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«Votar» la basura de Girardot

«Votar» la basura de Girardot

He tenido una extraña fascinación al observar cómo, a medida que se va barriendo y arrumando la basura, van quedando los espacios más claros, más amplios, mucho más despejados. Es una sensación especial que no me es fácil describir.

Ayer en la mañana, mientras barría la hojarasca que dejó la ventisca acompañada de los interminables cortes de energía eléctrica y suspensión del servicio de agua, fiel reflejo del absoluto espíritu mercantilista de Enel-Codensa y Acuagyr, llegó a mí la imagen de la necesidad imperiosa de limpiar la basura de Girardot desde sus mismas entrañas.

De nada vale repetir antes, y después de cada elección para alcalde y concejales que son inútiles e inservibles; que solamente se hacen elegir para desangrar las arcas del erario, para ser benefactores de sus cómplices, para patrocinar actos corruptos, si en la siguiente contienda electoral el pueblo no aprende y continúa, incluso con la tendencia a empeorar, eligiendo pelafustanes incapaces, insignificantes, mitómanos, oportunistas; con una moral maloliente y verdusca por lo corrupta y putrefacta.

No está bien que se continúe señalando exclusivamente a quienes son elegidos en las urnas como los responsables de nuestra decadencia como ciudad.  Ellos se postulan para ser escogidos y es el pueblo el que decide a quién prefiere. 

Porque así como el gobernante (alcalde) y sus acompañantes (concejales) deben ser personas probas, profesionalmente sobresalientes, de ascendencia digna, sin mácula que deje en entredicho y sospecha sus actuaciones como funcionarios ni como personas, el elector también tiene la obligación civil de prepararse para escoger.

Basta con haber presenciado el desfile de aspirantes al concejo municipal de Girardot para preocuparse; no porque algunos de los que allí se postulan carezcan de las calidades para ejercer, las tienen; sino porque la cantidad de embuchados novatos y uno que otro pícaro sénior, alertan sobre la peligrosidad en caso de ser preferidos o reelegidos.

¿Cómo espera el ciudadano que su ciudad mejore sus condiciones administrativas si elige por cercanía de afecto o lejanía de transparencia? Acompañar la administración de un municipio exige, sin excepción, una preparación que no se hace con el cursito que les dicta la ESAP una vez son elegidos. Y tampoco basta con que sean profesionales de cartón, sin ninguna especialización o énfasis en administración pública, gobierno, deuda pública, trabajo social, salud, o afines.

Sin la menor sensibilidad e identidad social como para identificar las necesidades imperiosas de la comunidad, comprenderlas y proponer soluciones, no que alivien la problemática de un amigo, sino la de toda una colectividad.

Por lo mismo la hoja de vida de cada uno de ellos sí importa.  ¿Acaso no preguntamos a los expertos qué vehículo comprar, qué restaurante visitar, en qué barrio o conjunto residencial invertir? Pues resulta más importante conocer plenamente al candidato que elegiremos para que durante cuatro años construya ciudad, o por el contrario para que en cuarenta y ocho meses renueve su ajuar, compre carro, ascienda en su estrato de vivienda, «emprendan» negocios como los qué avezados comerciantes. ¿Todo, con el dinero de Girardot, en contra de Girardot?

Esta situación, que cada día empeora sin que los afectados se den cuenta, no parará únicamente con memes y ridiculizando a uno y otro; se cae en la trampa de que todo lo que se dice allí, que tiene mucho de verdad, sea más visceral que reflexivo.  Por eso la necesidad de acompañar esas publicaciones con la obligación de despertar del letargo en el que han sumergido la conciencia de la mayoría de los girardoteños, haciéndoles creer que cada ladrillo que se coloque, cada campaña de salud que se adelante, cada pedazo de calle que se remiende, cada silla de ruedas que se empuje, hay que agradecerlo; como si el dinero saliera del bolsillo de sus pantalones recién comprados y no perteneciera a la casi ciudad, precisamente para invertirlo en ella.

¡Basta ya de miedos! Son los girardoteños los que tienen que tomar las riendas de esta casi ciudad (que cada día es menos casi), antes de que la miseria continúe carcomiéndola, convirtiéndola en un caserío inviable en cualquier aspecto.

¿Acaso no ven las decenas de avisos vendiendo y arrendando propiedades? ¿Acaso no les asusta caminar en las noches por el centro de la ciudad de las llantas, administrado por jíbaros, drogadictos y alcohólicos? ¿No preocupa a los padres de familia de qué manera se maneja la educación de sus hijos desde los colegios públicos y privados? ¿No advierte tragedia la estampida lenta pero progresiva de instituciones de salud? ¿No amenaza contra nuestra sociedad la ausencia de políticas culturales que fortalezcan nuestros valores, identidad, idiosincrasia y orgullo de nuestra raza? ¿No atenta contra nuestros intereses una economía deficiente, basada principalmente en casinos, «todo a quinientos», «gota a gota», arepas rellenas y sancochos de gallina en mitad de la calle?

Almacenes prestantes han cerrado sus puertas o reducido sus locales; estaciones de servicio en venta; negocios recién inaugurados, en promoción y cerrando. Y los andenes atestados de parrillas, ollas, sillas, mesas, ejerciendo la profesión que se impone en Girardot: ¡el rebusque!

¡Basta ya de entregarle toda la responsabilidad a quienes han impulsado a Girardot al precipicio! No le asiste menor obligación a usted, que es quien elige.

Hay ochenta y dos días para que se prepare.  Recuerde que si continúa endosando el municipio de Girardot a aves rapaces de corto vuelo, hasta un hueco vacío quedará en lo que hoy es el río Magdalena.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.