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Girardot, camino a ser un municipio inviable

Girardot, camino a ser un municipio inviable

Decir que Girardot va camino a ser un municipio inviable no es descabellado. Puede ser simplemente cuestión de tiempo.

Gobierno, gobernanza, gobernabilidad, diferentes en significado pero en nuestro municipio coinciden en algo: en ninguna de ellas se ha cumplido con los atributos suficientes para conducir a esta casi ciudad hacia el camino del desarrollo, a donde otras ciudades llegaron hace tiempo y hoy cosechan frutos.

Cada vez que un ente nacional o departamental publica una clasificación de lo que sea, por insignificante que parezca, Girardot ocupa los últimos lugares en lo que deberían ser buenas noticias, o los primeros lugares en las peores noticias. (Ya ni el hecho de que tantas bandas delincuenciales supuestamente se desmantelen en la casi ciudad significa una buena noticia, puede traducirse también como el exacto reflejo de lo que produce nuestra sociedad casera).

Hace menos de una semana el Departamento Nacional de Planeación (DNP) dio a conocer el Índice de Ciudades Modernas (ICM) 2019 del país, y adivinen qué: ¡somos los últimos clasificados en nuestro grupo!

Una ciudad moderna según el DNP es «aquella que brinda calidad de vida a sus habitantes, desde una perspectiva multidimensional mediante la implementación de políticas fundamentales en información y conocimiento sobre su territorio».

Todo se resume en 6 dimensiones: Gobernanza, participación e instituciones; Productividad, competitividad, y complementariedad; Seguridad; Sostenibilidad; Ciencia, Tecnología e Innovación, y por último, Equidad e Inclusión Social. A través de estos se miden avances y se establecen retos.

Girardot pertenece a lo que han llamado Centros de Aglomeración, que consta precisamente de 18 de ellos.

En el grupo se encuentran en su orden de clasificación: Bogotá, Manizales, Bucaramanga, Medellín, Tunja, Cali, Barranquilla, Pereira, Armenia, Rionegro, Cartagena, Pasto, Sogamoso, Duitama, Tuluá, Cúcuta, Villavicencio y Girardot. Este grupo con un promedio general de 53 puntos, superior al promedio nacional que es de 41 puntos.

Girardot, con un descenso de 6 puntos, se clasifica último, como ya lo dije, con un puntaje de 41 puntos sobre 100 que es la máxima calificación. Ubicado a 24 puntos de la primera aglomeración que es Bogotá con 65 puntos.

Dentro de las 6 dimensiones, el estudio determina que Girardot tiene sus principales desafíos en COMPETITIVIDAD, CUIDADO AMBIENTAL Y CIENCIA. De 6 dimensiones la casi ciudad tiene el reto en tres de ellas.

Nada de esto tendría la misma trascendencia si no existieran antecedentes como en el caso del cuidado ambiental. En la edición escrita de Plus Publicación número 1, de noviembre de 2015, el titular de portada fue: Girardot con baja calidad ambiental. Allí analizábamos los resultados de la casi ciudad en cuanto al Índice de Calidad Ambiental Urbana (ICAU) con corte a Diciembre del 2013.

Girardot, por supuesto manteniendo la constante se clasificó entre los municipios de BAJA CALIDAD AMBIENTAL URBANA, con una deficiente calificación de 22.4 puntos, conformando el 18% de municipios de Colombia dentro de este segmento. Fue la tercera calificación más baja por debajo únicamente de Barrancabermeja y Fusagasugá.

Los indicadores directos que se tienen en cuenta para este Índice son: Superficie de área verde por habitante; Calidad de aire; Calidad de agua superficial; Porcentaje de áreas protegidas urbanas incluidas en el Plan de Ordenamiento Territorial POT con Plan de Manejo Ambiental en ejecución; Porcentaje de residuos sólidos aprovechados; Porcentaje de población urbana expuesta a ruido por encima de los niveles permisibles; Población urbana que participa en gestión ambiental; Población urbana vinculada a estrategias de educación ambiental y Población urbana localizada en zonas de amenaza alta.

Consulté entonces el ICAU de noviembre de 2016 y me encontré con un cuento similar. Tres años después Girardot continúa en el mismo nivel. De los 22.4 en diciembre de 2013, pasó a 23.5 de puntaje en el 2016. ¡Vaya crecimiento!

El informe dice que Girardot no reportó el porcentaje de residuos sólidos aprovechados ni el consumo de energía residencial por habitante; tampoco los indicadores de calidad del aire por no contar con Sistema de Vigilancia de la Calidad del Aire (SVCA).  La mayoría de sus indicadores directos (anotados anteriormente) tuvieron calificaciones bajas (0.3), o muy bajas (0).

De nueve (9) indicadores directos solamente en uno (1) obtuvo buena calificación: población urbana ubicada en zonas de amenaza alta.

Pero a estos datos nadie les presta atención: ni los concejales, ni los medios de comunicación, ni los secretarios de despacho, ni el personero municipal, ni los veedores, ni la academia, ni los ambientalistas, ¡nadie!

Mientras llegan en la época de subienda, las ya reconocidas eminencias a saquear en nombre propio o por medio de terceros lo que dejó el anterior predador, el pueblo continúa entreteniéndose en discusiones fútiles y permitiendo que sean ellos, los que nos asaltan a la luz del día, quienes acomoden los temas de discusión en la agenda del pueblo para que lo importante no se conozca. ¿O acaso alguien ha chistado algo sobre el Índice de Ciudades Modernas que dio a conocer el DNP el pasado 1 de septiembre? No, porque impera el chisme por encima del juicio y la investigación.

¿En dónde se encuentran los concejales, los viejos y los nuevos, los repitentes y los vitalicios, colocando como prioridad estas situaciones que afectan directamente la calidad de vida de los girardoteños?

Todo lo que se  relaciona anteriormente: competitividad, cuidado ambiental, ciencia, calidad de agua, calidad de aire, contaminación auditiva, ¡todo tiene que ver con la calidad de vida de los que viven en esta casi ciudad, que de continuar así, ni será casi y nunca llegará a ser ciudad.

¿En dónde queda la academia? ¿No hay acaso una universidad que ofrece como programa de pregrado Ingeniería ambiental?, ¿con especialización en Educación ambiental y desarrollo de la comunidad?

Porque es que la academia tampoco se ha comprometido ni responsabilizado con la tarea de ayudar a construir una ciudad decente a partir, no solamente de los estudiantes que gradúan, sino de lo que como alma mater y como centro de pensamiento, que no existe, debería cobrar la importancia y  la prestancia académica y profesional que exigen sus letras de molde, y no ser simples convidados de piedra entregando cartones,  mirando de soslayo e ignorando el retroceso sostenido que presenta el municipio, esa involución disfrazada con viejas historias de barcos y una sociedd vestida de blanco que ignoraba el futuro irrelevante que tendría una de las ciudades más prósperas de Colombia.  Hecho que también los afecta si de revisar el poder adquisitivo para educarse se tiene en cuenta.

A medida que avanzamos en el tiempo, retrocedemos en lo esencial y lo fundamental, y a casi nadie le importa. En este caso es la calidad de vida la que se pisotea y desecha. Porque, claro, es que  los hijos de los que nos han mal gobernado viven en conjuntos cerrados (los que aún viven aquí), ingieren agua no contaminada, no utilizan el servicio de transporte público, estudian en los mejores colegios y universidades en ciudades de verdad, pasan sus vacaciones en el exterior.

Y ellos, los exgobernantes, luego de desocupar y mal gastar las arcas escogen para invertir y disfrutar del dinero que le arrebataron al caserío, una metrópoli lejana y futurista. 

Puede sonar fantasioso, pero Girardot va camino a ser un municipio inviable.

Imagen: Índice de Ciudades Modernas 2019.

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.