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¡Mil disculpas, señor Castellanos!

¡Mil disculpas, señor Castellanos!

Debo reconocer públicamente que cuando expresé que crear el cargo de director general del Instituto Municipal de Turismo, Cultura y Fomento (IMTCF) de Girardot era una lectura equivocada de su problema administrativo, me equivoqué.

Y ni qué decir del error que cometí cuando señalé que el señor Alex Castellanos Lugo no tenía el bagaje, la experiencia, la sensibilidad ni el carácter para dirigir acertada y exitosamente el rumbo de la cultura y el turismo de Girardot. ¡También me equivoqué!

Haciendo un balance de lo que se ha logrado desde la creación del cargo y la llegada afortunada del máximo ejecutivo, hay que decir que la incapacidad ha sido mía por no tener la visión ni la profundidad para entender el nuevo estilo de promover cultura y turismo en la casi ciudad, que supongo es el mismo que aplican municipios cundinamarqueses, ejemplo de gestión y resultados, como Cajicá, Tabio, Tenjo o el mismo Anapoima.

Es realmente sorprendente lo que se puede lograr con ideas frescas y el compromiso férreo. Tanto así, que estoy por creer que el sueldo mensual que recibe por desempeñar tan sobresaliente y rimbombante cargo no es suficiente para devolverle lo que en tan poco tiempo ha logrado hacer por la cultura, el turismo y el fomento.

Lo primero que debo reconocer es que jamás imaginé que se pudieran fusionar dos conceptos, de cierto modo opuestos, como la cultura y el fomento (agricultura). Porque haber logrado que una huerta prospere en el techo del Teatro Cultural Luis Enrique Osorio, no es un hecho irrelevante, de ninguna manera. Es una virtud, resultado del estudio, la sapiencia, el esfuerzo e incontables horas de análisis científico.

Esto en sintonía con la tendencia moderna de escenarios derruidos, en donde ni los aires acondicionados ni los parlantes funcionan. Envidiable innovación en conceptos de acústica y bienestar.

Ante esta audacia, que impone un hito en el aspecto cultural de la casi ciudad, no se hace necesario mantener el Teatro en óptimas condiciones ni robustecer la cultura. Al fin y al cabo, a cambio de ella, pueden incursionar en el mercado de las huertas caseras, con un bejuco flameando a los cuatro vientos, exhibiéndose patéticamente sobre el techo de una construcción que antaño se construyó para levantar una ciudad culta y decente.

No menos valioso que este «huerto cultural», es la iniciativa de mantener torcido el emblema del Coliseo de Ferias José Alonso Escandón durante toda la programación de ExpoCundinamarca y el Reinado Nacional del Turismo (RNT).

Mis escasos conocimientos en heráldica y otras ciencias, incluida la de los emblemas, no me permiten entender si ese «torcido» tendrá otras connotaciones que por mi ignorancia y miopía intelectual no me permiten entender.

No puede decirse que escatimaron esfuerzos quienes deben responder por la buena apariencia del Coliseo de Ferias José Alonso Escandón, para lograr que miles de visitantes, entre turistas y ganaderos, contemplaran embelesados un nuevo concepto de imagen empresarial.

En el tema de ornato tampoco se queda atrás la dirección general del IMTCF. Preocupados por robustecer el concepto de identidad, de marca ciudad o cualquier cosa que se le parezca, durante varios días del mes de septiembre exhibieron en el parque Bolívar, como obra maestra, una a una las ocho letras que conforman la palabra «Girardot».

Sorprendieron a nativos y visitantes con cada una de las letras apretujadas, una contra otra, oxidadas, incompletas, ofensivas, irrespetuosas. Fue algo así como la Girardot incompleta y al revés. Posiblemente desde lo artístico intentando hacer una réplica de la realidad que vive no solamente el IMTCF, sino toda la Administración Municipal, que, por supuesto significa decir, que vive toda la casi ciudad.

Y como las excelentes obras de arte hay que exponerlas para deleitar al público, decidieron acomodarlas en una de las esquinas más importantes del centro de Girardot; aquella en donde confluyen el edificio de la Alcaldía Municipal y el parque Bolívar. Toda una novedad en la técnica del oxidado y vetustez.

No me perdonaría y serían unas excusas incompletas, si no reconozco la gestión del director general del IMTCF, que en tan poco tiempo dio excelentes resultados, al dotar a la ciudad sin las acacias de lo que durante años la ciudadanía venía reclamando, y ninguno antes tuvo la capacidad de lograr; un centro de eventos a la altura de las ciudades más turísticas e importantes del país.

En escasos ocho o nueve se estrenó la obra de mayor envergadura que se haya construido en los últimos años. El Centro de Eventos Bavaria (así lo llamaron), en donde se realizó el acto de elección y coronación de la reina nacional del turismo 2022.

Tratando de impactar con algo novedoso, la velada de elección y coronación se realizó en lo que otrora época fuera la cancha de fútbol de club social Bavaria, adecuándola con charcos, posiblemente para hacer de ella un centro de eventos temático de deporte extremo.

El olor nauseabundo que emanaba de algunos lugares supongo que hacía parte de toda la puesta en escena que se planeó meticulosamente para deslumbrar a los cientos de turistas que se agolparon alrededor de tan exuberante escenario.

Nuevamente perdón. Mil veces perdón por haber menospreciado su capacidad y la de sus colaboradores.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.