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La Viuda del Magdalena se ha quedado sin Martha Inés

La Viuda del Magdalena se ha quedado sin Martha Inés

Hay ausencias que duelen más que otras y partidas que nos lastiman inexplicablemente. Así ha ocurrido con la muerte de doña Martha Inés Naranjo Castiblanco; el día que su hija Xiomara me compartió la noticia, reconozco que algo se apretó en mi garganta.

No fuimos amigos de toda la vida, ni siquiera de media vida. La conocí debido a un conversatorio que, junto con mi amigo Julio Martínez Jara, presentamos en octubre del 2022 en el Banco de la República sobre La viuda del Magdalena, el que se inventaron por Acuerdo Municipal como plato tradicional y patrimonio cultural de la casi ciudad.

La curiosidad años atrás me había llevado a indagar sobre la identidad y cómo localizar a la portadora del conocimiento, doña Martha Inés; la que hábilmente fue utilizada en la administración Lozano para cristalizar un cuento chino que casi nadie conoce y en el que nadie cree, avalado por el Concejo Municipal en el 2018: declarar patrimonio tradicional y cultural de Girardot La viuda del Magdalena.

Pero en realidad, nunca la ubiqué para conocer sobre el plato gastronómico. Pero cuando los días se acercaban al 20 de octubre, fecha del conversatorio, me propuse encontrarla a como diera lugar.

Pues cualquier día estaba allí, junto a una mujer que había perdido hacía poco sus dos piernas debido a la diabetes. Fue impactante porque en los videos que aparecía preparando el plato, su condición era diferente. En sus ojos se asomaban todos los dolores del alma, aquellos que se llevan por dentro con resignación y desvelo. A pesar de ello y de precariedades que no voy a mencionar me recibió con más amabilidad con la que se puede atender a un desconocido que llega a importunar. Me encontraba en su refugio, en donde sobrellevaba pesares que solo ella padecía.

Después de explicarle mi interés por tenerla como invitada especial y portadora ,-.del conocimiento en aquel conversatorio, Identidad Gastronómica de Girardot. La Viuda del Magdalena, el plato tradicional, tengo que ser honesto, al principio desconfié de que asistiera el día y la hora exacta, por razones que ya se deben entender; sus condiciones físicas y emocionales, pensé, no eran las más favorables para presentarse en público.

 

Pues, tengo que decirlo antes de finalizar esta primera parte, sí, llegó puntual, acompañada de su hija Xiomara; con su cabello cenizoso un poco alborotado, una blusa blanca acompañada de unas gafas que colgaba como un collar de vidrio, y una pashmina marrón que colocó sobre su canto para estar cómoda en su silla de ruedas.  Probablemente temerosa por tener que hablarle a un público desconocido sobre los secretos culinarios heredados de sus antepasados para preparar el plato La viuda del Magdalena.

Desde esa noche quedó un pequeño lazo de amistad que me llevaba a llamarla de vez en cuando, o a visitarla en su casa. Aunque evitaba lo segundo para no invadir su privacidad en el aposento en donde veía pasar el resto de su vida y como seguramente nunca imaginó.

El pasado 16 de abril su hija me comunicó que el 21 de marzo falleció doña Martha Inés, la misma mujer que se arriesgó a enfrentar un conversatorio en el auditorio más importante de Girardot, sin tener la claridad a qué se enfrentaba; la misma persona que recibió en su casa a un desconocido brindándole hospitalidad con lo que tenía.

La girardoteña que permaneció en su tierra durante 68 años; la misma que fue elegida reina del barrio Puerto Montero para un Reinado Señorita Girardot. La que trabajó en las antiguas instalaciones del Expreso Bolivariano cuando este quedaba en el sector del Camellón del Comercio entre carreras 9 y 10. La que ayudó a mantener el orden y el aseo en el colegio Liceo Los Andes, ubicado a menos de diez cuadras de su casa.

Madre de dos hijos, Luis David y Xiomara; y parte de una familia numerosa en la que compartió junto con ocho hermanos más. Es posible que en la época de soltera parte de ese tiempo lo viviera junto a ellos en la casa de la orilla del río Magdalena. El mismo viajero que se ve pasar perpetuo a lo lejos desde el mirador en el que se celebró la misa de su primer mes de fallecimiento. Cercano, muy cercano a la casa que su padre Guillermo compró para la familia en Puerto Montero.

Como miles de mujeres en Colombia tuvo que hacer de mamá y de papá. Y esto, tal vez, porque no pudo casarse con el amor de su vida, un hombre al que su familia no le permitía una relación con Martha Inés.

Hogareña, «muy poco le gustaba el compinche». Eso sí, le encantaba jugar tejo, aunque no consumía cerveza y era muy poco bailadora. Y en música, Paquita la del Barrio era de sus preferidas.

Murió doña Martha Inés Naranjo Castiblanco, portadora del conocimiento. La que desde su anonimato y vida discreta se dedicó a la subsistencia de su familia. Ella hace parte de esa historia buena de Girardot que, aunque injusta con personas como Martha Inés, existe, y en los sitios que merece ser mencionada tendrá el justo reconocimiento a una vida que acorde a sus posibilidades le aportó a la sociedad.

Siempre diré que fue un orgullo para mí que me permitiera acercarme a su vida.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.