Piel Adentro

El niño que monta en bicicleta pensando en Hollywood

Pensar que los niños también podemos hacer cosas grandes. Así como yo, hay miles de niños igual de talentosos y no han tenido el apoyo para decir, «ellos también pueden hacer el cambio por Girardot».

El niño que monta en bicicleta pensando en Hollywood

A inicios de este año fui, por aquellos hechos fortuitos, a la primera convocatoria de juventudes organizada por el sector oficial en el auditorio del Banco de la República en Girardot. De repente, en un instante de distracción, frente al auditorio se encontraba un niño que creo no superaba los 1.40 metros de estatura.  Llevaba sobre su camisa un chaleco beige que armonizaba con su pantalón largo y sus zapatos negros. Una boina, colocada con precisión sobre su cabeza y  de similar color al del  chaleco, le daba ese aire de «hombre culto» al que nos han acostumbrado los estereotipos.

Su intervención fue excepcional; con su voz infantil fue envolviendo al auditorio que por un momento guardó absoluto silencio. Cada gesticulación, cada movimiento de su cuerpo, acentuaba una frase y enfatizaba un argumento.

Inmediatamente nos miramos con Sandra Milena, mi hermana, y en silencio estuvimos de acuerdo que era inaplazable una entrevista con este niño que había aparecido de la nada. Luego de hablar con su señora madre, Lorena Ayala Hernández, acordamos una cita para la entrevista.

Una entrevista diferente, que permitiera conocer lo que piensa un niño común y corriente, lo que siente, cómo sueña, así algunos adultos menos inquietos intelectualmente los releguen con aires mentirosos de superioridad.

Una charla informal con Juan Esteban Novoa Ayala fue lo que resultó de todo esto. En donde pudo dar rienda suelta a sus ideas sin el temor de sorprender o preocupar, porque equivocadamente desde siempre se ha dado por hecho que los niños solamente comen, estudian, juegan y duermen. (Bueno, aunque algunos trabajan más que los adultos).

Hoy sé que no lo atemoriza el público, y que detrás de esos ojos inquietamente escrutadores vive en armonía el niño travieso y juguetón, junto al hombre que se forma reflexivo. Ambos creciendo en simetría. 

Sentado junto a su madre, a quien considera su más importante amiga, «porque ella es con la que yo más comparto, y ella me acompaña en todas las locuras que yo haga, ella es la que más habla conmigo», comenzamos una charla amena, en la que de antemano sabía que debía elevar el nivel de las preguntas por la capacidad que intuía de él.

SOY UN NIÑO

Hay preguntas llamadas «de cajón», pero que de no hacerse se puede estar dejando ir la oportunidad de conocer la esencia del entrevistado. En este caso puntual saber cómo se ve Juan Esteban frente al rol que ha asumido socialmente es importante: «Yo tengo una vida de niño, apenas tengo doce años, un preadolescente. Pero sigo siendo como niño. Lo que no me gusta es que mucha gente que yo le cuento todo lo que hago, que yo actúo, que canto, que pinto, que dibujo, todo eso, y la gente dice: “¡Ay!, pero es que usted no es un niño, usted está traumado porque nunca ha tenido vida de niño”. Pero el hecho es que sigo siendo un niño, sigo haciendo tontadas, sigo haciendo boberías, sigo haciendo las mismas cosas de pequeño: juego, recocho, monto en bicicleta. Me encanta ir a una finca que queda por La Mesa y allá divertirme con la familia, ¡es muy chévere!».

Pero de igual manera reconoce su gusto de preferir dialogar con jóvenes mayores que él: «Y ya hablando de amigos, de salir, de compañeros de colegio, […] es muy complicado mantener una conversación […] porque yo tengo diferentes gustos y creo que soy un poco maduro para mi edad. Y yo creo que es complicado mantener una conversación […] ellos hablan: “A mí me gusta jugar con esto, jugar con lo otro, ¿usted juega esto, usted se vio este programa?” En cambio yo me pregunto: oiga, ¿pero a la juventud de hoy en día no le importa cómo va nuestra ciudad?, ¿no le importa la política? ¿Qué nuevas cosas hacen? ¿Virus y enfermedades? Pero no […].

[…] más que todo mis compañeros son adolescentes de tipo quince, diecisiete años, como que interactuamos más, es una convivencia más agradable, que hablar con un niño que a cada rato quiera jugar y jugar».

LA CULTURA

Juan Esteban lo agradece. Gran parte de cómo piensa hoy se lo debe a la formación que le brindaron sus padres y al esmero que su madre le dedicó durante los primeros años. Haber aprendido en la casa lectoescritura y las cuatro operaciones matemáticas antes de ingresar al colegio fue una ventaja que lo llevó a grados más altos que los acostumbrados en los primeros años.

Que le hubieran inculcado el amor y la importancia de la lectura, hace que hoy en día tenga conocimientos que niños de su edad no poseen.

«A la gente le importa más únicamente lo que hacen hoy, pero la gente casi nunca piensa, ¿yo qué voy a hacer mañana? […] y hay muchas diferencias, como le digo, tanto espirituales como mentales. Porque yo tengo ideologías distintas a las de los demás, […] y yo creo que todo esto parte desde la cultura de la gente […] yo creo que lo que más marca diferencia es el nivel cultural […]».

Su interés por el conocimiento, lo reitero, se debe a que desde pequeño la lectura hizo parte fundamental de su formación. Empezaron con libros pequeños, y con el tiempo fueron llegando los más extensos, más profundos, todo orientado por sus padres. Así considera Juan Esteban que tiene que ser: « […] y yo creo que todo esto influye tanto a nivel de cultura por los padres. Que los padres tomen un tiempo de su vida y digan: “Bueno, ya que estoy aquí con mi niño, ¿por qué no hablamos de algo? Oiga, ¿usted qué lee, qué le interesa del coronavirus? […]”, creo que los papás deberían interactuar más con los niños, pero culturalmente».

MATONEO ESCOLAR

Juan Esteban es otro niño de Colombia que ha vivido la irracional experiencia del matoneo escolar. Esa agresión que para muchos parece de la era moderna pero que con diferentes dimensiones y consecuencias ha existido a lo largo del tiempo.

Es posible que por ser inquieto cultural y académicamente haya despertado algún sentimiento de envidia o celos entre sus compañeros. Las agresiones no solamente han sido verbales sino físicas, hasta el punto que le han ocasionado laceraciones en diferentes partes de su cuerpo. Como un guerrero victorioso después de un combate muestra una por una las cicatrices y marcas que le han dejado la intolerancia y la violencia de algunos compañeros de estudio.  Con más orgullo que rabia, va contando y dice: «una herida acá, acá, me hicieron muchas heridas (ríe)», porque alzaba la mano para aportar, para debatir, para participar.

Recuerda una ocasión en la que la profesora realizó una pequeña evaluación en la que preguntó que en dónde estaban «los sabores de la lengua». Juan Esteban cuenta que había leído en alguna ocasión que los sabores se encuentran repartidos por toda la lengua, pero que la saliva era el elemento esencial para «potencializar todo esto».

« […] y yo le digo a la profesora, profe, pero este examen está mal, ¿por qué me puso tachón si está comprobado científicamente que eso no es así? Y todo el salón empezó: “¡Ah, es que usted es mucho bruto! […]».

Por tener el valor de discutir el concepto de la profesora, además de ganarse la mofa de algunos compañeros de clase, le hicieron firmar lo que él llama, el observador, (entiendo que es algo así como una hoja en donde se hace un llamado de atención).  Experiencias como estas lo han llevado a pensar y decir con acierto que «un niño debe tener libertad de expresión. Yo creo en esto, esto y esto».

EL COLEGIO EN SILENCIO ACOMPAÑA EL MATONEO

De acuerdo a su vivencia, y sin mencionar nombres de los colegios en donde le ha sucedido, siente que algunos planteles han acompañado en silencio la agresión de sus compañeros.

Dice: «no hay un protocolo para nada. En todos los colegios es lo mismo, observador y ya. […] pero deberían usar el protocolo que está en el Manual de Convivencia; son muy negligentes».

Más adelante, hablando de la autoridad de los docentes, agrega: « […] si un profesor le pega un reglazo al niño, no significa que sea bruto (el niño), significa que el profesor debe estar haciendo algo que no debe hacer, ¡y ya! El bruto es el profesor».

¡QUE MAMERA IR TODOS LOS DÍAS A CLASE!

Empezamos con las preguntas que ya no son de cajón.

Le pregunto, qué opina de la intensidad horaria. Responde: « […] si fuera el sistema más entretenido entonces los niños dirían: “no, embarrada perder tantas horas de conocimiento”. En cambio ahí el niño dice: “ah, no, perdemos tiempo, un día sin clase, ¡qué chévere!”». Hablando puntualmente de la cantidad de horas de estudio que se pierden en el año, digo yo,  por actividades extracurriculares que no aportan al crecimiento académico ni personal.

Continúa: «Y van al otro día, y otra vez la misma rutina. Yo creo que es también por eso que a uno no le dan ganas de hacer nada. También yo como niño digo: ¡qué mamera tener que ir todos los días a clases, huy no!».  Concluye con una frase definitiva: «La metodología hace que a uno no le den ganas de hacer nada».

SOBRE EL GOBIERNO

No hablar con Juan Esteban sobre «temas de adultos» es desaprovechar una magnífica oportunidad para conocer lo que piensan algunos niños en nuestro país.

— ¿Qué se necesita para gobernar una ciudad?

— Hay dos factores que son muy importantes: el liderazgo y el interés.  Uno— dice—, tiene que ser un líder para gobernar una ciudad, como lo puede ser un concejal, un alcalde. Se necesita de un liderazgo, ¡pero gigante!, alguien que diga: «yo lo voy a hacer, —pero no es que no hay plata, no—, yo puedo pedir un empréstito y yo lo voy a hacer».

Piensa que los gobernantes no deben dejarse llevar únicamente por lo que el pueblo pida, así no le convenga. A propósito, trae a la conversación el tema de las tunas en Girardot:

—Como la otra vez en la Casa de la Cultura, había unas clases de tunas y que el alcalde dijo: « [...] no se matriculó nadie, ¡quitémoslo!». Y después no he oído que alguien hable de las tunas.

O sea, un alcalde debería decir: «No, yo lo voy a hacer porque el pueblo lo necesita, […] lo necesita para tenerlo y que progresemos como ciudad». Entonces crear más centros para jóvenes.

Agrega:

[…] y aparte de todo, no salir de lo legal.  Porque si yo digo que tengo miles de cosas que voy a hacer, también hay que enfocarse en lo legal […] y también, pensar en grande […].

El tema de la gobernanza en Girardot tenía que hacer parte de la entrevista:

— ¿Girardot está bien gobernada?

— […] uno no puede decir, fue perfecto, estuvo todo bien. Pero tampoco puede decir, todo estuvo mal. […] y yo creo que uno no puede juzgar a la gente, porque la gente también tienen miles de responsabilidades. Y ser alcalde no es fácil, la gente piensa: «no, simplemente llega, firma un coso y listo».

Yo sé que debe ser muy complicado, y ahorita que está Lozano yo sé que él tiene mucha carga porque él prometió muchas cosas que, se supone, van a sacar bien, recontra bien a Girardot en adelante […].

LO QUE CAMBIARÍA EN GIRARDOT

La niñez y la cultura son dos temas reiterativos en esta entrevista. La cultura, por ejemplo, ha sido el eje fundamental en la formación de Juan Esteban. Siempre lo encontramos junto a su madre Lorena Ayala en cada presentación artística, en reuniones de juventudes, en programas culturales, en algún debate en el Concejo Municipal.

— ¿Qué modificaría en Girardot?

— Primero, darle más participación a los niños […] no solamente quedarse a decir: «No, es que los niños pueden hacer muchas cosas». Pero en realidad no les dan mucho apoyo a los niños.

Pensar que los niños también podemos hacer cosas grandes.  Así como yo, hay miles de niños igual de talentosos y no han tenido el apoyo para decir, «ellos también pueden hacer el cambio por Girardot».

Segundo, la seguridad. Que los policías le den duro, y hagan un reporte y digan: «mire, este señor dejó el popó, tiró la basura, botó una llanta».

Tener un CAI en cada barrio. Ahorita tenemos pocos CAI; hace poco leí un informe, no me acuerdo de cuántos CAI hay en cada barrio, pero cada uno no tiene. Y Girardot, uno tiene que decirlo, es insegura.

El tercer punto, mejorar demasiado la cultura. […] creo que más del talento que Girardot ha explotado, podría explotar más.

Que la Alcaldía colabore a estas empresas de extras, de actores; que mejoremos una Casa de la Cultura, que uno no ande con la preocupación de que cada tres meses quitaron el curso,[…] perdí ahí mi proceso.

Porque hasta el momento en la administración pasada, yo me centro más que todo en las clases, en los procesos de formación cultural y artística, únicamente tuvimos clases de danzas, de técnica vocal y la banda marcial. ¿Y en dónde quedaron las clases de tunas, las clases de piano, las clases de guitarra, miles de clases que en la alcaldía no han querido incentivar?

Juan Esteban ha estado vinculado a la Casa de la Cultura de Girardot durante el 2018 y 2019.

— ¿Cómo califica los dos años en los que estuvo?

— Yo le pondría un tres. Porque la limpieza es terrible allá, (risas). Yo creo que la actividad cultural, la gente no aprende mucho. El profesor va a lo que va. Va a decir: « Bueno, tomen esta partitura, hagan lo que quieran», listo.

Mas no va a decirles una técnica, y que no sea tanto como aprender a tocar sino la historia. Yo me acuerdo que estuve en Bogotá en un curso y el director de la Filarmónica de Bogotá […] nos explicó que antiguamente castraban a los niños para que se quedaran con esa voz para siempre, con esa voz angelical.

Hablando nuevamente de Girardot dice:

— Y uno va y le dice, ¿oiga, explíqueme, la guitarra en dónde nació?   «Ah, no sé», solo van a lo que van.

Yo creo que la Casa de la Cultura tiene mucho más que dar, pero las administraciones solo se han enfocado en que tenemos una casa de la cultura propia, ya, con eso tenemos todo.

CENTÉNIALES

Mucho se habla de los nativos digitales. La mayoría de adultos los califican como irresponsables, zombis o alienados por la virtualidad. Juan Esteban, que se encuentra dentro de los centénial o llamada Generación Z, tiene una visión diferente:

—Influyen, primero, los padres que los forman, y segundo, los que dicen: «esta juventud de hoy en día está arruinada totalmente», ¡no!  […] y todo el mundo piensa que uno de centénial es solo nacer, pegarse al computador todo el día, al celular.

La gente adulta lo critica a uno: « ¿Es que usted no tiene nada qué hacer?». Pero uno pregunta: Si hubiera existido el celular en esa época, ¿usted no habría estado pegado al celular? Eso es lo que yo siempre me pregunto, pero entonces, ¿qué?

Pero esto no es de esta generación, ha sido siempre.

Uno ve el ejemplo de Guns N’ Roses, era una banda despreocupada, cantaban, les pagaban, iban de viaje en viaje, y hacían eso. En cambio, todos creen que en la nueva generación todo se volvió cibernético. ¡No!, hoy en día también, increíble que todavía los niños salgan a jugar.

[…] Y hoy en día no se han perdido esos juegos, uno va a cualquier lugar y ve niños jugando fútbol, juegan canicas, juegan con ollas, arman sus carritos.

Sé que la tecnología ha evolucionado mucho y que la gente anda más pegada a la tecnología que al juego, pero es porque de pequeño no había todos esos avances.

Y dijeron: «No, es que ustedes los centéniales no saben hacer nada; no van a ser empresarios; su vida va a ser despreocupada, dinero fácil».  Hay un niño de tan solo doce años que es millonario por crear un juego, y Google lo contrató. El ahorita es programador y se la pasa viajando, dando conferencias importantes, y ese niño es tetrallonario (sic), tiene demasiada plata. Y uno dice, si este niño lo puede hacer, ¿cómo van a decir que en esta generación no sabemos hacer nada?

HOLLYWOOD Y BRODWAY

Hoy, cuando el proyecto de vida hace parte esencial de la formación de los jóvenes, para este niño de doce años el tema está definido.

—Es convertirme en el mejor actor de todos, y artista. Yo quiero ir a la universidad y estudiar periodismo. […] después mi proyecto es irme a Estados Unidos y estudiar Artes Escénicas. Lo que muchos dicen, uno cuando está allá, si es buen actor, es un paso a Hollywood.  Y mi sueño es estar en Hollywood, en Brodway, estar algún día en un escenario de esos.  Y si Dios quiere, después me gustaría tener otra carrera que sería Psicología, me gusta mucho.

Dentro de cincuenta años me veo como el mejor actor de todos, […] y el mejor periodista. […] yo pienso que puedo dar mucho más y que mi vida va a ser artística. Va a ser movida y movida, muy movida.

Nos revela que también aspira ser concejal de Bogotá al menos una vez.

Cree en Dios, «pero no como la Biblia lo pinta. Creo en Dios más no en la Biblia. […] yo una tarde me lo tomé muy en serio y dije: hay muchas cosas de la Biblia que no me cuadran, y yo llegué a un punto de mi vida en donde yo dije, voy a ir a la iglesia, hay un Dios, pero no como todos dicen, que Él curó esto. Creo que hay un Dios que hace las cosas maravillas, milagros, mas no como la Biblia lo pinta. Y ya espiritualmente creo que también debe haber una Virgen. Yo creo que Dios es un ser celestial que nos trajo algo importante a nuestra vida».

Luego de la entrevista, semanas después, me lo encontré en el parque Bolívar participando en un concierto de jóvenes. Era el menor de todos. Y lo sigo viendo con su trípode, su «amá» y su maletín terciado rebosante de proyectos.

Cuando crezca continuará siendo un niño, con pensamientos de hombre mayor. Entonces, nada habrá cambiado.