseño completo que empezó con la rehabilitación de las cubiertas.

Hablamos de 1900m2 de tela asfáltica removida y acompañada de la reparación absoluta del suelo de cemento impermeabilizándose con una membrana moderna. Una membrana hecha con polímeros, como lo indica la arquitecta, amiga de los rayos UV y del medio ambiente, que ofrece mayor duración en el tiempo.

Este proceso de impermeabilización también se dio en las jardineras, las que igualmente se encontraban deterioradas: en el momento de regar las plantas el agua depositada no drenaba adecuadamente. Fue el momento inmejorable para enviar un número de plantas a «descansar» durante cinco meses a un vivero; otras se obsequiaron al parque Bolívar, vecino inseparable por naturaleza.

EL VERDEAZUL DEL HORIZONTE

La rehabilitación de la fachada es el trabajo más notorio por encontrarse en la perspectiva del transeúnte. Lo más importante para Yamile Maida Luquetta era trabajar el granito, « […] para lograr en el momento de rehabilitarlo que se conservara el mismo grano. No matarlo (sic) con pintura ni productos con los que se perdiera la granulometría.

Entonces procedimos en un proceso de rehabilitación, […] con unos productos con el que resaltáramos el blanco del grano», pero con su textura original según la arquitecta.

Los ventanales también fueron tocados, sin excepción alguna. Ellos, cómplices del horizonte permiten que el verdeazul que llega desde el norte penetre brillante y sobrio al interior.

Un sistema importante que se implementó fue el de contra caídas, que viene a traducirse como el trabajo seguro en alturas.  Se instalaron 105 anclajes en toda la zona de las cubiertas y 2 rieles metálicos que van a fachada, con la posibilidad de que alguna eventualidad pueda ser atendida desde cualquiera de los dos frentes.

Todo completamente certificado custodiando un edificio moderno en cada uno de sus aspectos técnicos.

INVULNERABLE A LOS RAYOS

De las adecuaciones e innovaciones realizadas, una que merece un capítulo especial es el tema de los rayos. Sin ser Girardot una ciudad proclive por naturaleza a las tormentas, sí se puede decir que cuando aparecen, las descargas eléctricas logran intimidar por la infrecuencia de sus llegadas.

Al mecanismo que los evita lo llama la arquitecta, sistema de apantallamiento y contra rayos (SIPRA); el antiguo que tenía el Banco se ha modernizado. Se instalaron 14 bajantes del sistema a nivel de fachadas quedando todo el edificio «aterrizado» al 100%.

Maida Luquetta cuando se refiere al sistema, el que conocemos coloquialmente como polo a tierra admite que, « […] se hizo un trabajo artístico en ese sistema, porque lo canalizamos por dentro de los muros, de la fachada, para evitar algún riesgo […]». Quiere decir, que a diferencia de la mayoría de veces que se canaliza a 3.50 metros de altura, en este caso especial se canalizó de piso a techo, prácticamente 25 metros de altura, manteniendo la originalidad del granito.

Para entender algo sobre el trabajo artístico del que habla la arquitecta, hay que mencionar que canalizar es realizar una regata (hueco vertical) introduciendo el cable y sellándolo nuevamente siendo imperceptible a la vista.

Sobre la cubierta del edificio se instalaron 14 puntas de pararrayos e igual número de bajantes en la fachada, con 14 cajas en el piso « […] a donde llegan las varillas de polo a tierra».

UN PAISAJE MODERNO

Aprovechando el blanco deslumbrante que deja la restauración de la fachada, el paisaje cobra un protagonismo inesperado.

Las palmeras altas de siempre fueron retiradas por el tema de la impermeabilización y donadas al parque Bolívar. En cambio se sembrarán palmeras más pequeñas con una ornamentación repleta de color.

La intención es que en la zona de ingreso el colorido natural sea la alfombra visual de bienvenida para los visitantes. La idea es trabajar exquisitamente con suficiente color rojo o amarillo, contrastando con el verde esperanza de las palmeras.

LOS TIEMPOS DE LA PANDEMIA

Esta era una obra programada para realizarse en diez meses, pero por supuesto el tema de la pandemia aquí no fue la excepción. No se pudo laborar durante dos meses y medio, pero a pesar de esto la arquitecta barranquillera asegura que « […] el tiempo como lo llevamos, vamos a dar cumplimiento exacto al contrato».

Pero claro, para poder ganarle al tiempo perdido, e igualarlo en horas trabajo, fue necesario imprimirle fuerza los sábados y festivos sin tregua alguna.

Lo anterior quiere decir que de no presentarse ningún inconveniente repentino, la obra debe entregarse el próximo 15 de diciembre.

Se calcula que el 80% de los trabajadores que participaron en la rehabilitación del edificio pertenece a la región. Poblaciones como Flandes, El Espinal, Coello, Girardot, Ricaurte, tuvieron su representación en esta obra que marca un hito en la historia arquitectónica y cultural del territorio.

ÍCONO DE LA ARQUITECTURA EN GIRARDOT

Vecino ocasional de un sector importante en la historia de Girardot, desde donde la leyenda del Mohán se amalgama caprichosa con el silbido agudo de esa máquina negra gigante fumando, el Banco de la República se reubica, con esta ambiciosa obra de restauración, en un sitio privilegiado de la arquitectura girardoteña.

Ocupando ese envidiable rincón, el de la carrera 12 con calle 17, y de frente al parque que guarda la historia más vieja de la memoria local, se entroniza como el edificio blanco de la ciudad, el hito de Girardot, adjetivos con los que lo califica la arquitecta Yamile Maida Luquetta.

Para ella la misión está cumplida: « […] el motivo inicial de la reestructuración era salvar el granito. Salvar el tipo de arquitectura que tenía, […] la idea en este momento era recuperar el edificio porque esta es una ficha arquitectónica que hay que conservar».

Ella lo ha dicho, «queda un edificio para otros 38 años más».