Ciudad

Año de elecciones. ¡Cuidado con las falsas ovejas!

Hace años «descachamos», cuando en mayoría elegimos alcalde y concejales que hoy nos llenan de desilusiones y arrepentimientos, dejan a nuestra Girardot sumida en grandes abismos, de los cuales, a futuro, será muy difícil salir.

Año de elecciones. ¡Cuidado con las falsas ovejas!

Comenzó el 2023, y, con ello, nacen las esperanzas de nuevos caminos para el desarrollo de nuestra ciudad, caminos que desde ya se vislumbran llenos de anuncios y promesas de aquellos, que, en octubre, buscarán llegar a los cargos de elección popular.

Abundarán los abrazos, las sonrisas, mientras que los habitantes de Girardot reclaman que no sea más de lo mismo… demagogia. Nos convencen, votamos, los elegimos y luego nos arrepentimos, mientras esta ciudad se desmorona poco a poco.

Hace años «descachamos», cuando en mayoría elegimos alcalde y concejales que hoy nos llenan de desilusiones y arrepentimientos, dejan a nuestra Girardot sumida en grandes abismos, de los cuales, a futuro, será muy difícil salir.

Llegarán los discursos donde anuncian que «lucharemos contra la corrupción», nunca nos dicen cómo, nunca nos muestran realmente cuáles son esas mágicas pócimas. Con ese programa fuimos a las urnas y nos salió muy caro ese remedio, nunca nos señalaron como lo harían, pero, sí nos mostraron cómo lo incrementarían.

Criticaron las «privatizaciones», fue lo primero que hicieron. Criticaron la designación de un gabinete con gentes de otras zonas del país, fue lo primero que hicieron.

Hoy, vemos un concejo con integrantes jóvenes, pero qué desilusión. Creímos en sus discursos donde criticaban a sus antecesores, por la forma como «los manejaban» desde el despacho del alcalde, los elegimos y hoy están desprestigiados, siendo manipulados desde el quinto piso del edificio municipal. Hoy, creo que nadie, conmigo a la cabeza, votaremos por ellos.

Un capítulo especial merece el alcalde, José Francisco Lozano Sierra, pero dejemos que retorne de sus vacaciones   para ocuparnos de su administración, de su “Girardot de Todos”.

Nosotros, periodistas, me incluyo en ello, también tenemos culpa de muchas de las cosas que afectan a la comunidad, por alguna o varias razones «comemos callados», cuando el diario acontecer de la ciudad reclama de nuestra parte serios pronunciamientos, nos hacemos a un lado, nos hacemos los que no vemos y luego nos lavamos las manos.

 En una entrevista publicada por el periódico El Tiempo el pasado domingo 15 de enero, el periodista, ex director de El País de España, Antonio Caño, señaló que «el periodismo no debe defender causas políticas ni de ningún tipo. Además, en esta polarización, las empresas más débiles han hecho a los periodistas más vulnerables, a toda la profesión más vulnerable ante el poder político».

Sea el momento para que todos, tirios y troyanos, nos unamos para que nuestra Girardot recupere la importancia que merece, los dirigentes a lograr consensos para soluciones reales a la problemática local que está sobre diagnosticada y a nosotros los periodistas a cumplir fielmente nuestra función social, lejos de la lisonja y la prebenda, viniere de donde viniere.

La comunidad también tiene la oportunidad de cambiar el rumbo que perdimos hace varios años, cuando en las urnas tengamos la posibilidad de escoger la persona que tenga la brújula más adecuada para llevarnos al norte que Girardot requiere, en este caso que sí sea para todos y no para unos poquitos.