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Adiós al todopoderoso

Adiós al todopoderoso

Lo ideal sería no continuar hablando del omnipotente alcalde que eligió Girardot hace cuatro años. Porque a diferencia de él, deidad sin mácula, convencido de que ha hecho un gobierno perfecto, son miles los girardoteños que como sus electores o no, consideran lo contrario.

Pero no hablar de él, ya para despedirlo como el peor alcalde de elección popular que haya tenido la casi ciudad, es permitir que las ambigüedades, imprecisiones y diatribas utilizadas en su amañada rendición de cuentas queden sin divergencias, como le gusta. Por eso nunca convocó a ruedas de prensa para explicar los escándalos de su administración, ni aceptó invitaciones de periodistas rigurosos porque le atemorizaba quedar en evidencia. Ama a quienes lo amplificaron sin controvertirlo manteniéndolos aceitados cuatro interminables años.

Salta a la vista en su intervención su superioridad como ser humano, más allá de la perfección; es decir, nada de lo negativo ocurrido durante su mandato en la casi ciudad es su responsabilidad.

La tragedia, como llama él a la llegada de la COVID-19, ha sido su caballito de batalla durante su desgobierno para justificarlo. Extraña no encontrarlo ni entre los nominados a mejor alcalde en la categoría, Municipios con Población Mayor a 100 001 Habitantes, organizado por Colombia Líder, en la quinta versión del Premio Mejores Gobernantes 2020 y 2023; ¿será que Zipaquirá como ganador, Funza (Cundinamarca) y Rionegro (Antioquia) como finalistas, no habrán sufrido el mismo lastre?

Él es víctima del destino; la ausencia de gobierno y autoridad fue culpa de la COVID-19; que haya dejado a la casi ciudad sin arreglos navideños, es culpa de por quien irónicamente llegó al trono, Diego Escobar; la inseguridad que vive Girardot, principalmente se debe «a que ustedes no colaboraron», refiriéndose a los ciudadanos que, según el espléndido Lozano, no denunciaron hechos delincuenciales. El estancamiento del Sacúdete es culpa del invierno.

Casi lo olvido, «por la mentalidad de muchos de ustedes Girardot no progresa». Resulta que al alcalde se le pagan más de $10 millones para que diagnostique a sus gobernados, y no para que en su administración el municipio progrese. ¡Vaya revelación!

En su inconmensurable supremacía, nacida de nada, su maldición fue estar rodeado de seres «tóxicos», que tienen «estancada su mente, su capacidad intelectual, su capacidad de pensar», al punto de malograr esa abundancia de ideas sobresalientes, propias de una mente envidiablemente brillante como la que cree tener.

Hasta el último discurso su brillantez fue sorprendente; pero no le alcanzó para entender que las cifras se demuestran, más en una rendición de cuentas. Como cuando afirma que «la economía es más sólida de lo que la encontramos». ¿Qué cifras, análisis de mercado, organismo oficial avala esa aseveración?

Igual que cuando habla del Reinado Nacional del Turismo (RNT) al afirmar que mejoraron «las estadísticas de ingreso de visitantes» en el 2021. ¿De qué fuente confiable provienen estas cifras, o las produce su galopante imaginación ficticia?

Le da la razón a los que creemos que no sabe de turismo ni de cultura, cuando da a entender que el propósito del RNT, que en esencia es un intercambio intercultural de las regiones del país, se reduce a la presentación de cuatro conciertos, en cuatro noches «con lleno total». No, magnánimo dios, entonces no sería necesario malgastar $4300 millones de pesos, porque significaría que cada concierto le costó a la casi ciudad aproximadamente $1075 millones, y eso, es una exageración.

De los $10 000 millones destinados para lo que llama «la obra más más importante que va a tener Girardot», o «el primer parque arquitectónico que va a tener Colombia», en su erudición infinita, nunca comparada con la escasa «capacidad intelectual» de miles de girardoteños, no alcanza a entender la importancia de la cultura, y cómo esta debe impactar positivamente en la niñez y juventud de la casi ciudad, en un escenario en el que urgentemente deben ser arrancados de las manos de la delincuencia.

Dice que no se ha llevado ningún dinero del erario, tal vez sea cierto. Pero no basta decir que las obras están a la vista y el dinero en los bancos. Como buen contador público que ha dicho ser, sabe que solo los números explícitos demuestran si el dinero está o no completo. ¿Acaso no es así como se hacen las cuentas claras?

Puedo continuar, pero es suficiente para demostrar que el casi exalcalde camina y habla como el Mesías que tanto aborrece y del que denigra en su diatriba de rendición de cuentas.

Tiene razón cuando dice que las vías no se destruyeron en su gobierno, de acuerdo; colapsaron, que es diferente. También dice la verdad cuando afirma la importancia de su participación en la terminación exitosa de un tramo de los Caños del Norte, hoy Avenida de las Exacacias. Y posiblemente otras verdades dichas en su alocución, pero que, por lo tediosa, afrentosa y poco técnica, no escuché completa.

Es posible que muchos girardoteños lamenten desde el primero de enero no haber ponderado tan excelsa intelectualidad y decencia, pero creo que son más los que celebrarán su partida recordándolo como un momento aciago que casi deja la casi ciudad en menos que nada.

Me llama la atención que la virosis que ataca a los girardoteños en los últimos días del 2023 coincida con la partida del Mesías, así como a los tres meses de posesionarse llegó la «tragedia» de la COVID-19. ¿Será que como llega, se va la desgracia?

*Las opiniones plasmadas por los columnistas en ningún momento reflejan o comprometen la línea editorial ni el pensamiento de Plus Publicación.