Opinión
Gustavo Petro Urrego
Quiero comenzar estas palabras, básicamente, pidiéndoles perdón; a ustedes, como representantes del pueblo, y al pueblo de Colombia. Por lo que ha acontecido en la UNGRD […] el señor Olmedo nunca fue una transacción política, […] él viene de la izquierda. […] Y por eso tengo que pedir perdón, porque yo fui el que lo puse allí, y en eso hay una responsabilidad política, […] y tengo que asumirla. […].
Así comenzó su discurso el presidente de Colombia en la instalación del Congreso de la República. Y aunque detractores y simpatizantes prefieran subrayar con negrilla su llegada tardía al desfile militar, restándole importancia a este acto de contrición inédito en cualquier presidente de Colombia, a no ser que fuera por orden de una corte internacional, sí es importante valorarlo y ponderarlo.
En otras situaciones han sido los mismos gobiernos los que se han silenciado y evadido responsabilidades políticas cuando han ocurrido casos de corrupción como el de Centros Poblados por $70 000 millones, o la muerte de niños en enfrentamientos entre fuerzas subversivas y el Ejército, llamándolos «armas de guerra».
Pedir perdón también significa elevar a su máxima expresión la dignidad y el respeto de quienes habitan esta Nación.