Literatura

El escritor girardoteño Ricardo Infante escoge el río Magdalena para el lanzamiento de su novela «Pasteles de yuca»

Estoy, no digamos en contra, pero sí quería como quitar eso de la literatura que muestra la porno tristeza. O sea, esa literatura que al hablar de los niños tenemos que crear lástima porque vivimos en un país violento y entonces tenemos que poner al personaje en un mundo violento. El mundo de por sí es violento, pero yo tengo que proteger a mis personajes.

El escritor girardoteño Ricardo Infante escoge el río Magdalena para el lanzamiento de su novela «Pasteles de yuca»

En un sitio inusual y extraño para el lanzamiento de un libro, como lo es la Barca del capitán Rozo, por no ser el camino repetido de los transeúntes cansados y aburridos, y tener ese destello del agua chapoteando en medio de dos orillas, el escritor girardoteño Ricardo Infante ha decidido hacer el lanzamiento de su reciente obra literaria, «Pasteles de yuca».

Cuando Ricardo se refiere al alma del libro, de su síntesis breve pero definitiva, conocedor innato de sus personajes dice, con absoluta convicción, que es «la historia más girardoteña de todos los tiempos».

El lanzamiento de la novela en uno de los lugares emblemáticos de Girardot, como lo reconoce el escritor, será a partir de la cuatro de la tarde, de hoy jueves 22 de julio.

El motivo necesario para reencontrarnos con la literatura y el arte, en una provincia en donde la cultura se entristece, se fragua para atentar contra ella, estará acompañado del grupo girardoteño de música reggae «Los viajeros».

Una lectura dramática de algunos fragmentos del libro por parte de actores de teatro pondrán en evidencia al escritor y su obra, desnudando ficciones inexorablemente liadas con la realidad.

Y como un pequeño agasajo, «adivinemos qué se va a dar, ¡pasteles de yuca! ¡Eso es lo que vamos a dar!», exclama eufórico Infante.

El autor de Horror Vacuo, Taponazo, Aciclonamiento, Las baladas de los poetas marginales del Imperio, Postales a lo made un chino, El fogón de mis nonos, llega con toda su fuerza y rebeldía a presentarnos su más reciente creación literaria.

Plus Publicación ¿Qué tema nos trae esta vez Ricardo Infante con su nueva novela «Pasteles de yuca»?

Ricardo Infante ¿Qué hay detrás de la vida de un vendedor de pasteles de yuca?, un niño. Un niño que sale en un día laboral, porque la novela sucede en un solo día, y ese día este niño se aventura a conocer su ciudad, «Chivatar» en este caso. Porque en mis libros el pueblo imaginario en donde se desarrollan las historias es «Chivatar».

Entonces XL, que es el personaje (ahí les adelanto), sale y comienza a descubrir una Girardot y un Flandes fantástico, mágico, maravilloso, que solamente se ve a través de los ojos de la infancia pienso yo.

¿Por qué?, porque es que nosotros por ese afán de crecer se nos olvida muchas veces ese niño que llevamos dentro, y dejamos de asombrarnos con lo sencillo, ¡que está ahí!, en las narices de nosotros, pero que lastimosamente no vemos.

P.P. ¿Qué lo motivó a escribir este libro?

R.I.  ¿Qué me motivó? De niño, una tía mía que ya murió hacía pasteles de yuca, junto con mi primo que también murió, hijo de ella, y con mi abuela, (en memoria a estos tres personajes está escrita la novela). Ellas hacían pasteles de yuca y nos mandaban a nosotros a venderlos.

Pero hay otra cosa que también me motivó, y digámoslo si tiene algún mensaje, porque yo realmente me preocupo en mi literatura más por las imágenes literarias que por lo que puedan decir. Lo que pueda decir ya lo sabrá el lector. Pero si algún mensaje tiene «Pasteles de yuca» es precisamente que XL, el personaje principal, se da cuenta de que uno no debería lamentarse tanto en la vida y tomarse las cosas como tan a priori, porque las cosas en un segundo pueden cambiar. Y todo lo que pensó que era malo para él, por haber dedicado ese día a un día laboral, porque empieza a renegar de que cómo así que lo van a mandar a vender pasteles de yuca cuando empiezan sus vacaciones. Pues resulta que la vida en ese mismo día le enseña que todo lo que pensó que le iba a pasar malo resultó siéndole bueno.

P.P. ¿Existe un momento exacto, puntual, calculado, en el que decide iniciar a escribir este libro?

R.I. La novela está basada en un cuento que escribí en 1997. Un cuento que se llamaba en ese tiempo «El vendedor de empanadas». Pero diez o doce años después, con toda la lectura que tenía, me senté a escribirla en el ordenador.

Ese cuento en ese tiempo tenía cinco páginas, ahorita «Pasteles de yuca» es una novela de veinticinco capítulos.

En el 2010 o 2011 empecé a escribirla para un concurso en el que no participé precisamente porque ahí descubrí que la razón, digámoslo así, de uno como escritor, no tiene que ser el concursar precisamente, no estamos para concursar. Sí estamos para crear, pero una creación no tiene que ajustarse a un tiempo determinado por el simple concurso, ¡no!, uno tiene que gozarse.

Yo iba como en el cuarto capítulo y le dije a mi compañero, el que me dio el computador para que empezara a pasar mis textos: −No hermano, yo me voy a gozar esta novela.

Eso fue a los cuatro meses. de ahí para acá pasaron año y medio hasta que la terminé de estructurar, porque ya escribirla y darle un terminado sí pasaron más o menos unos ocho años.

¿Por qué? Porque «Pasteles de yuca» es el trabajo que más me ha exigido. Empezando, sus personajes principales son niños, entonces tenía que proteger los niños. Estoy, no digamos en contra, pero sí quería como quitar eso de la literatura que muestra la porno tristeza. O sea, esa literatura que al hablar de los niños tenemos que crear lástima porque vivimos en un país violento y entonces tenemos que poner al personaje en un mundo violento. El mundo de por sí es violento, pero yo tengo que proteger a mis personajes.

Entonces fue una novela que también me tomó mucho tiempo por el lenguaje. El lenguaje quería que fuera extremadamente sencillo, es decir, la novela no la construyo yo solo, sino que la novela la construyo a partir de los libros que también leo. O sea, de las grandes historias de esos grandes personajes de la historia de la literatura.

Traducir ese conocimiento que me sirva para sostener mi novela, pero en el lenguaje girardoteño y en el lenguaje de un niño. Entonces tenía que ser extremadamente sencillo, para que pudiera leerla un niño, la pudiera leer un viejo, pero la disfrutaran igualmente los dos.

P.P. ¿XL existe en realidad?

R.I. Tengo una situación muy curiosa y es una anécdota: yo estaba sentado ahí al pie de la Notaría Primera tomándome una gaseosa con unos amigos que ya conocen más o menos la historia, cuando pasó un niño con dos personajes, o sea, pasaron tres niños que hacen parte de la historia.

Pasó XL, llamémoslo así, vestido con su camiseta de fútbol que le queda regrande, y pasaron con un perro igualito a Pillo, que hace parte de la historia.

O sea que XL sí existe realmente (ríe), pero yo me lo encontré después de haber escrito la novela.