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Reinado Nacional del Turismo: ¿pérdidas o ganancias para Girardot?
Una de las políticas del gobierno de Gustavo Petro promocionada desde su campaña, es fortalecer el turismo nacional e internacional en Colombia.
Al cierre del 2023 Procolombia habla de unos ingresos por más de USD 9000 millones por concepto de transporte aéreo de pasajeros y viajes, lo que representó un aumento del 22.4% en comparación con el año anterior. De la cantidad de visitantes no residentes en el país, Migración Colombia afirma que se presentó un incremento del 26.6% con respecto al 2022 con la llegada de más de 5 800 000 de visitantes no residentes; de estos, la importante cifra de 3 800 000 de llegadas corresponde a extranjeros.
El Barómetro de ONU Turismo indica que durante el 2023 Colombia presentó uno de los mejores comportamientos de destinos turísticos internacional con un porcentaje del 35%, con solo 6 países por encima; para el 2024 el porcentaje del 34% lo destaca «entre los de mejor desempeño en los primeros siete meses […]». Es el tercer mejor país del Caribe en este aspecto.
Por eso me identifico con la posición de esta Administración frente a cómo se debe concebir el Reinado Nacional del Turismo (RNT). La expectativa creada por el alcalde Salomón Said Arias con la creación de un observatorio económico alrededor del evento que permita conocer cifras de los ingresos brutos que percibe el comercio en cada uno de los segmentos durante el RNT, me parece que lo coloca en el punto en el que siempre he insistido: el Reinado Nacional del Turismo es un negocio y así debe ser visto y administrado.
La presencia de FONTUR y el viceministerio de Turismo en su organización (con alguna salvedad), la relación dinero invertido versus utilidades brutas recibidas, me agradan desde lo teórico y discursivo. Falta conocer la capacidad de la Administración para convertir el proyecto en una realidad.
El RNT no puede ser una excusa para el jolgorio sin responsabilidades financieras; sus organizadores tienen que preocuparse porque signifique importantes ingresos económicos para la casi ciudad, entendiendo que es uno de los propósitos principales del turismo, «[…] convertirse en un catalizador de la prosperidad a escala universal», aumentar el bienestar de las personas, y estimular los progresos económicos, entre otros.
Por lo mismo, en una clara demostración de coherencia, la misma ONU Turismo acogió la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, en donde puntos como Fin de la Pobreza, Hambre Cero, Trabajo Decente y Crecimiento Económico, Reducción de las Desigualdades, son aspectos, entre trece más, que conciernen a la importancia que representa el turismo dentro de las dinámicas socioeconómicas de las regiones y sus comunidades.
Porque, hablando de la casi ciudad, el visitante viene por jolgorio, fiesta, alegría, desorden; en cambio, el Gobierno debe estar enfocado en que los miles de pesos invertidos en la fiesta se reflejen en el crecimiento económico de personas y territorio, por supuesto, con un transparente manejo de estos.
Y es que el turismo de la casi ciudad, con el RNT incluido, ha sido maltratado al limitarlo al alcohol, la prostitución, la espuma, el desorden, la anarquía, que todos juntos en lugar de estar en concordancia con los estándares internacionales, lo que mal construyen es un turismo insostenible con el que no se impacta suficientemente el bienestar de las personas, no se protege el entorno natural y no estimula progresos económicos, «objetivos clave que constituyen la esencia fundamental de ONU Turismo».
Petrificados sobre sus posibilidades, estas se han destruido por acción o por omisión de los girardoteños y sus gobiernos, les explico: un estudio de mercados sobre el turismo en Colombia elaborado por este Gobierno señala que las nuevas tendencias de los turistas apuntan en primer lugar a sol y playa, tenemos lo primero; en segundo lugar, está el ecoturismo, cuarta posición el turismo histórico y patrimonio; quinto, piscinas y balnearios, y en décima preferencia el avistamiento de aves.
Es decir, en Girardot se podría impulsar el turismo fluvial con observación de aves, además de senderos ecoturísticos que abarca en territorio Panche. Tuvimos, (¿o tenemos?), la posibilidad del turismo histórico y de patrimonio, pero como lo hemos denunciado, el patrimonio arquitectónico y con ella la historia, ha sido humillado y desaparecido hasta más no poder; en otras ciudades son importantes fuentes de ingresos. A diferencia de Melgar, Girardot turística no tiene suficientes piscinas ni balnearios.
Tengo que decir que no es la primera vez que expongo esta posición. La he señalado en la columna titulada Franca Realidad, publicada en la Realidad Girardoteña en la primera quincena de marzo del 2017; No solo del sol puede vivir el hombre, el 5 de mayo de 2020; Las bodas de hueso del Reinado Nacional del Turismo, del 20 de octubre de 2021; La Reina y las bestias, el 4 de octubre de 2022; y la anterior a esta, Girardot, un turismo que no le alcanza para el prestigio, 21 de diciembre de 2023, por mencionar las más importantes.
Hay que advertir que nada de esto es realizable si no se embellece la casi ciudad. Es innegable que muchos atractivos y sitios turísticos reclaman una adecuada restauración, atención y cuidado, para que la belleza, la estética y el esmero sean insumos, si no suficientes sí necesarios, para tener un turista que por su experiencia venda positivamente a Girardot como destino turístico.
*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.
La presencia de FONTUR y el viceministerio de Turismo en su organización (con alguna salvedad), la relación dinero invertido versus utilidades brutas recibidas, me agradan desde lo teórico y discursivo. Falta conocer la capacidad de la Administración para convertir el proyecto en una realidad.